Categoría: Opinión

  • El silencio como estafa – Por Pedro Urruchurtu

    El silencio como estafa – Por Pedro Urruchurtu

    Vivimos en una Venezuela sumida en los más oscuros incentivos, que se traducen en extorsión, crimen y todo aquello que hace de un país la negación de sí mismo. Hoy, debemos sumarle una nueva manera de burla al ciudadano, de estafa,  de subestimación: el silencio.

    Nuestra nación enfrenta los más oscuros momentos que en su historia haya podido atravesar. El país, prácticamente en las ruinas, es reconocido en el mundo entero como un peligro debido a nexos, actividades y acciones que distan mucho de ser dignas de un país con siquiera un mínimo de democracia. Pero ante esos atropellos, ante esa indignación y ante esa identidad que no nos definen en lo absoluto, recibimos lo que menos deberíamos estar esperando: el silencio.

    Naturalmente, quienes se ven involucrados en denuncias y acusaciones optarán por callar, por negar y por achacar la culpa al otro. Pero tal actitud no deberíamos esperarla de quienes dicen ser una alternativa, de quienes pretenden llegar al poder y de quienes, en principio, son la oposición de esta Venezuela agonizante. Lo más correcto, sin lugar a duda, es que esa alternativa democrática, representada en el seno de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), dé un paso adelante, marque distancia y denuncie la terrible realidad que nos arropa. Pero, de nuevo, al no diferenciarse, caen en el mayor indicio de complicidad que puede existir: el silencio.

    Lo peor no es eso. Lo realmente vergonzoso es que mientras algunos líderes y partidos dentro de la Unidad han denunciado tajantemente la naturaleza, carácter y forma de actuar de este régimen, recibiendo, por supuesto, los más duros golpes y castigos y asumiendo la valentía de enfrentarlos, son acusados por los “compañeros” de la misma oposición de ser radicales, de desviar el objetivo electoral y de ser “inoportunos” ante el momento que vive el país. La gran verdad es que el sentido de oportunidad muchos lo perdieron aquí hace rato y lo sustituyeron por el sentido del oportunismo. Ese oportunismo es el que hoy hace que prácticamente la impunidad se vea en brazos de aquello que reina: el silencio.

    No conformes con vivir en un país hastiado de censura y represión, quienes deberían hacerlo todo por romper esas barreras, nos atan y hunden más en ellas. La mentira como política de Estado ha hallado como contraparte al silencio como política opositora. Cuando la mentira reina por un lado, y el silencio gobierna por el otro, difícilmente la verdad vencerá. Y sin verdad vencedora, todo lo que se haga terminará brindándole estabilidad a quienes nos han hecho creer en la miseria y en el fracaso como nación. Y en parte lo hemos permitido por una cosa: el silencio.

    Algunos hablan de sensatez, piden determinación y exigen disciplina en las filas opositoras con claras miras hacia un objetivo electoral de dudosa realización y de amplísima desventaja. La dudosa realización está en manos del gobierno, quien juega a su antojo con el poder, y la amplísima desventaja la ha permitido a esa misma oposición que considera que una votación masiva y contundente, y sólo eso, puede derrotar al régimen que lo tiene todo, lo compra todo, lo mata todo y lo controla todo, participar sin exigir las mínimas condiciones electorales, sin ponerle freno a las imposiciones  y cambios que el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha ido estableciendo en detrimento de la identidad del votante y del secreto del voto. Una vez más, se impone el silencio.

    Peor aún es escuchar a algunos opositores decir que es sensato que la MUD se enfoque en las Parlamentarias y no en denuncias de temas que parecen ser pocos trascendentales. Esos mismos son los que no se han dado cuenta que los tiempos han cambiado, que el país es otro, peor, más peligroso y destruido. Ellos son los que no han entendido que sin la dirección correcta, sin ejercer el rol que como oposición debe cumplirse, sin decir nada casi al punto de la indiferencia, sin hacer las cosas distintas a como ellos las hacían cuando gozaban de verdadera democracia, unas elecciones son realmente las poco trascendentales cuando la realidad avanza, arropa, condena. La ecuación cambió. Pero aún así insisten en decirnos que sólo votar es lo importante, de resto, nos pagan con lo mismo: el silencio.

    De todo esto, lo más preocupante e indignante es que quienes dicen la verdad son castigados, acusados, señalados y estigmatizados. Los que dicen lo que va a pasar, lo que está pasando y lo que pudimos evitar, son los culpables, según otra parte opositora, de que las cosas no hayan salido bien. La verdad es que verse el ombligo solamente y no entender que la gran verdad es que, salvo esas excepciones, no hay oposición que se oponga a algo, nos va a seguir conduciendo al laberinto de la derrota, de la contradicción, de la humillación y de la complicidad. Si la verdad es castigada y si sólo se dice que hay que ganar espacios pero no se denuncia que el régimen hace todo para controlar todos esos espacios, amigo lector, no espere otra cosa sino el silencio.

