Categoría: Opinión

  • Urgencia – Por María Corina Machado

    Urgencia – Por María Corina Machado

    “La gente llora en las farmacias de Cumaná”, dice un joven visitador médico, a punto de llorar él también; minutos más tarde frente a la farmacia en la Plaza Miranda una mujer no puede contenerse. Me abraza desesperada porque lleva toda la mañana peregrinando por una medicina para su hija.

    Es urgente, no aguantamos más. No hay excusa; ni para este desastre, ni para tolerarlo más. Han importado medicinas vencidas, triangulándolas vía Cuba. Las queman. No dejan huella del jugoso negocio. Lo han hecho con alimentos, semillas. Es indignante.

    Pretenden usar el anuncio de elecciones parlamentarias de 2015 como válvula de escape para mitigar la tensión y la urgencia creciente de los ciudadanos que sabemos que sólo con la salida de Maduro y su régimen, iniciaremos la reconstrucción del país y daremos solución a los problemas que nos asfixian. Por eso afirman que las elecciones son la única forma de lucha e insinúan un adelanto del proceso electoral. Pospusieron más de 4 años las elecciones de concejales, eliminaron las de las juntas parroquiales, y no tendrían reparo en manipular el cronograma y las condiciones de las parlamentarias para mantenerse en el poder. Si se lo permitimos.

    Para derrotar una dictadura hay que enfrentarla todos los días, en todos los planos democráticos. El régimen controla todos los poderes públicos, incluyendo al CNE. Es un error creer que la derrota electoral del régimen llevará a su derrota política; será al revés! La próxima lucha electoral debe estar precedida por la lucha política y social. Debemos organizar las fuerzas ciudadanas, estimular la protesta,contagiar la esperanza; obligar al régimen a respetarnos, incluso en la designación de los rectores del CNE, los cuales deben cumplir, todos, con la Constitución.

    El drama que vivimos tiene solución. Venezuela tiene una capacidad de recomposición enorme; tenemos una gran energía creadora acumulada y profundas lecciones de estos años de lucha. Las barreras ficticias entre hermanos serán demolidas y los venezolanos que se han ido regresarán para ayudar a reconstruir nuestro país.

    Urgencia es el sentimiento que crece. El clamor de una sociedad que entiende lo que está en juego en esta hora. La respuesta no puede ser esperar.

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    @mariacorinaYA

  • Congreso Ciudadano en Barcelona – Por Karen Rojas Monasterio

    Congreso Ciudadano en Barcelona – Por Karen Rojas Monasterio

    Se realizaron las asambleas, las voces de los barceloneses se manifestaron, el ciudadano seleccionó democráticamente a sus delegados y ya todo está en marcha rumbo al Congreso Ciudadano, que será el punto de partida para la reconstrucción nacional.

    Con entusiasmo hemos transitado un largo camino social y organizativo que nos está permitiendo la edificación de una estructura ciudadana que abrirá la senda hacia la salida a la actual crisis política y social que atraviesa nuestra amada Venezuela.

    Mientras algunos se quedan estáticos aceptando un status quo que estabiliza a un régimen violador de los Derechos Humanos existe un pueblo decido a cambiar, a enrumbar a la nación hacia el norte de la libertad y de la democracia.

    En cada una de las asambleas que se realizaron en Barcelona escuchamos con detenimiento la voz ciudadana, esa que vociferaba por respuestas a los graves problemas se inseguridad, escasez, desabastecimiento, inflación y servicios públicos.

    A lo largo de estas semanas nos percatamos que nuestra capital anzoatiguense tiene mucho más potencial del que podemos imaginar, no obstante la ciudad ha sido golpeada por la anarquía desatada por un desgobierno militante.

    Los barceloneses merecen mucho más de lo que hasta este momento le han dado, y la lucha por más y mejores reivindicaciones sociales y populares se logrará en la medida de la participación de un mayor número de ciudadanos activos en la consolidación de una alternativa democrática que conduzca la república con tino y diligencia hacia la liberación ciudadana.

    Aquí, el próximo 8 de noviembre, realizaremos un pleno oriental, donde estarán presentes delegados de Monagas, Nueva Esparta, Bolívar, Sucre y de todo nuestro estado, será una ocasión para cotejar la realidad de toda nuestra región con lo que acontece a nivel nacional.

    En esta cita estarán presente nuestra líder en Vente Venezuela, María Corina Machado, y figuras de la talla política del Alcalde Mayor de Caracas, Antonio Ledezma, y del mandatario de El Hatillo, David Smolansky, y mucho más invitados nacionales que serán testigos del poder del pueblo oriental y su deseo irrefrenable de andar hacia la democratización total de nuestra república.

    Barcelona será la anfitriona de tan elevado evento.

