Categoría: Opinión

  • La Venezuela de nosotros – Por Pedro Urruchurtu

    La Venezuela de nosotros – Por Pedro Urruchurtu

    El título de esta reflexión puede sonar antipático o polarizador. Ciertamente, al decir que algo es de unos o de otros, se está motivando una separación que puede tornarse peligrosa. Pero no es menos cierto tampoco que los que se han propuesto dividirnos como nación, desde el primer día, son quienes nos (des)gobiernan hoy.

    Antes de ellos había una Venezuela muy diferente. Había un país con problemas, con retos, con dolores de cabeza, pero que sabía, tras duras lecciones, que había mucho por hacer y muchas personas estaban dispuestas a lograrlo. Bastara con que llegaran algunos, levantando falsas banderas de cambio, para cambiarlo todo, pero a su manera, a su estilo, a su ritmo: convertir lo bueno en malo y viceversa, hacernos un país invivible entre rencores y falsos sentimientos de desunión que nunca fueron parte de nuestra idiosincrasia y que sólo eran el reflejo de un grupito que, frustrado en muchas de sus metas, decidieron contagiar, con populismo a la brava, a esa Venezuela de odio y resentimiento, creando dos grandes polos, dos países, dos verdades.

    Pero cuando yo hablo de la Venezuela de nosotros, hablo de ese país que era de todos y que tenemos que hacer retornar, no del país en que un grupito dicta cómo deben funcionar las cosas, qué debemos hacer, qué debemos comer y qué nos hace felices. Lamentablemente, ellos decidieron adueñarse de lo que nunca les correspondió, creyendo que ahora es suyo. Ellos mismos, en su afán de poder, han decidido decirnos cómo actuar y como dirigir al país que les dio un voto de confianza para dar un cambio, que sólo se convirtió en más de lo mismo, pero con peores elementos y un gran objetivo: control absoluto.

    Las últimas semanas han permitido confirmar cosas que para muchos eran cuento, para muchos eran exageraciones y para muchos eran fábulas: la intención de que las cosas “funcionen” y estén exactamente como están hoy, la intención de controlarnos, la intención de hacer el país un infierno porque ellos se creen los diablos que allí mandan. En fin, la intención de que la nada, de donde ellos vienen, se invierta hacia los que tuvieron algo con sacrificio, para arrebatarles su esfuerzo.

    Pero la más clara, exitosa y sistemática política de Estado ha sido también la más cruel: la del desprecio. Ha sido despreciar todo lo que en su momento ellos no pudieron ser, tener, decir. Desprecian el conocimiento, desprecian la riqueza honesta, desprecian la calidad de vida, desprecian las aspiraciones a una mejor existencia, pero eso sí, hacia los demás. Por el contrario, ellos aprecian la ignorancia, porque eso les dio riqueza sin importar su origen, les dio calidad de vida sin importar a quien hicieron daño y les mejoró su existencia en detrimento de todo un país. Al final, quienes nunca han tenido nada, tal vez no se preocupen demasiado por esto, pero también esto los hace más manipulables, porque dejaron todo en manos de la nada y de las falsas esperanzas.

    Hoy estamos en este punto: los despreciados por esta política de Estado nos sentimos como extranjeros en nuestro propio país. Irónicamente, nos sentimos como nunca ningún extranjero se sintió en esta Venezuela que les abrió las puertas para que surgiera. A nosotros nos discriminan por exigir estar mejor y por querer la verdad; nos cierran puertas, nos persiguen, nos llaman apátridas, conspiradores y terroristas. Han hecho de la Venezuela de nosotros, la Venezuela de unos pocos y quienes no lo acepten son todo lo peor que haya podido existir. Nos venden como criminales cuando la criminalidad ha sido su bandera; en fin, nos han llamado traidores cuando quienes han traicionado toda nuestra memoria histórica y nuestra garra de lucha contra la tiranía, han sido ellos con su impostergable propósito de saquear lo que alguna vez fue una república.

    Hoy somos extranjeros en nuestro país. Estamos exiliados de la Venezuela de nosotros, como si fuera un campamento de refugiados, con el anhelo de recuperar lo que algún día nos perteneció. Hoy, cada venezolano que ha tenido que emigrar por obligación, por mejorar sus oportunidades o sencillamente por huir del desastre, al costo que sea, es un exiliado de esa Venezuela de nosotros, que nos merecemos y que en algún momento tuvimos. Todos llevamos esa nación en alguna parte, dentro del país o fuera de él. Al final de cuentas, dentro y fuera de Venezuela, somos lo mismo: emigrantes, refugiados, extranjeros. Ellos lo lograron.

    ¿Quién diría que quienes se fueron y se quedaron (por ahora) tendrían algo en común más allá de ser venezolanos? ¿Quién diría que eso en común sería sentirse víctimas de un sistema que hizo todo para cambiarle el rostro a un país que ofrecía lo mejor de sí y hoy sólo muestra su cara más feroz y hostil para que, con miedo, sintamos que no tenemos más remedio que abandonarlo? No nos quieren aquí, les somos torpes a sus propósitos de tomar y saquear lo que, como país, nos pertenecía a todos. Su afán, su tarea ha sido esa: que nos larguemos.  Al final, quienes se han quedado han tenido que claudicar, soportar, luchar, en medio de adversidades, conservando gente muy talentosa y dedicada pero que cada vez pierde opciones para su futuro. Su objetivo seguirá siendo firme: que queden los que ellos necesitan para montar su show, los que por hambre y por miedo lo den todo, los que sin más remedio deban bajar la cabeza.