    Mientras eso pasa, todo lo demás ocurre: nuestra integridad territorial es pisoteada con respecto a la situación con Guyana, los medios cada vez más son objeto de censura y presión, la represión y la violación a los DD.HH es cada vez más sistemática, la escasez y la inseguridad son emperadoras de la desgracia, con la bala como gobierno, y aún así nos dicen que nada de eso es trascendental, que lo único que vale es el voto, que el voto es la única forma de sistematizar y redirigir el descontento, pero ninguno nos dice cómo el voto hace magia cuando nosotros hemos dejado que el mago, con sus artimañas, haga del voto todo menos un acto de confianza. Decir que un voto vale más que cualquier otra cosa, sólo nos llevará a la mayor insensatez de todas: el silencio.

    Es inaceptable que esto esté ocurriendo hoy en un país que está clamando a gritos un cambio pero, con más fuerza, está clamando ver alguna actitud que dé señales de ese cambio. No es posible que Venezuela entera esté condenada a la miseria y que lo único que se diga es que una nueva Asamblea Nacional es la única solución, cuando sabemos que no lo es. Si hay una derrota, le echarán la culpa al elector, no a la miseria que gobierna. De nuevo se habrá impuesto el silencio y nada de lo que se diga será tomado como positivo. Por el contrario, la hoguera esperará a quienes defienden la verdad, y sólo habrá un claro vencedor: el silencio.

    La miopía es el mal que más puede hacer daño a la política si no se le toma en serio. Echarle la culpa a la causa y no al problema que la origina, es un acto de estabilidad, de complicidad y de irresponsabilidad. Tomar como intrascendente lo que realmente ha destruido al país, hará que nada de lo que se haga, como alternativa democrática, sea tomado en serio. No desmarcarse de las denuncias, no decir ni una sola palabra y no defender la verdad, traerá consigo una derrota más dolorosa que las otras: una derrota moral. Estamos a tiempo, antes de que comencemos a pensar que todo esto se ha tratado del silencio como estafa.

     

  • De la inhabilitación preventiva de los partidos – Por Luis Barragán

    De la inhabilitación preventiva de los partidos – Por Luis Barragán

    Luego de una larga espera, agotadas las diligencias y requisitos legalmente exigidos, el Consejo Nacional Electoral (CNE) niega el reconocimiento de un número importante de partidos que, por ello, no dejan de existir. Todavía absteniéndose de precisar la fecha comicial, el organismo – dato relevante – constitucionalmente jerarquizado, retardó la decisión hasta iniciarse el difícil proceso de composición de las candidaturas parlamentarias, preñándola de suspicacias.

    Que sepamos, hay varias organizaciones solicitantes que cumplen con todas las formalidades y, además, están avaladas por algo que llaman hecho público, notorio y comunicacional, por cierto, criterio judicial trastocado en una inadvertida muletilla cotidiana. Artefacto verbal aparte, son ciertamente representativas de extensos, críticos y activos sectores de ciudadanos que el Estado no debe obviar, divorciándose de las realidades que lo afectan y lesionan en términos estrictamente institucionales.

    Por ejemplo, del lado opositor, prohibir cautelarmente – una exacta equivalencia – a Vente Venezuela (VV), propulsado por la diputada María Corina Machado, y al Partido Democrático Nacional (PDN), empeñado en la socialdemocracia original; o, del lado oficialista, a Marea Socialista (MS) y el Movimiento por la Democracia Directa (MDD), disidentes aunque en protesta vehemente por la autenticidad del mensaje chavista, constituye algo más que una torpeza del régimen saturado por la inmediatez de la coyuntura al reforzar el status quo de los partidos existentes, delimitando el juego por sus consabidas incapacidades políticas, amén de forzar la estelaridad del principal partido de gobierno, escasamente competitivo y que, faltando poco, le resulta impensable sobrevivir a tendencias que arriesguen su carácter y hasta intrínseca naturaleza gubernamental, como no ocurrió con otros de semejante condición en los famosos 40 años. Sin embargo, en última instancia, siendo indispensable para una efectiva participación, de un plumazo prohíbe la debida representación ciudadana, inevitable cualidad que el propio Estado se priva de canalizar.