    ¿Y por qué? porque somos el municipio con mayor número de delegados, es decir, el más comprometido y organizado por el cambio.

    Hemos sufrido a lo largo de estos últimos años las vejaciones de aquellos que usufructuaron el poder, de aquellos que se enriquecieron a merced del hambre de millones de ciudadanos, no obstante hoy cada uno de los venezolanos tenemos la oportunidad de rescatar a nuestro país de las manos de la desidia hecha gobierno.

    Es la hora de dar el paso, sin vacilaciones de ningún tipo. Es el momento de construir ladrillo a ladrillo ese sueño de nación que poseemos y que se resumen en libertad con dignidad para cada uno de los venezolanos.

    ¡La reconstrucción nacional está en tus manos!

    Twitter: @KarensRojasm

  • Cae el petróleo y crece la lucha – Por María Corina Machado

    Cae el petróleo y crece la lucha – Por María Corina Machado

    La caída de los precios del petróleo preocupa a muchos, y con razón! De Moscú a Teherán y de La Habana a Miraflores, las implicaciones geopolíticas son profundas.

    Para los venezolanos esta situación tiene consecuencias inmediatas: menos divisas para importar bienes esenciales que el régimen impide producir; más escasez e inflación.

    Para el régimen, y las mafias que han proliferado a su amparo, esta caída  del precio del petróleo representa 12 mil millones $ menos en un año, para malgastar y robar; dificulta su financiamiento externo y acelera la debacle económica. Aumentarán la tensión social y la consabida respuesta: censura, persecución y represión.

    Pero hay dos efectos positivos. El primero es la abrumadora demanda y presión por un urgente cambio de régimen. La inmensa mayoría de los venezolanos sabemos que cada día que pasa la destrucción se acelera; y que debemos detenerla cuanto antes. Maduro y su régimen tienen que irse.

    El segundo, es la decisión impostergable de emprender un nuevo modelo de sociedad y de desarrollo, superando definitivamente la dependencia  del petróleo, el estatismo, el centralismo, el populismo y, por fin!, el militarismo. Edificar una Venezuela responsable, libre, solidaria y próspera.

    La realidad es esperanzadora. Durante 15 años este régimen ha intentado imponer, por la fuerza, un modelo colectivista: ha denigrado de la iniciativa individual, la propiedad privada, el valor del trabajo productivo, el mérito, la productividad, etc. Ha promovido la confrontación entre ciudadanos, acusando y hostigando a productores, comerciantes y emprendedores de todo nivel.

    Sin embargo, la pretensión de extinguir el espíritu de superación y emprendedor del venezolano ha fracasado! Un estudio reciente del Pew Research Institute sobre valores y expectativas de la población en 44 países del mundo, revela que, 67% de los venezolanos apoya el sistema de libre mercado, y 62% considera que el éxito en la vida no depende de fuerzas que estén fuera de su control.

    Nuestra lucha no se conforma con derrotar esta dictadura militarista y mafiosa, y sacar a los delincuentes del poder. Nos proponemos lograr la nueva Venezuela, instaurando plena y eficazmente la República Liberal Democrática

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  • To leave, or not to leave. Is that the question? – Por Catalina Ramos

    To leave, or not to leave. Is that the question? – Por Catalina Ramos

    Episodio 1

    Leo, con un nudo en la garganta, el relato de un terrible asesinato en el Zulia, a un joven estudiante y trabajador de 21 años que regresaba del trabajo, con su madre, y le arrebataron de un tiro la vida, en la puerta de su casa, por no entregar el morral con suficiente velocidad (http://bit.ly/1Fj8BSY)

    El nudo en la garganta no fue solamente por lo trágico y doloroso del suceso, sino porque me trajo de inmediato a la memoria un episodio personal vivido muy recientemente, en el que también hubo un arma, también un atraco, aunque afortunadamente para nosotros, no hubo tiro alguno. Se me estremece el cuerpo de pensar en el poder del azar, en la vulnerabilidad, en lo expuestos que estamos todos con solo salir a la calle en este país gobernado por malandros y antisociales insaciables de poder y fortunas rápidas.

    Episodio 2

    Me visita una amiga de la infancia uno de estos días en que tuve que quedarme en casa realizando diligencias domésticas. Me pregunta “¿sigues en el mismo trabajo?”, le respondo que sí. Me mira con angustia y me pregunta “¿crees que saldremos de ésto?”. Suspiro antes de responder. La incertidumbre, la angustia de los sucesos más recientes, todo me viene de un golpe a la mente, pero lo retengo allí, y le respondo que sí, que saldremos de ésto más temprano que tarde.