    El reto es duro, es complicado, es incierto. No dudo que todos seguiremos luchando por la Venezuela de nosotros. No dudo que tanto los que se quedan como quienes se fueron dejen de hacerlo. Al final todos entendemos que el país no pertenece, que cada cosa que hagamos, que logremos y que nos recuerde a Venezuela, es una forma de hacerle saber al mundo que pertenecemos a ese país que hoy está secuestrado. Dentro y fuera, quienes estén conscientes de eso, buscarán la manera de liberar a ese rehén que hoy está en las peores manos en que pudo haber caído. Dejar el país puede ser, como leía por ahí, un divorcio estando enamorado, pero quedarse es como aceptar los golpes por amor. Ese es el debate, esa es la realidad. Se vayan o se queden sólo hay una cosa cierta: todos, absolutamente todos, sabemos que hay un país que nos pertenece y que esperamos recuperar, que hay una Venezuela de nosotros.

    Twitter: @Urruchurtu

  • Los unos, los otros y nosotros – Por Miguel Velarde

    Los unos, los otros y nosotros – Por Miguel Velarde

    Los que se queden a luchar rescatarán el país para sus 30 millones de hermanos

    En Venezuela pasamos nuestros días solucionado lo urgente y por eso nos olvidamos de lo importante. Las interminables colas para comprar lo que se encuentre al precio que sea, la inseguridad que nos tiene en un toque de queda autoimpuesto, los inexistentes derechos básicos y la batalla por la supervivencia diaria no nos deja tiempo para reflexionar.

    Pero pensar es importante. Una buena excusa podría ser, por ejemplo, el desconcertante debate que se generó a raíz de las declaraciones de Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar, en una reunión con sus empleados en la que se refería a quienes se fueron del país como personas que “cambiaron unos problemas por otros” y les pedía que, antes de tomar la decisión de dejar Venezuela, “lo piensen muy bien”. Además, también afirmó que él se quedaba en el país “por los que no pueden irse”.

    Pocas horas pasaron para que las redes sociales se encendieran con el tema. Muchos apoyaban los planteamientos de Mendoza, mientras otros, indignados, los criticaban. Incluso una mujer le escribió una carta pública -que también se hizo viral casi inmediatamente- en la que rechazaba que “opine sobre decisiones tan personales” como dejar el país, recordándole que seguramente él jamás hizo una cola para comprar comida ni tampoco sufrió para conseguir un medicamento para un pariente enfermo.

    Sin embargo, el punto más importante de la polémica se perdió entre el sentimentalismo y la individualización del tema.  Más allá del destino y los motivos de las personas que deciden partir, es nuestro deber preguntarnos: ¿qué pasará con el país?

    Nadie puede juzgar a quienes se van, pero debemos admirar a quienes se quedan a luchar. No son malos todos los que parten a otras tierras ni necesariamente buenos aquellos que se quedan. Pero si todos los buenos se van, ¿a quién le dejamos Venezuela?

    La reflexión va más allá de los que se fueron porque quisieron o de los que no se van porque no pueden: el país se juega su destino en las manos de quienes, pudiendo irse, se quedan.  Será gracias a ellos que Venezuela será libre.

    Al final, los buenos que se queden a luchar rescatarán el país para sus 30 millones de hermanos. Y ese día, ojalá muy pronto, aquí cabremos los unos, los otros y nosotros.

     Twitter: @MiguelVelarde

  • Conflicto y Anti Diplomacia Venezolana – Por Daniel Merchán

    Conflicto y Anti Diplomacia Venezolana – Por Daniel Merchán

    El Gobierno de Venezuela ha roto relaciones diplomáticas con 7 países en diferentes momentos durante la última década; algunas han sido restablecidas con el paso del tiempo, otras permanecen suspendidas, como es el caso de Israel, Venezuela hace unos años rompió relaciones diplomáticas con Colombia. Pero además, con el cierre de los Consulados en Bogotá, Cúcuta y Arauca, dio otros pasos al “congelar” relaciones consulares también, mientras que las Comerciales eran obstaculizadas desde hace mucho tiempo.

    En vez de dar respuesta a las serias acusaciones hechas por Colombia en la OEA, se opto por una “fuga hacia adelante” y se creó una crisis, con efectos muy negativos para las poblaciones venezolanas y colombianas, especialmente en la frontera. Antes de dejar la Presidencia de Colombia, Uribe quiso internacionalizar el problema de la tolerancia Bolivariana con las FARC, dando precisiones públicas sobre la presencia de campamentos de las fuerzas terroristas en Venezuela. Lo venía haciendo hace seis años por vía diplomática, sin obtener respuestas concretas.

    En octubre de 2012, la cancillería venezolana ordenó al personal diplomático paraguayo abandonar el país en 72 horas. La medida fue tomada en reciprocidad a la decisión del gobierno de Federico Franco, de retirar en julio de 2012 a su embajador en Caracas y declarar persona non grata al embajador venezolano en Asunción, José Javier Arrué De Pablo. La controversia se generó después de que fuese destituido de su cargo el presidente Fernando Lugo, amigo y aliado de Chávez.

    Recientemente, la crisis diplomática entre Panamá y Venezuela de 2014 hizo referencia a las divergencias surgidas entre el gobierno venezolano de Nicolás Maduro y el gobierno panameño de Ricardo Martinelli, tras la serie de protestas realizadas por estudiantes y dirigentes opositores venezolanos iniciadas en febrero de ese año, cuando se anunció públicamente el rompimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con Panamá y se acusó a Martinelli de ser un «lacayo rastrero» de Estados Unidos. El rompimiento de relaciones puso al descubierto una serie de irregularidades denunciadas por el gobierno panameño entre ellos una deuda multimillonaria de Venezuela con la Zona Libre de Colón en Panamá, e interferencia del presidente Maduro en el proceso electoral panameño de mayo de 2014, al apoyar al opositor Partido Revolucionario Democrático. Mientras, Panamá realizó acciones para dar voz a la oposición venezolana en la Organización de Estados Americanos (OEA)

    En 2015 la atención de la cancillería venezolana se adentro en un nuevo conflicto con EEUU, a raíz de sanciones, visados y el decreto que este último país señalo como su posición frente a las violaciones de derechos humanos e indicadores de corrupción que se registran en Venezuela, situación que el gobierno venezolano convirtió en un nuevo escenario para la edificación del enemigo externo, e iniciar una campaña excesivamente costosa para recolectar firmas que finalmente no cumplieron su función final, la derogación de la orden, y que llevo al seno de la Cumbre de las Américas un debate donde no solo no se encontró un cambio de la política exterior del presidente Obama, sino además se hizo referencia la llamada Declaración de Panamá, firmada por más de 30 ex presidentes iberoamericanos, considerada no poca cosa, debido a la unión de ex autoridades tan diversas en solidaridad con la situación en Venezuela y los denominados presos de conciencia.