    Tamaña e innegable representación que no debe ni puede ejercer una organización no gubernamental o los gremios que se ideen, pues, más allá del consabido Duverger, los partidos le dan concreción a la imaginación cívica, son agentes de la socialización política e instancias para la eficaz colegiación de las decisiones que versan sobre el poder y, mejor, el poder pastoral. Así faltaren a estos requerimientos, explicando una dramática crisis, continúan como banderas frente al retroceso que ha experimentado a institucionalidad partidista en Venezuela.

    Más de las veces, confundiendo facetas propias de la iglesia, la empresa y el ejército, como ha dictaminado recientemente un articulista de la prensa foránea, lo cierto es que literalmente existen sectores urgidos de la correspondiente representación que no encuentran cabida por la creciente simplicidad o involución sufrida por muchas de las entidades partidistas legalmente reconocidas que, acotemos, abonan al impacto poderoso que produjo la denominada antipolítica en nuestro país, anidando aún más el autoritarismo. Las redes sociales contribuyen a la agregación de intereses, pero – prótesis, al fin y al cabo – no se entiende la virtualidad sino en una rigurosa prolongación y correspondencia con el mundo real.

    Nada impide que los partidos por establecerse sean y se comporten como tales, así como los establecidos sepan de una lenta o rápida pulverización, la cual no depende de un acta de defunción. Muchos o pocos, de nueva o vieja data, los partidos son indispensables, refiere Perogrullo, sobre todo por la fuerza de su representación ciudadana y mal puede desestabilizarse el Estado mismo, soslayándolos.

    Expresiones poderosas de ambas aceras, como Vente Venezuela o Marea Socialista, resultan preventivamente inhabilitadas. Podrá decirse que otras más antiguas, como el PCV y el MIR, en su momento sufrieron una medida consumada, según nos lo comentara un parlamentario oficialista, aunque con olvido de algunas circunstancias como la de una abierta promoción de la insurrección armada que, después, sabiamente, con la Política de Pacificación, comenzando por la aceptación de Unión para Avanzar (UPA), se tradujo en el reconocimiento de los sectores representados al legalizarlos y darles oportunidad para la participación electoral.

    Twitte: @LuisBarraganj

  • Quebrados – Por Miguel Velarde

    Quebrados – Por Miguel Velarde

    Más allá de un dato económico negativo, es un pésimo síntoma político

    Es indisimulable: el Bolívar Fuerte está más débil que nunca y nuestro dinero vale cada día menos. El salario del venezolano se esfuma en la compra de algunos productos básicos y la capacidad de ahorrar o invertir es prácticamente inexistente. Lo más dramático del desmoronamiento del poder adquisitivo de los ciudadanos no es su bajo nivel actual, sino que no deja de caer.

    Es por eso que una de las noticias más importantes de la semana pasada fue el nuevo desplome del bolívar frente al dólar. Según el portal Dólar Today, el miércoles el dólar superó la barrera de los 300 bolívares y el viernes cerró en 317,12. A finales de febrero, el dólar “paralelo” había roto la barrera de los 200 bolívares; y fue casi seis meses antes, en septiembre de 2014, que había superado los 100. Esto indica un claro aceleramiento en la pérdida de valor de nuestra moneda y todo apunta a que se mantendrá a un ritmo preocupante. Lo que pueda pasar de aquí a fin de año es impredecible.

    El tipo de cambio no ha frenado su subida, a pesar de que el gobierno ha flexibilizado en parte los controles sobre éste. Hace tres meses anunció la creación del Sistema Marginal de Divisas (Simadi) que, bajo la supervisión del Banco Central, debería cotizar el dólar en un mercado de oferta y demanda. El Simadi comenzó cotizando a 170 bolívares –un monto muy similar a lo que en ese momento cotizaba el “paralelo”-, sin embargo, con el paso de los días y principalmente afectado por la insuficiente oferta de divisas, el precio del mismo también fue subiendo hasta cerrar el viernes en 197,89 bolívares.

    Esto tiene un impacto directo en la inflación. En un país en el que la gran mayoría de los productos que consumimos son importados y en el que cada vez más productos se están adquiriendo a un dólar caro, es inevitable que las subidas en la cotización del dólar “paralelo” empujen fuertemente los precios hacia arriba.

    Venezuela cerró el 2014 con una inflación de 68,5%, la más alta del mundo. Todo indica que, aunque aún no se han presentado cifras oficiales en lo que va del año, hacia finales del mismo habremos llegado a los tres dígitos. Eso, sumado a los niveles de escasez de un país en guerra y bajos salarios, hacen que sobrevivir para el venezolano se parezca cada vez más a un milagro.