    Mi respuesta no le satisface, me increpa “¿cómo?” y antes de que pueda responderle me dice categórica: “mientras haya gente que sigue aprovechándose de esta crisis, no hay nada que hacer”. Y me llena de historias de corrupción y de abusos oficiales y no tan oficiales, que son el pan nuestro cotidiano en este pueblito en el que vivimos desde niñas. No salgo de mi asombro.

    Episodio 3

    En las últimas semanas han sido demasiadas las noticias y las historias de más venezolanos que tomaron la decisión de irse. Tengo que confesarles que también lo he pensado, como dijo mi querido Weil, “¿qué venezolano no lo ha pensado?”.

    Vengo de una familia de emigrantes. Vinieron a Venezuela huyendo de un país destruido por una cruenta guerra civil, de la libreta de racionamiento, de la falta de oportunidades. Mis padres se conocieron aquí, en Venezuela, y aquí se casaron.

    Y tienen más años aquí, muchos más, que los que vivieron en el país en el que nacieron. Me enseñaron a querer aquel país, mientras se arraigaban en éste, donde forjaron sus vidas, y las nuestras. Me estremezco por igual con el alma llanera nuestra, como con una malagueña canaria. Sé lo que es vivir esa dualidad de amores en lo profundo del alma, ese arraigo que trasciende el Atlántico.

    Siempre que podíamos, íbamos de vacaciones, y cuando ya nosotros éramos adolescentes, mis tíos muchas veces nos dijeron que regresáramos, pero mis padres nunca han querido dejar este país.

    En estos días, hay momentos en los que pienso si no estaré siendo ciega, o egoísta, al permanecer aquí, con mis tres hijos adolescentes, en lugar de hacer como mis padres, y buscarles una vida diferente en otras fronteras. Sí, lo he pensado.

    Epilogo

    En medio de toda esta vorágine de sentimientos, me encuentro con mis hijos, ilusionados con las carreras que están estudiando. Los escucho hablar de emprendimiento, de valores, de planes a futuro.

    Me encuentro con los jóvenes con quienes comparto este espacio de construcción de un futuro mejor, hablando de libertad, defendiendo el derecho a defenderla.Escucho a los periodistas perseguidos, a los productores agrícolas cuyas tierras les fueron arrebatadas, a las señoras que se niegan a hacer las colas, a los abogados que siguen luchando porque haya justicia, y vuelvo a la vida.

    No sé por cuánto tiempo. Pero me doy cuenta de que aún hay tanto por hacer, tanta gente con la que compartir la esperanza de que sí tendremos un futuro para todos. Lo seguiré haciendo desde mi espacio, contribuyendo con los jóvenes, fortaleciendo su formación en valores ciudadanos y libertarios; y propiciando que las ideas, el debate, el conocimiento, nos llenen de sentido y de fuerza para luchar, hasta vencer.

    Coordinadora Nacional de Formación. Vente Venezuela
    Twitter: @caramos61

  • El clamor es colectivo – Por María Corina Machado

    El clamor es colectivo – Por María Corina Machado

    El país fuera de control. El descalabro económico, físico e institucional se acelera y no hay propaganda o censura que lo oculte. No hay función pública que el régimen pueda atender; tampoco hay confianza en rectificaciones. Maduro es incapaz de enfrentar la creciente crisis que padecemos. Su permanencia sólo genera caos.

    En este contexto, el abominable asesinato de un diputado oficialista conmociona a una sociedad a la cual le asesinan diariamente 50 ciudadanos. Al denunciar el gobierno que el crimen fue cometido por paramilitares, más que acusar, confiesa. El régimen promovió, armó y financió bandas delictivas, para controlar zonas populares urbanas, con fines políticos y económicos. En efecto, estos asesinos son paramilitares.

    La tragedia degeneró con el espectáculo montado en la Asamblea Nacional. Acusan del crimen al valiente diputado que, con sobrada razón, le advirtió al régimen que tiene sus días contados. Esto lo repiten campesinos en Sabaneta, sindicalistas en Guayana, estudiantes en Mérida, médicos en Maracay; y hasta familiares de los militantes de los colectivos oficialistas recién acribillados.

    Estos asesinatos, y la irresponsable respuesta gubernamental, intensifican la urgencia del cambio político. Se trata, ya, de salvar vidas humanas.Tenemos la obligación histórica de lograr una transición, pacífica, irreversible e inaplazable, hacia la democracia. Ello requiere gran autoridad moral y firmeza. Una transición pacífica debe generar, en primer lugar, confianza y esperanza en una sociedad que el Poder ha pretendido dividir y enfrentar durante 15 años.