    Ahora asistimos a un enfrentamiento con España, ante las declaraciones del presidente Rajoy y el Congreso Español sobre respaldar la liberación de los presos políticos y de expresar su inquietud por la grave crisis que tiene Venezuela, nada distinto a lo que han expresado la ONU, la OEA, el Parlamento Europeo, el Vaticano, Barack Obama, Juan Manuel Santos o Dilma Rousseff, entre otros. Hay una expresión mundial de una fuerza política y social que pide la liberación de los presos políticos y que llama la atención de la profunda crisis que vive Venezuela.

    Esta nueva arremetida contra España, así como tantas otras en el pasado, solo dejan evidencia del uso irresponsable de nuestra política exterior para fines partidistas, en el intento de opacar las graves deficiencias que atraviesa nuestro país en materia de derechos fundamentales, desarrollo económico y participación ciudadana, aduciendo el llamado a un nacionalismo exacerbado que solo tiene como objetivo el interés de unos pocos frente a las pérdidas de tantos, ojala nuestra diplomacia se ocupara de temas mas trascendentales, como la lucha por El territorio Esequibo, la integración económica en todos los ámbitos posibles, la atracción de inversiones extranjeras, el fomento del turismo internacional, profundizar intercambios culturales y educativos, potenciar avances tecnológicos, entre otros temas, que parecen haber quedado en el olvido en medio de la polarización política interna y en el intento del gobierno de sobrevivir a cualquier costo, sin embargo, tendrá que llegar el momento una vez retorne la democracia, para que los mejores hombres y mujeres pongan todo su talento al servicio de esta nación, que claramente puede dar una mejor cara en el espectro de las relaciones internacionales.

    Twitter: @Daniel_Merchán

  • Audaces ante tanto abuso – Por Miguel Velarde

    Audaces ante tanto abuso – Por Miguel Velarde

    Nos hemos vuelto expertos en desperdiciar oportunidades

    Los abusos del gobierno no cesan y cuando se aproxima una nueva contienda electoral, suelen incrementarse. Eso parece estar ocurriendo una vez más ahora que el país ha comenzado a prepararse para las próximas elecciones parlamentarias.

    El problema, por lo menos uno de ellos, es que dichas elecciones aún no tienen ni fecha. Según expertos, deben ser convocadas por lo menos con seis meses de anticipación, lo que hace suponer que serán cerca de fin de año. Además, las condiciones en las que la oposición deberá enfrentarlas siguen siendo tan o más desiguales que en el pasado. Pero eso no es todo. De cara a las primarias opositoras del 17 de mayo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) busca incentivar la abstención: primero, exige que se usen captahuellas, algo que sin duda generaría en la población opositora una gran desconfianza para ir a votar y, después, suspenden las elecciones al Parlatino, con lo que también buscan desmoralizar a la gente.

    Como si esto no fuera suficiente, ahora el gobierno ha desarrollado un nuevo súper poder: aparecer y desaparecer personas. El Secretario Ejecutivo de la MUD, Jesús Torrealba, denunció el pasado jueves que el CNE pretende, basado en la proyección poblacional del Instituto Nacional de Estadística (INE), quitar cinco diputados a circuitos electorales históricamente opositores para reasignarlos a zonas de tendencia oficialista. Por cada diputado que pierde la oposición, gana uno el oficialismo, por lo que la brecha se amplía aún más.

    El caso más llamativo es el del circuito 2 del estado Miranda. De acuerdo con el CNE, Chacao, Baruta y El Hatillo perderán 127.831 habitantes entre junio y diciembre de este año, argumento con el cual justifican restarle un diputado que es ahora asignado a la circunscripción 6 del mismo estado, los Valles del Tuy, donde supuestamente el número de habitantes aumenta de manera sorpresiva.

    Si de por sí es asombroso el hecho de que justo para finales de este año algunos sectores opositores sufran una fuerte caída en su proyección poblacional, lo que es casi milagroso es que, de acuerdo a la misma proyección del INE, para junio de 2016 el mismo número de personas -y unos cuantos más- vuelven a sus lugares de origen.

    Es tan burda la maniobra, que basta con comparar la proyección poblacional con el Registro Electoral (REP) del CNE de diciembre de 2014 para darse cuenta de ella. Lo lógico -y común- es que la variación poblacional de un sector sea igual a su variación electoral, es decir: donde sube la población, también se incrementa el número de electores. En este caso, en los mismos circuitos donde se aprecian irregularidades en la disminución de su proyección electoral, el REP aumentó. La MUD debe tomar una posición clara y firme ante un nuevo escenario lleno de abusos. La única manera de lograr la confianza de la gente y transmitir un sentimiento de lucha –imprescindible para que se movilice a votar a pesar de todos los obstáculos- es que su dirigencia dé ejemplo de rebeldía.

    Un buen comienzo sería convocar a sus primarias sin el CNE y, con ello, enviar un mensaje claro de que no aceptará chantajes de ningún tipo ni ahora ni más adelante. También se podrían planificar acciones contundentes en rechazo a la decisión de suspender la elección de los diputados al Parlatino que vayan más allá de una declaración o un pedido de ayuda al Vaticano. En relación a las condiciones electorales, se deberían denunciar las que son injustas, prepararse para recabar pruebas de ello y organizarse para minimizar su impacto. Y, sobre todo, jamás apostar todo a una estrategia que sea solo electoral; ésta debe estar siempre acompañada de una lucha constitucional todos los días y en todas partes.

    La vía está llena de oportunidades de aquí a fin de año. El problema es que nos hemos vuelto expertos en desperdiciarlas.

    Llegó la hora de ser audaces ante tanto abuso.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • La bala que gobierna – Por Pedro Urruchurtu

    La bala que gobierna – Por Pedro Urruchurtu

    Abril… el 2015 asoma los últimos vestigios de sus primeros cuatro meses y, junto a ellos, nos deja cifras desgarradoras: cuarenta policías asesinados en lo que va de año, ocho de ellos en los últimos siete días. Sumado a ello, este primer cuatrimestre nos deja un récord nada jubiloso de la mayor cantidad de muertes por culpa del hampa criminal, sin hablar de sicariatos, asesinato de dirigentes sindicales, en fin… muertes por doquier.

    Semejantes cifras y atroces hechos merecen un análisis; análisis poco ligero. Durante los últimos años hemos visto un discurso violento dirigido al aniquilamiento de todo aquello que se diferencia del actual proceso “revolucionario”. Cualquiera que se oponga es sancionado verbal, física o moralmente. Evidentemente, estamos ante un sistema de perversión de valores, un sistema de control social que requiere de sus peores artimañas para mantener el poder. Todo análisis de lo que está ocurriendo en Venezuela debe partir de ahí: es intencional.

    ¿Qué podemos concluir de hechos que se traducen en policías indefensos, mal pagados, en su mayoría honestos, que cumpliendo su deber como pueden, están expuestos a los designios de grupos irregulares y armados con autoridad? ¿Qué podemos inferir de grupos irregulares y armados que se disputan el control de una zona con la fuerza que se supone debería poner orden allí? ¿Qué podemos decir de la existencia de millones de armas ilegales en el país de la ilegalidad? ¿Quién le ha dado la autoridad a quienes deberían estar sometidos a las normas y a la fuerza del orden?

    Las respuestas a estas preguntas pueden resultar obvias, pero lo que hay que entender es que ellas obedecen a un diseño claro, malévolo y lo suficientemente aterrador para que el gobierno de la mentira, la muerte y el miedo, se haya apoderado de la tranquilidad de los ciudadanos. Como bien alguien decía por allí, hace tiempo, en esta Venezuela de hoy, lo que no prohíbe el poder, lo prohíbe el miedo.

    El Estado, entendido como aquel que recaba para sí con éxito el monopolio de la violencia física y legítima, es quien debe velar, en principio, por la seguridad de sus ciudadanos. Cuando vemos que matan policías, que los militares están vendiendo comida en lugar de ocuparse de la defensa de la nación, que los colectivos armados tienen más poder que cualquier autoridad, cuando el hampa azota y la seguridad escasea; en fin, cuando vemos todo eso, entendemos que el Estado no está siendo exitoso en mantener el monopolio de la violencia física y legítima. Es decir, en el mismo momento que se disputa ese monopolio con otros grupos armados que él mismo se encargó de darles poder, estamos en lo que comienza a llamarse Estado fallido. Pero hay algo más espeluznante todavía: así lo quieren. Quieren ser exitosos en el hecho de no tener éxito sobre su función primordial: la seguridad.

    Puede sonar confuso pero, en efecto, el régimen promueve la violencia a través del uso de toda la fuerza del Estado para reprimir, perseguir y atacar a quienes piensan distinto y, a su vez, disputa todo ese poder con grupos que le sirven de defensa a su poder. Dicho de otro modo, necesitan mantenerse en el poder sea como sea, así eso pase por desmantelar al Estado, como ha venido ocurriendo… ¿Quedan dudas de sus intenciones?

    Nadie pone en duda que Venezuela fuera una sociedad democrática hasta 1998. Sí, había problemas, como los tiene cualquier nación, pero los ciudadanos, poco a poco, sentían que podían tener al menos una vida digna… ¿Qué mejor forma de controlar a la sociedad cambiando esa sensación? ¿Qué mejor forma de afianzar un proyecto político que sólo le importa el poder por el poder? Hambre y miedo, la mejor forma de control que encuentran los peores cuando llegan al poder.

    Cuando vemos como la gente se mata por conseguir  comida; cuando vemos que la gente pierde horas de su vida que debería aprovechar para vivir y no para sobrevivir al hambre; cuando vemos como una ciudad oscura, vacía, sin gente, luego de las 8:00pm; cuando vemos a la gente con miedo a salir porque le puede pasar algo, entendemos que el régimen ha sido exitoso… ¿Para qué cambiar eso si han impuesto un toque de queda voluntario y una política de empobrecimiento y hambre que hace que la gente acepte sus humillaciones? Cuando vemos más de 20 programas de seguridad que lo único que dejan es oficiales y ciudadanos muertos y hampa victoriosa, entendemos que estamos frente al gobierno de los segundos.

    Pocos ven el panorama así. Pocos entienden los nexos de este régimen con el crimen organizado y el narcotráfico, con las mafias, con los grupos armados e irregulares, con la muerte. Como escuchaba ayer, ellos necesitan de la gente para que los elija, pero luego no la necesitan para elegir nada más, sencillamente van y nos someten, y todos nos hacemos presos de ese discurso, de esa realidad, de esa calamidad. Todos los legitimamos.