    La emergencia exige lograr la estabilidad económica, asegurar el abastecimiento de alimentos, medicinas, repuestos para vehículos y gas doméstico; garantizar la seguridad ciudadana e iniciar la reinstitucionalización de los Poderes Públicos, en especial del sistema judicial, del CNE, de las Fuerzas Armadas y de los cuerpos policiales. Nada más revelador de nuestra realidad política que el intercambio de Maduro con una mujer que, indignada, le gritó a su llegada al Cementerio del Sur: “¿Hasta cuándo Maduro?”, a lo que éste  respondió: “¿Que quieres tú que yo haga?”. Está muy claro, Maduro: Renuncia.

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    @mariacorinaYA

  • Sobre inseguridad y colapso: más allá de nombres y titulares – Por Daniel Álvarez

    Sobre inseguridad y colapso: más allá de nombres y titulares – Por Daniel Álvarez

    Hablar de inseguridad se ha vuelto insuficiente ante lo que vivimos en nuestro país, pues taltérmino no alcanza a describir todas las consecuencias que sufrimos todos los venezolanos ante el régimen de miedo y dolor que se ha vuelto la cotidianidad de los que vivimos en esta tierra. Cada vida terminada antes de tiempo es una perdida incalculable para nuestra sociedad, pues en vez de un legado construido tras años de vida y esfuerzo lo que nos queda de aquellos que nos son arrebatados son las preguntas, las dudas de un futuro que pudo ser, pero no fue.

    Más allá de un debate de políticas públicas de seguridad, que sabemos desde insuficientes en el mejor de los casos hasta sospechosas en otros, lo que debe preocuparnos como sociedad es la diferenciación notoria entre unos pocos cuyos derechos a la justicia son realmente efectivos, y una inmensa mayoría para quienes la muerte de un ser querido es solo el principio de un calvario de sufrimiento y exclusión ante una justicia que no existe para ellos.

    Una sociedad donde la impunidad se constituya en institución no podrá responder nunca ante quienes pretendan quebrarla, o incluso destruirla, pues esta no contará nunca con ningún poder real de coerción contra esos que no se someten a los principios básicos de convivencia. Pero en el caso de nuestra sociedad hay un elemento aún más profundo de parálisis, pues ni siquiera tenemos claros los principios fundamentales de convivencia que queremos defender.

    Elementos básicos como una definición clara de lo que es la propiedad, el trabajo o una moralidad compartida por una mayoría social no existen en nuestro país, pues han sido sistemáticamente eliminadas o alteradas para ser sustituidas por los nuevos conceptos de la sociedad socialista construida alrededor del hombre nuevo. Ante la indefinición de ambos arquetipos, la destrucción de todos los conceptos sociales básicos ha dejado un caos e indefinición que nos impide siquiera definir que defendemos o no como sociedad.

    Ante esto resulta irónico que se pida no “politizar” el colapso de la seguridad ciudadana en Venezuela, más por cuanto al ser un tema que interesa al público se vuelve político por definición. Nuestro deber como ciudadanos debe ser rescatar los conceptos fundamentales que le dan forma a una sociedad estable y moderna, con una imagen definida de sí misma que pueda defender ante quienes pretenden subvertir el orden construido entre todos los venezolanos.

    Lograr una meta tan ambiciosa como esa necesariamente pasa por lograr que nuestro estado no sea la principal causa del problema, sino uno de los pilares de la reconstrucción nacional. Tenemos que enfrentar no solo el evidente e, incluso, intencional fracaso de cualquier política pública contra la inseguridad, sino la institucionalización de la violencia, entendida esta como la violación constante de los derechos de todos los ciudadanos.

    Pero más importante aún, tenemos que frenar la destrucción de los valores que como sociedad nos hemos dado, como la propiedad o el trabajo como forma de superación, por parte de aquellos que ven al estado como una herramienta de control social y político bajo la figura de la hegemonía política. Para lograrlo tenemos no solo que reaccionar, sino defender y asumir esos valores fundamentales para cualquier sociedad moderna y liberal, construyendo nuestra visión de país a partir de estos y demostrando que la solución al colapso de nuestra sociedad a manos del hampa pasa por vernos al espejo y definir quiénes somos, y que queremos para la Venezuela del futuro.

    Twitter: @Daniel_Jose

  • VENEZUELA EN LA ONU: ¡¿Premio a la mentira?! – Por Pedro Urruchurtu

    VENEZUELA EN LA ONU: ¡¿Premio a la mentira?! – Por Pedro Urruchurtu

    Sin duda alguna, la noticia de la semana que recién termina es la de la 69° Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Temas como el cambio climático, el ébola, el Estado Islámico, entre otros, marcaron la agenda de la reunión anual, los cuales denotan un mundo en excesivo conflicto en estos momentos. El gran ausente del año pasado, Venezuela, participó en ésta reunión, rodeada de un aura de dudas y sombras en torno a lo que Nicolás Maduro diría en sus diferentes intervenciones. El otrora Canciller de una Política Exterior protagonizada por Hugo Chávez, se enfrentaba hoy como Presidente, en medio de la imagen poco democrática que lo rodea.