    La vida se ha vuelto un antivalor. Los que nos deben proteger, son vilmente asesinados. Los que deberían estar presos por someternos, son los héroes que dan seguridad… a ellos mismos. La inseguridad es una política de Estado, la criminalidad lo es, la muerte lo es. Cuando un criminal mata a un policía como muestra de fortaleza dentro de su grupo y frente a otros grupos; cuando hay más balas en los barrios que en las estaciones policiales; cuando da más resultado vender un arma robada a un policía que ser policía; cuando los incentivos están dirigidos a la maldad y no a la vida, claramente entendemos que el objetivo es ese: que la bala gobierne.

    ¿Puede haber así futuro para un país? ¿Puede existir reconciliación y paz entre los venezolanos con un gobierno que exalta todo lo contrario? Mientras no entendamos que urge cambiarlos a ellos para luego cambiar a Venezuela, ellos seguirán cambiándonos a nosotros, transformándonos en lo que nunca fuimos… Seguirán haciéndonos creer que todo está bien mientras vamos mal, seguirán diciéndonos que todo su esfuerzo es para protegernos cuando en realidad es para hacernos vulnerables y manipulables. Necesitamos cambiarlos a ellos, necesitamos otra Venezuela; en fin… necesitamos que la bala deje de gobernar.

     

  • Dignidad sin cupo _ Pedro urruchurtu

    Dignidad sin cupo _ Pedro urruchurtu

    Viernes… anuncian que el Cupo Viajero y sus derivados han sido modificados bajo el eufemismo del ajuste, de la seguridad, de cualquier cosa menos sensatez. La gente, preparada para otro fin de semana del “todo pasa, nada ocurre”, se consterna, se deprime, se molesta.

    De pronto, pareciera que el país, en vías a convertirse en sólo un recuerdo de lo que significa ser una nación, se paraliza en torno a una “injusta medida del régimen”. Exigen que el cupo no se modifique y que, por el contrario, se aumente. Palabras más, palabras menos, la gente exige un derecho sobre lo que verdaderamente es un control que no debería estar allí, pero que existe, que condena, que niega lo que somos: personas.

    Puede parecer banal, puede parecer insignificante, pero de pronto, cuando nada más podría pasar en esta Venezuela que hace rato nos trata como extraños, la gente ataca la forma como nos controlan pero no el control. De pronto se olvida el estómago, se olvida la moral, se olvidan los sueños. Todo pareciera tratarse de defender el “derecho al cupo”, que no es más que defender el control y a quien controla.

    Vale la pena preguntarse… ¿defenderemos algún día la libertad? Con ello no me refiero a la lucha por la libertad frente al régimen que nos oprime, eso es distinto. Me refiero a la libertad de ser nosotros y cada uno, la libertad de escoger, de decidir, de ser felices por sí mismos y no por lo que un grupo inmoral, corrupto y mafioso impone para nosotros.

    Muchos han querido evadir la realidad. Negarla ha permitido convertir en cómplice a quien realmente es la víctima. De pronto, aceptamos para nosotros lo que unos pocos creen lo mejor para nuestras vidas. De pronto, la felicidad de cada quien es obligada a ser la felicidad de un todo que de todo pasa a ser total y de lo total a anularnos como personas. Sí, se trata de un modelo totalitario, con clara vocación y tendencia a destruir, que sólo busca el poder por el poder, sin importar lo que se lleve por el medio.

    ¿Por qué es el gobierno el que debe decirnos cuántos dólares podemos comprar? ¿Acaso la persona que trabaje y gane su dinero dignamente y ahorre para viajar no tiene derecho a comprar libremente las divisas que su poder adquisitivo le permite? ¿Por qué si alguien intenta ahorrar, en medio de esta economía destruida, para viajar dignamente, está condenada a comer y dormir mal porque el gobierno así lo quiere? Muy simple: la vida, la dignidad humana no les importa.

    El país se hunde entre denuncias de corrupción y lavado de dinero a nivel mundial, mientras un grupito se enriquece, creyéndose dueño de Venezuela, condenando a sus ciudadanos a vivir miserablemente dentro y fuera de sus fronteras, irónicamente bajo el imbécil eslogan del “buen vivir”. Nuestra nación enfrenta el modelo de control social más férreo de su historia republicana, con la firme y absoluta intención de volvernos sumisos y anularnos como individuos, convertirnos en masa inútil, mendiga y doblegada. Lo más triste es que muchos ven esos controles como “derechos” y de pronto exigen cosas en torno a ellos, pero nunca su eliminación.

    La sociedad ha sido cómplice de los controles, por acción o por omisión. Algunos por no tener opción, otros por oportunismo, otros por desinterés, pero todos han estado allí. La empresa privada pide revisión de precios, pero no piden que se eliminen los controles que los imponen. La gente pide que se les aumente el cupo, pero no pide que se les deje comprar libremente las divisas. La gente pide una Venezuela libre, pero sin libertad de ser nosotros mismos, dejando nuestra dignidad en manos de los indignos. Delegamos nuestra propia felicidad y dignidad, y nos quejamos de que nos utilizan… En fin, siempre les hemos dado la razón: preferimos reír al son del chiste del payaso malo, pero realmente queremos que el circo siga.

    Parte de la dirigencia no dice nada de los controles. El silencio cómplice sólo pareciera decirnos que no pueden atacarlos porque tal vez los necesiten cuando lleguen al poder, si es que cuando lleguen encuentran país. Si ellos dicen querer un mejor futuro y plantean un cambio, pero ven en los controles parte de la solución, habremos sucumbido en la repetición de nuestra tragedia: el miedo al futuro en sí mismo.

    Cada vez que un ciudadano defienda su “derecho a sus dos mil dólares”, le da la razón a los que han pretendido decirnos qué pensar, qué comer, qué hacer, qué ser. Cada vez que alguien defiende, consciente o inconscientemente el control, realmente está viendo la dádiva del régimen como digna. La dignidad no es una concesión que otro debe darnos. Lo primero que debemos aprender como sociedad es que la dignidad es un asunto de cada quien, es propia, es única.

    Desde hace mucho nuestro país es pan y circo, pero sin pan. Desde hace rato Venezuela se convirtió en una supuesta jaula de oro, que terminó oxidándose, a la cual cada vez le pasan más llaves y le ponen candado. La primera llave, fue la propia implementación del control cambiario; la segunda, el no conseguir boletos; el candado, reducir paulatinamente el “merecido” Cupo Viajero. El control sigue avanzando, obligándonos inclusive a ser parte de la Banca Pública, para ser vigilados por los mayores saqueadores de la historia. ¿Lo más triste? Veremos a la mayoría haciendo colas para tener su cuenta en un banco del Estado, sin importar que eso se traduzca en humillación. Siempre será válido preguntarnos: ¿esto es lo que queríamos ser como país?

    La dignidad cada vez parece estar más ausente. Por un lado, nos la han robado y, por el otro, la hemos entregado. Sin oponer resistencia, aceptamos ceder nuestra condición humana, para complacer a los que no han cedido en su afán de destruirnos. Colas, humillación, resentimiento… la fórmula mágica de los indignos para hacernos creer que en ellos radica la dignidad.

    Pareciera que hoy todos pelearán por su cupo. Pareciera que todos, con una falsa idea de indignación, pedirán que les den lo que les corresponde cuando lo que les corresponde debería decidirlo cada uno según lo que aspira, lo que sueña. De seguir así, todo lo malo tendrá aún más cabida, todo lo maligno tendrá lugar y lo único que habrá quedado por fuera será la dignidad, nuestra dignidad. Sí, la dignidad sin cupo.

    Twitter: @Urruchurtu

  • Unos realitos – Por Miguel Velarde

    Unos realitos – Por Miguel Velarde

    Termina una semana en la que la noticia más importante fue la Cumbre de las Américas que se realizó en Panamá. Como era predecible, la atención estuvo centrada en el histórico encuentro entre el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y el de Cuba, Raúl Castro. La participación, por primera vez, de un enviado del Vaticano junto a los 35 principales líderes de los países de la región, le otorgó una relevancia especial a un encuentro cuyo mensaje principal fue el compromiso por lograr mayor desarrollo e igualdad de oportunidades mediante el trabajo y el diálogo sincero.

    Todo muy diferente a lo que ocurre en Venezuela. Mientras en Panamá la región buscaba la manera de asegurar las libertades, fortalecer la economía y ampliar la participación de los ciudadanos, el sorpresivo recorte del cupo de divisas para viajeros fue la noticia que eclipsó cualquier otra en el país. La resolución, publicada el viernes en Gaceta Oficial, en la que se recorta a un máximo de 2000 dólares anuales el gasto que cada venezolano puede hacer –en 2003, ese monto era de 5000 dólares anuales más 3000 en compras por Internet- causó un profundo malestar especialmente en la clase media del país.

    Este recorte afecta prácticamente a todos los destinos. Estados Unidos, por ejemplo, pasa de 2.500 a 700 dólares para todos los estados. El cupo electrónico se mantiene en 300 dólares, pero se fracciona en 100 por cuatrimestre y no son acumulables. Es decir, se podrá comprar algo cuyo máximo valor podrá ser 100 dólares tres veces al año, además, de ahora en adelante estas divisas se podrán tramitar  solamente en la banca pública.

    Es fundamental comprender que el gobierno no recorta los cupos por motivos políticos o ideológicos. La razón es simple: no tienen dólares. Es el mismo motivo por el que desde hace ya meses sufrimos niveles inéditos de escasez y también por los que hoy Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo.

    Como el fracaso del modelo económico se nutre a sí mismo y se convierte en un interminable círculo vicioso, lo más probable es que el recorte en los cupos de viajeros haga subir el precio del dólar paralelo y con ello el de muchos productos que se consumen en el país. Además, no queda duda que cada vez serán más los venezolanos a los que se les hará imposible salir de Venezuela.

    La realidad es que el recorte en el cupo de viajeros genera noticia, pero es solo un síntoma más de una enfermedad mucho más grave en la economía. El modelo, ya evidentemente fracasado, está colapsando a nuestro alrededor y sería un error quedarnos viendo los pedazos que caen cuando el techo está a punto de aplastarnos.

    Hace un par de años no era fácil advertir lo que se venía, el “no vale, yo no creo” se imponía. Hoy la realidad nos alcanzó y la conciencia del mundo entero ha comenzado a despertar.

    Por eso, no deja de sorprender que la indignación por la reducción en el cupo sea mayor a la que pudo haber causado el tema del Esequibo o la permanente violación a los derechos humanos. Si los que lamentan la reducción del cupo reclamaran con la misma vehemencia por el final de los controles y la libertad cambiaria, todo estaría mejor.

    Ojalá muy pronto, todos los que aún no lo han hecho, comprendan que Venezuela vale mucho más que unos “realitos”.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Escasez de conocimiento – Por Miguel Velarde

    Escasez de conocimiento – Por Miguel Velarde

    En Venezuela seguimos atascados en el discurso trasnochado de la lucha de clases

    En las últimas décadas, el mundo ha cambiado a una velocidad inédita, en gran parte gracias a la tecnología y a la globalización. Las fronteras son cada vez más difusas, no solamente las geográficas, sino también las que antes separaban a los individuos en cuanto a sus oportunidades y desarrollo.

    De la mano de este reordenamiento, vino también una nueva forma de liderazgo. Atrás quedaron las élites de apellidos compuestos o las que con base en su poder económico eran las dominantes. Hoy en día es un nuevo tipo de linaje el que guía al mundo, aquel que no se fundamenta en de dónde se viene o cuánto se tiene, sino de cuánto se sabe: la aristocracia del conocimiento.