    En contexto, el último año y medio han impedido que Maduro pueda mantener la influencia internacional que Chávez en su momento tuvo. El hecho de atener la dinámica interna, las protestas, la represión y la violación sistemática de Derechos Humanos, provocó que Maduro retrocediera en la arena internacional. El gobierno venezolano prefirió “refugiarse” en organismos americanos, como UNASUR y la CELAC, para de esa forma blindarse de legitimidad y apoyo político de organizaciones que son más club de amigos que defensoras de los ciudadanos de sus países.

    La opinión pública internacional claramente influyó en la debilidad de Maduro y eso ha tenido que reforzar el lobby del gobierno. Aún cuando ese lobby, que siempre ha existido, no logró plenamente su cometido de borrar la imagen negativa de Maduro, le dio al gobierno la oportunidad que estaban buscando: que Venezuela sea miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

    Esa intención, nada nueva, el propio Chávez la persiguió por muchos años, siendo 2006 un año cumbre para lograrlo pero sin resultados positivos. En aquel momento, la disputa entre Guatemala y Venezuela por una de las dos sillas latinoamericanas del Consejo, sumado a los apoyos de los grupos del Caribe, el lobby en el Medio Oriente para ofrecer petróleo barato a favor del apoyo a Venezuela, entre otros elementos, no fueron suficientes para que finalmente, gracias al apoyo de Estados Unidos, se lograra un candidato de consenso: Panamá. De esa forma, ni Guatemala ni Venezuela lograron la silla.

    Hoy el panorama es diferente. Venezuela se presenta como el único candidato latinoamericano para ocupar la silla del Consejo, con el apoyo de toda la región (y hasta hace unos días, incluso el de Estados Unidos). Nuestro país ha ocupado la silla en cuatro ocasiones: 1962-63, 1977-78, 1986-87 y 1992-93 (ésta última con el Embajador Diego Arria a la cabeza, quien presidió el Consejo y, además, implementó la exitosa “Fórmula Arria”). En cada una de esas oportunidades, la imagen de Venezuela ante el mundo era la de un país democrático, de respeto de libertades y de una dinámica estable que era referencia, pese a problemas internos. Hoy, cuando el país aspira por quinta vez al puesto, es otra la realidad.

    El actual Embajador de Venezuela en la ONU, Samuel Moncada, ha reconocido que han avanzado en una estrategia clara para que Venezuela ocupe desde el 1 de enero de 2015 y hasta el 31 de diciembre de 2016, la silla que hoy ocupa Argentina. En esa estrategia, Nicolás Maduro debe establecer contactos específicos y afianzar algunas relaciones (por ejemplo, con China y Rusia que hoy son miembros permanentes del Consejo). El viaje de Maduro a la ONU durante la semana pasada obedece a eso: obtener los 2/3 de los votos de la organización.

    Pero, ¿merece Venezuela un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU? Bajo el contexto actual ¿el gobierno de Maduro merece tal reconocimiento? La respuesta de entrada pareciera ser obvia, pero siempre es bueno ahondar en el tema.

    Comencemos con el pasado. Desde la llegada de Hugo Chávez al poder, la Política Exterior venezolana dio un giro, sobre todo en el ámbito ideológico. Con una postura revisionista en Relaciones Internacionales, Chávez apostó desde el primer momento en cambiar los regímenes internacionales que predominaban: desafió a la OEA, a la ONU, a Estados Unidos y con esto pudo crear instancias paralelas para legitimarse en la arena internacional, sin necesidad de retirarse de las organizaciones que tanto critican. Esto le permitió al gobierno venezolano afianzar sus relaciones con aliados no tradicionales, como Cuba, Irán, Siria, China, Rusia, entre otros. Temas como el nuclear, donde hasta Corea del Norte terminó siendo aliada y las hoy recién aparecidas denuncias sobre financiamiento al terrorismo y mafias, demuestran el alcance peligroso de esas relaciones. En un mundo como el de hoy, con un Medio Oriente tan convulsionado, sería provocador y muy riesgoso que estos países ganaran un aliado como Venezuela en el Consejo de Seguridad, entendiendo sus nexos.

    En segunda instancia, lo hoy evidente: la violación sistemática a los derechos humanos, la represión, la violación a la libertad de expresión, la persecución política. Ciertamente en el pasado países antidemocráticos como Libia fueron parte del Consejo, pero eran contextos diferentes y escenarios de conflictividad diferentes. Hoy, la presencia de un país como Venezuela en el Consejo, premiaría a la injusticia y le daría cabida a la arbitrariedad. Un gobierno que pretende borrar con petróleo la sangre derramada por sus ciudadanos protestando, no merece ocupar esa silla. Es una ofensa, un irrespeto a la vida y la libertad. Es darle voz a la mentira y silencio a la verdad. Mientras la petrodiplomacia avanza, el gobierno de Venezuela aún tiene una cuenta pendiente en el banquillo de los acusados en materia de violación a los derechos humanos.

    Los indicadores económicos del país, los cuales lo ubican en los últimos lugares de la mayoría de los índices mundiales y son los peores en 50 años, hacen de esa silla una inmerecida recompensa a un régimen que se ha encargado de destruir progresivamente la economía nacional. Mientras la región crece económicamente y se estabiliza luego de décadas de crisis, Venezuela se hunde con la inflación más alta del mundo y ese será el país que represente a la región… ¿Cómo la región puede permitir que sea nuestro país el que los represente? El petróleo tiene la respuesta, aunque sea un cheque sin fondo.

    La alta criminalidad y la impunidad como una clara de estrategia control también hacen inmerecida esa silla. Cuando en 2013 hubo casi 25.000 asesinados en manos del hampa, lo único que se puede explicar es que el propio gobierno fue quien permitió una guerra contra los venezolanos. No hablemos tampoco de nuestra incapacidad de reclamar y proteger efectivamente nuestro territorio, cuando permitimos que Guyana avance en el Esequibo con un silencio cómplice, desconociendo incluso lo que los buenos oficios de la ONU han intentado en el tema, pero sí reclamando, tal como lo hizo Maduro en su discurso, la “descolonización” de Puerto Rico por parte de Estados Unidos.

    La jugada del gobierno está muy clara. Rafael Ramírez, antes como Presidente de PDVSA y Ministro de Energía y Petróleo y ahora como Canciller, tiene la tarea de mejor la imagen de Venezuela en el mundo, sobre todo ante la banca internacional. Además, políticamente Maduro necesita ocupar nuevamente un lugar internacional en el que tuvo que retroceder. Más allá de que esto sea bueno o malo, el gobierno sabe que es necesario limpiar su imagen antidemocrática, aunque sólo sea una pintura de mala calidad que la realidad interna del país hace que se caiga.

    Maduro intentó, con su discurso en la ONU, mantener la imagen revisionista, el discurso antinorteamericano y los elementos de la Política Exterior de Chávez. Las imitaciones no siempre son buenas pero su afán de hablar de una reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, al igual que su antecesor, demuestran hoy más que nunca su intención de ser parte del Consejo, lo cual sería una victoria política con legitimidad internacional. Aunque el gobierno de los Estados Unidos en un primer momento aseveró que no se opondrían a la candidatura de Venezuela, las editoriales de The Washington Post y de The New York Times, así como la mención del Presidente Obama a Leopoldo López, pudiera dar a entender que Estados Unidos tal vez juegue nuevamente, como en 2006, para frenar las aspiraciones venezolanas. Obama sabe que dar ese premio a Venezuela puede ser peor todavía, cuando se debate en medio de una débil imagen al no tomar duras sanciones contra funcionarios del Estado venezolano, entre otros temas.

    Una organización como la ONU, que en su Carta establece como principios fundamentales el respeto a los derechos humanos y a las libertades individuales así como el fomento de relaciones de amistad que busquen la paz y la cooperación, se enfrenta al riesgo de crear un terrible precedente de un país represivo, antidemocrático de corte totalitario, violador de derechos humanos y de garantías fundamentales, sumada a la profunda militarización de la política y al armamentismo que la ha caracterizado. Esos elementos, junto a la influencia que con el petróleo se ha creado en la región, pueden legitimar una peligrosa relación.

    Los propios relatores de la ONU en materia de derechos humanos, políticos, libertad de expresión, etc., han expresado su preocupación por lo que ocurre en Venezuela. Queda muy claro que será inexplicable para muchos el hecho de que el peor gobierno de la historia venezolana llegue al Consejo de Seguridad de la ONU. Sólo la complicidad, los intereses entre gobiernos y el irrespeto a la vida y los ciudadanos del mundo, podrían explicar tan inmerecido acto. Premiar al país que pudo ser el más rico de la región, pero que hoy es el más pobre; aspirar a esa silla con un talante democrático del cual carecemos y que crea un peligroso precedente; darle credenciales a un país incapaz de salvar a su propia gente en los hospitales, premiar a los malos y castigar a los buenos, lo único que traerá es más impunidad e injusticia en un mundo que hoy está clamando todo lo contrario. Por ello hay que preguntarse: Venezuela en la ONU: ¿Premio a la mentira?