    Mientras la mayoría de países, incluso en la región, mide su progreso en términos de desarrollo, producción e innovación, en Venezuela seguimos atascados en el discurso trasnochado de una lucha de clases que solo existe en la mente de quienes aún no se enteraron que el Muro de Berlín cayó hace 25 años.  La “burguesía”, la “oligarquía” y el “pueblo” hace mucho que trabajan de la mano buscando generar riqueza para el bienestar de todos.

    El problema con el conocimiento en nuestro país es que se ausenta no solamente en su forma más profunda. La mayoría de los ciudadanos carece también de la información básica que les permita formar una opinión educada sobre ciertos temas y, en consecuencia, fijar una posición. En parte, esto se le puede adjudicar al hecho de que existe una total hegemonía en el control de los medios de comunicación por parte del gobierno, los cuales en los últimos años se han convertido en mecanismos de propaganda.

    Pero tampoco podemos negar nuestra responsabilidad como ciudadanos. En una era como la actual, donde los nuevos medios tecnológicos nos permiten acceder a información en tiempo real, con un poco de voluntad podríamos tener un nivel de conocimiento mucho mayor al que hoy gozamos. Si lo dudamos, bastaría con preguntarnos, ¿cuántos venezolanos saben que viven en el país con la inflación más alta del mundo? ¿Saben acaso que Caracas es la segunda ciudad más peligrosa del planeta? ¿Están conscientes de que el salario mínimo, en términos reales, es de los más bajos a nivel global: 75 centavos de dólar por día? Y, en relación a la educación, ¿sabrán acaso que en Venezuela el sistema es de muy baja calidad, no existe una estructura para la educación especial y los sueldos de los profesores son miserables?

    Hoy, sumado a lo anterior, vivimos con una preocupación incluso mayor: la escasez de alimentos, de medicamentos, de seguridad y de muchas cosas más. Sin embargo, son pocos los que se toman un momento para reflexionar sobre la ausencia de, quizás, el elemento clave para resolver todas las demás: la escasez de conocimiento.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Cuando la verdad nos alcance… – Por Pedro Urruchurtu

    Cuando la verdad nos alcance… – Por Pedro Urruchurtu

    Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que muchos siguen viviendo de una realidad que hace mucho dejo de ser tal. Algunos aún viven de la resaca de la esperanza; esperanza que no se extingue pero que no termina de traer lo que promete.

    Mientras algunos siguen viendo en quienes ostentan el poder la solución a sus problemas, ellos, quienes gobiernan, siguen observando en esa gente su garantía de poder. Nunca un gobierno fue tan claro en sus propósitos: “para que sigan gobernando los pobres”. Y es que de eso se trata, de que el pobre siga siendo pobre, dependiente de la dádiva del Estado a cambio de un voto, tan miserable como la vida que algunos llevan. Siempre he criticado, y criticaré, a los que condenan a la gente a la pobreza con el simple hecho de ver a los pobres como una prioridad, pero sólo una prioridad para ganar poder. El pobre es pobre por ausencia de oportunidades de desarrollo propias y no necesita de un Estado que le dé todo, sino de condiciones para que pueda surgir por sí solo. Pero esa no es mi reflexión de hoy.

    Mientras muchos siguen distraídos en el firme propósito del régimen de someter a los ciudadanos, mientras algunos pasan horas en colas porque así lo quieren quienes mandan hoy, mientras todos se empeñan, consciente o inconscientemente, en darle la razón al régimen porque no hay otra opción sino simplemente sobrevivir, este se haya fuerte, sólido y decidido a seguir dominando. Cuando el hambre se vuelve gobierno, todos dan hasta la vida por comer.

    Nadie está analizando las horas de productividad que hemos perdido como país, gracias a la necesidad de la gente de sobrevivir. ¿Cuántas horas de empleo se han perdido por hacer una cola que raciona la dignidad humana? ¿Cuántos puestos de trabajo quedan vacíos gracias a la humillante política del “comes lo que yo diga, como yo diga” del régimen? ¿Alguien acaso duda que la destrucción de la empresa privada tenga el más perverso fin de control de todos? Como alguien decía por allí, y la historia lo ha demostrado, el socialismo sí que sabe sobre economía: sabe cómo convertirnos a todos en pobres.

    Para otros, parecería imprescindible que seamos una especie de zombis, sumidos en la más profunda anestesia de quienes necesitan defender sus cuotas de poder. Nos convocan a lo único que les interesa, dejando de lado cualquier recuerdo crudo de represión, de tortura, de presos políticos y de todo aquello que ha vulnerado nuestra sagrada condición humana. Como si nada hubiera pasado, como si la mentira nos gobernara, hoy nos olvidamos de todo para sencillamente expresarnos en un voto que legitima al régimen y que sólo le da la razón a los opresores.

    Lo más preocupante es que quienes han dicho la verdad, desde el primer día, sobre la naturaleza del régimen, son acusados de mentirosos bajo la más “genuina” expresión del “No, vale… ¡Yo no creo!”. Hoy, cuando el tiempo parece darles la razón a quienes hicieron tales advertencias, la incredulidad sigue de frente y nos obliga a marchar como si nada más importara. Es lamentable que la incredulidad o la exageración que algunos ven en quienes denunciaron lo que íbamos a ser y, en efecto, nos convertimos, sea la excusa perfecta para que el silencio, y sus tonos cómplices, hagan presencia.

    La mentira, la propaganda, las falsas verdades y todo lo que les acompaña se han apoderado de nuestra realidad. Vivimos de una mentira de la que no queremos despertar porque, aunque sea por migajas, nos sentimos cómodos. Podemos ver caer a compañeros a nuestro lado, podemos ver como unos humillan a otros, podemos sentir que el país se nos derrumba, pero la mentira nos hace caer en su más vil rostro: la indiferencia.

    La mentira sigue corriendo, ha minado todos nuestros espacios. De lado y lado la defienden, sabiéndolo o no, y prefieren seguir adelante sin denunciar porque la denuncia distrae, aleja, divide y toda clase de elementos negativos, sin darse cuenta de que lo que realmente nos ha hecho daño es precisamente no denunciar y callar ante la mentira y su reino.