    Twitter: @Urruchurtu

  • Negociando con la Revolución: la esperanza como herramienta de control- Por Daniel Àlvarez

    Negociando con la Revolución: la esperanza como herramienta de control- Por Daniel Àlvarez

    Las revoluciones tienen una característica fundamental, inherente a su naturaleza disruptiva y negadora de todo lo existente: la inconsistencia de su rumbo, y en especial de las herramientas que usa para alcanzarlo. Desde la degeneración de la Revolución Francesa en el Reino del Terror de Robespierre hasta el revisionismo de la Nueva Política Económica de Lenin en medio de la consolidación del proceso soviético, prácticamente todas las revoluciones se han desarrollado entre vaivenes radicalistas y revisionistas que evitan una normalización sostenible.

    Acercándonos un poco más a nuestra propia historia, bastaría analizar la revolución independentista para observar como toda herramienta política y económica fue válida para alcanzar la libertad. Desde los reiterados giros entre centralismo y federalismo, los enfrentamientos a lo interno de los grupos de poder revolucionarios y los cambios constantes tanto de estrategia como de táctica marcaron uno de los procesos más caóticos en la historia política latinoamericana.

    Resulta lógico que, al verlo desde el punto de vista histórico, un proceso basado en aquella frase célebre de o inventamos o erramos del maestro Rodríguez no pueda alcanzar una normalidad mínima, creando con esto una subsecuente incapacidad de asumir acuerdos que pudieran limitar su rango de acción o invención. Desde su llegada al poder en 1999, la Revolución Bolivariana no solo ha cambiado desde las políticas públicas que aplicaba hasta su base ideológica, sino su propio nombre al asumir en 2007 la marca de Revolución Socialista.

    El mejor exponente de ese proceso continuo de transformación es el periodo de rectificación tras los sucesos de Abril de 2002, donde una voluntad de reconciliación, perdón y negociación parecía dominar el proceso y a su líder fundamental, tras aquel discurso del cristo en la mano. No pasaron ni seis meses para que, al sentirse en capacidad de volver a retomar la ofensiva, la confrontación volviera a tomar el protagonismo como praxis revolucionaria de Chávez y compañía.

    Tal como lo admitieron prominentes líderes e ideólogos del proceso bolivariano, desde Nicmer Evans hasta William Lara, aquella moderación fue una táctica para permitir la acumulación de fuerzas suficientes para retomar la ofensiva política contra los enemigos de la revolución, o lo que es lo mismo para ellos, de la patria. Esto, junto a la continua improvisación característica de la vanguardia bolivariana, hace evidente la incapacidad, o más bien la falta de voluntad de asumir compromisos duraderos.

    Con todo esto claro cabría preguntarnos ¿vamos a negociar con esos que no solo son incapaces, sino contrarios a la idea de asumir rectificaciones o acuerdos que limiten su absoluta discrecionalidad? La respuesta es más que clara, pues ante un proceso que no puede ser apaciguado no podemos pretender una negociación o diálogo vacío y vano, sino la acumulación de fuerzas suficientes para construir una nueva referencia política que enfrente frontalmente al socialismo bolivariano, y en última instancia pueda derrotarlo.

    Esto pasa por asumir dos premisas claras: una verdadera identidad ideológica que no intente imitar banderas o mitos oficialistas, sino que asuma los propios que sabe correctos; y una voluntad clara de asumir las responsabilidades que conlleva tomar una postura clara y frontal ante un proceso que niega a toda aquella fuerza o estructura que rompa con las posturas sumisa o dialogantes, pues se sabe débil ante una verdadera fuerza coherente que rechace un reacomodo en favor de un verdadero proyecto alternativo.

    Las revoluciones no se moderan, se terminan. Si queremos rescatar nuestra nación del colapso al que se dirige tenemos que cerrar el capítulo bolivariano para asumir las reformas que sabemos necesarias, para entrar de una vez por todas en el mundo del siglo XXI.

    Twitter: @Daniel_Jose

  • También son vidas humanas – Por María Corina Machado

    También son vidas humanas – Por María Corina Machado

    Pensé escribir sobre la crisis de la salud que padece Venezuela y la responsabilidad de Nicolás Maduro en la muerte de ciudadanos por una epidemia que pudo evitarse; pero que por la incompetencia y corrupción de este régimen, trágicamente, no será la última.

    Pensé hacerlo tanto por la trascendencia que esto implica, como por la “advertencia” que hizo Maduro al salir del país: “Esas son declaraciones muy delicadas que sólo deben dar los organismos competentes del Estado”, ¿so pena de sufrir las mismas consecuencias que el Dr. Sarmiento, Presidente del Colegio de Médicos del Estado Aragua, perseguido por cumplir su deber profesional y ciudadano al alertar sobre la epidemia?

    La respuesta a Maduro llegó de inmediato, como ejemplar demostración de responsabilidad y coraje cívicos: la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Venezolana de Infectología, la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas y el Instituto de Medicina Tropical de la UCV, hablaron al país sin ahorrar cifras ni adjetivos. Compartieron con el pueblo conciencia y valentía.

    A un régimen cuyo cuestionado respaldo popular ha colapsado y que se empeña en afincar políticas que han arruinado la nación, ya no le basta, para aplacar el enorme descontento popular, con criminalizar la pacífica protesta, en todas sus expresiones. Pretenden, a punta del SEBIN, impedir la denuncia y la información critica, aunque ello implique pérdida de vidas humanas.

    Esta es la urgencia que enfrentamos: impedir la instauración de un Estado Comunal, que aniquile la soberanía popular; rescatar la soberanía nacional entregada a Cuba, y salvar vidas humanas. La degradación moral de este régimen tiene consecuencias irreparables que se acumulan cada día que pasa. Por ello es necesario lograr un cambio político profundo lo antes posible.

    La reacción de los médicos, y miembros de todo el sector salud, demuestra que tenemos la fuerza moral y la ciencia requeridas para enfrentar y derrotar al régimen y la cómplice medicina castrista. Las expresiones se repiten en toda Venezuela: Maduro y su regimen tienen que irse, por incapaces, por corruptos y por irresponsables. Para bien del país y para dar inicio a la reconstrucción nacional.

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  • Sobre socialismo y ecología: El engaño de Nicolás – Por Daniel Álvarez

    Sobre socialismo y ecología: El engaño de Nicolás – Por Daniel Álvarez

    “Llego la hora de avanzar en la planificación integral para el desarrollo económico sostenible con una concepción de economía social ecologista”. Con esa frase Nicolás Maduro abrió lo que muchos consideran la semana más importante en su agenda política internacional, en el marco de la Cumbre sobre el Cambio Climático que sirve de preludio a lo que será el sexagésimo noveno período de sesiones de la Asamblea General donde también se espera que asuma la representación de nuestro país.

    En un discurso cargado de críticas hacia lo que denomina un “sistema capitalista depredador”,Maduro intenta achacar al libre mercado todos los males que enfrenta nuestro planeta en el área climática, sin dejar de lado el clásico cliché de la injusticia y desigualdad que según él ha generado en el mundo. Más allá de eso, lo interesante de su discurso fue más bien lo que no definió, pues la aparición de un nuevo término en el léxico revolucionario como la economía social ecologista como única propuesta deja más dudas sobre que entiende Maduro por un sistema económico para el mundo y nuestro propio país.

    Una de las pocas luces que pueden extraerse al respecto viene dada por las palabras que acompañan al nuevo modelo económico, en especial la tan realzada planificación económica que parece ser la respuesta a todos los desequilibrios causados por el malvado capitalismo. Resulta curioso que al ver los resultados de esa planificación en nuestro país no es precisamente el equilibrio lo que se ha logrado, sino el colapso sistemático de todas las cadenas de producción y comercialización en casi todos los sectores económicos relevantes.

    A la par del deterioro interno las alarmas se han disparado a lo externo, con el colapso de los bonos venezolanos de referencia en el mercado internacional y la baja de calificación de Standard & Poors de la deuda venezolana a CCC+, llevándonos a lo que se conoce como “deuda basura”. Y como si todo esto no fuera suficiente, al revisar los índices de contaminación emitidos por la CEPAL vemos como nuestro país encabeza listas tan poco honrosas como las de mayor consumo de energía y emisión de gases invernadero per cápita, sin hablar de la inexistencia de políticas de reciclaje o diversificación energética.

    Es irónico que, con todas estas credenciales a su espalda, sea Nicolás Maduro quien pretenda enseñar cómo planificar y regular la economía global para favorecer a un planeta al que su propio gobierno pareciera apreciar sólo a conveniencia, y sólo de palabra. Más irónico se vuelve la enseñanza al ver que la mayoría de los países ricos a los que va dirigida se han embarcado en ambiciosos proyectos de transformación energética, donde Alemania y los países nórdicos marcan tendencia, y en limitación de emisiones de CO2 y otros gases invernaderos de manera voluntaria, donde la Unión Europea se ha constituido en un ejemplo a seguir por el mundo.

    La lucha por la preservación de nuestro planeta merece una voluntad verdadera de cambio que no pretenda sacrificar la libertad de todos a costa de lo que el líder de turno considere mejor para el planeta. No será a través del eco socialismo o artilugios similares que ganaremos la batalla por el futuro, sino a partir de la libertad que nos permita desarrollarnos a plenitud y apreciar desde nuestra propia perspectiva la importancia de nuestro planeta para el futuro de la humanidad.

    Twitter: @Daniel_Jose