    La verdad necesita de más defensores. Lo acomodaticio no puede ser excusa para callar y darle rienda suelta a la mentira y su vil carcajada traducida en la sociedad sumisa que somos hoy. En honor a nuestros libertadores, a los forjadores de esa nación libre que debimos ser y hasta fuimos, en honor a los que hasta ayer han dado todo por volver a la libertad,  tenemos el deber de defender la verdad. La complicidad no admite ya más lugar que el que da la propia mentira. Es hora de hacernos eco de la verdad.

    Seguir como si nada, seguir avalando nuestra destrucción, seguir actuando sin actuar, sólo hace que la mentira siga imponiéndose. El gran problema es que de seguir así, la mentira habrá logrado su cometido y todos la habremos justificado. De ser así, cuando la verdad nos alcance, no habrá nada que defender. Cuando la verdad nos alcance, ya no habrá verdad; ya no habrá nada.

    Twitter: @Urruchurtu

  • ‘Cumbre de las Américas tendrá que escucharnos’: María Corina Machado

    ‘Cumbre de las Américas tendrá que escucharnos’: María Corina Machado

    Habla del documento que busca la libertad de detenidos en Venezuela y que presentará en el evento.

    A un bien aceitado sector de la OEA no le agrada escuchar a los venezolanos cuando se trata de democracia y la defensa de los derechos humanos. Lo sé por experiencia propia.

    Hace un año entré al salón Simón Bolívar de la sede de la OEA en Washington a una reunión ordinaria del Consejo Permanente, donde estaba prevista en la agenda mi intervención.

    Venezuela vivía días de profunda agitación, con masivas protestas en las calles, que Maduro ordenó reprimir brutalmente por fuerzas civiles y militares y bandas paramilitares. Decenas de muertos, centenares de heridos y detenidos, numerosos casos de tortura, de estudiantes en su mayoría. En su nombre debía hablar yo ese día. Once países votaron para escuchar las denuncias, pero 22, presionados por el representante de la dictadura venezolana, Roy Chaderton Matos, optaron por el secreto. (Lea: Los juegos de guerra de Nicolás Maduro ante las sanciones de EE. UU.)

    Primero votaron para excluir el punto de la agenda. Trataron de suspender la sesión, pero, finalmente, gracias a la digna y consecuente representación de Panamá, pude hablar brevemente, siguiendo un procedimiento acostumbrado en la Organización, como en otra ocasión lo hicieron Nicaragua, Panamá y, más recientemente, Honduras, precisamente desde la silla de Venezuela. No quisieron escuchar al pueblo venezolano que sufría, hace un año, como sufre hoy.

    Esta semana se reúne la VII Cumbre de las Américas, en medio de esfuerzos diplomáticos para que “el tema venezolano” no “enturbie” la agenda. Ese “tema”, objeto durante años de la más cruel y culpable indiferencia de las democracias del hemisferio, prefieren eludirlo, y consideran que el desarrollo sustentable, el avance de las nuevas tecnologías y la presencia de la dictadura cubana son más urgentes que la cruel y sistemática violación de DD. HH.

    Ante el encuentro en Panamá, el régimen opresor y los ciudadanos en lucha cívica coincidimos en que la situación venezolana no sea ignorada. (Lea: Dos años sin Chávez y Venezuela sigue desplomándose)

    Maduro aspira a cohesionar a sus aliados en un sentimiento antinorteamericano, en repudio a las sanciones impuestas a violadores de los DD. HH. Los ciudadanos aspiramos a ser escuchados en la OEA y a que la situación sea tratada a la luz de la Carta Democrática Interamericana.

    Al regresar a Venezuela de la OEA, hace un año, el presidente de la Asamblea Nacional, teniente Diosdado Cabello, decidió, arbitraria e ilegalmente, expulsarme del Parlamento, acusándome de traición a la patria, alegando que había “aceptado un cargo de otra nación” al hablar en la OEA. Atropellando mi inmunidad, me impiden ejercer mis funciones parlamentarias, desacatando la soberanía de mis electores; me imputaron por conspiración y me prohíben salir del país.

    Desde que hablé en la OEA, en Venezuela han asesinado a más de 25.000 personas, encarcelado a líderes opositores, sindicalistas, comerciantes, tuiteros y estudiantes; censurado y cerrado medios de comunicación y obligado a empleados públicos, militares, presos comunes y niños a firmar contra las sanciones impuestas a violadores de los DD. HH.

    Hoy, reconocidos demócratas del mundo elevan con firmeza su voz por la libertad de los presos políticos y de todos los venezolanos. La evidencia del carácter tiránico y corrupto del régimen es abrumadora.

    Es una dictadura militar militarista, vinculada con el narcotráfico y el crimen organizado internacional, dispuesta a todo para preservar su poder. La OEA lo sabe y si otra vez se niega a escuchar a los venezolanos quedaría claro que Chávez habría logrado su declarado propósito: destruirla. (Lea: Las propuestas que llevará Santos a la Cumbre de las Américas)

    Así como los venezolanos tendremos que reconstruir nuestro país y sus instituciones, a los americanos nos tocará reinventar a la OEA.

    Manifiesto de 21 expresidentes

    Al menos 21 expresidentes de América Latina y España entregarán en el marco de la Cumbre de las Américas, que comenzará este jueves en Panamá, una declaración conjunta con la que exigen la liberación inmediata de Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos. También solicitarán el respeto por los DD. HH. y las libertades democráticas. La declaración, liderada por el colombiano Andrés Pastrana, cuenta con el apoyo de José María Aznar de España, Felipe Calderón de México, Jorge Quiroga de Bolivia y Óscar Arias de Costa Rica, entre otros.

    Fuente: El Tiempo