    Esto va más allá de un dato económico negativo, también es un pésimo síntoma político. Uno de los elementos claves en materia de economía es la confianza. Lo que hoy ocurre en el país demuestra que se ha perdido ésta en el gobierno y en las medidas que se toman y es por eso, entre otros motivos, que las escasas sensatas que se toman son tan poco efectivas.

    Mientras tanto, los venezolanos pasan sus días en colas para comprar lo poco que se encuentra al alcance de los míseros recursos que tienen. Las caras que en ellas se ven son de desesperanza e impotencia.

    Se sienten, tanto económicamente como espiritualmente, quebrados.

    Twitter: @MiguelVelarde

     

     

  • La “Patria” como castigo – Por Pedro Urruchurtu

    La “Patria” como castigo – Por Pedro Urruchurtu

    Las últimas semanas han permitido observar (y a algunos entender) la magnitud y gravedad de la crisis que atraviesa Venezuela. Han quedado en evidencia grandes dramas que como país vivimos: la inseguridad, traducida en la bala como gobierno; la migración, traducida como política de exilio a los propios venezolanos; el ventajismo y fraude electoral, como forma de legitimar al régimen; y, en general, el panorama de lo que padecemos día a día gracias a un régimen que ha hecho del miedo su mayor logro. Lo más grave de esto no es denunciar lo que ocurre, sino que todavía haya quienes duden de que gran parte de esta crisis sea por diseño, con plena intención: quieren controlarnos y ser eficientes pero no para Venezuela sino para ellos mismos; eficientes para preservar el poder, la corrupción, los nexos.

    Defender la verdad no es un asunto de medias tintas. La verdad se debe defender tajantemente, frente a todo lo que se le oponga, incluso frente al miedo. Soportar, luchar, denunciar, son tareas a las que no se puede renunciar, esté donde se esté. Cada vez que se tira la toalla, que se guarda silencio, que se complacen posturas acomodaticias, le damos una victoria al régimen; ese mismo régimen que ha hecho de la bala un gobierno y de la justicia un recuerdo. No podemos ser ingenuos ni seguir pensando en que el objetivo de quienes hoy usurpan el poder no es controlarnos. Todo lo contrario. Su avance, paulatino, calculado, a veces torpe pero nunca inocente, es parte de un modelo de profunda naturaleza totalitaria que pretende coartar e invadir todos los espacios del ámbito humano, del individuo, incluso su mente.

    Hoy, como si nada, podemos encontrar en las redes la nueva evidencia de ese control que más temprano que tarde será implementado si no hacemos algo para evitarlo. Se trata de la llamada “Red Patria”, una plataforma tecnológica “alternativa” desarrollada por venezolanos que busca contrarrestar a las aplicaciones “mercantilistas de los Estados Unidos”. Esta Red, alojada en servidores venezolanos (sí, todos controlados por el Estado), está inspirada en especies de aves venezolanas y pretende articular esfuerzos de comunicación, en principio, entre colectivos pero con miras a consolidarse como bandera del “Poder Popular”. La “Patria” conectada en una red… ¿red para qué? Perverso fin…

    Lo más grave es lo que cada una de las aplicaciones de la plataforma nos trae. En primer lugar, una llamada “Nido”, una especie de sitio web al mejor estilo de red social (como Facebook), en el que se comparten blogs, contenidos, vídeos, etc., entre los usuarios, con perfiles personalizados; “Mochuelo” (la más grave), la cual constituye una “red de alerta temprana” contra amenazas al pueblo, es decir, contra el acaparamiento, las guarimbas, el sabotaje y cualquier cosa que ellos consideren peligro a la “paz”; “Colibrí”, inspirada en la aplicación Whatsapp, que servirá como mensajería instantánea entre teléfonos móviles y computadoras; “Golondrinas”, que funciona como una nube (estilo Dropbox), en la que se albergarán documentos y contenidos; “Cardenalito”, similar a Twitter, en la que se compartirán mensajes cortos y enlaces a contenidos; y “Cóndor”, herramienta para gestionar monitorear cuentas de Twitter.

    ¿Qué significa todo esto? En un país donde la censura y la autocensura son las reinas de una sociedad que no tiene más opción que recurrir al “boca a boca”, con cada vez más limitaciones de acceso a sitios web, redes sociales, etc., con menos diarios impresos y con medios de comunicación, en general silenciados, este tipo de plataformas constituiría el más oscuro y perverso fin que se hayan propuesto los saqueadores que hoy nos gobiernan: control absoluto sobre todo lo que se diga, se comente y se pretenda difundir. Este atentado a la verdad, se traduce en que la verdad se verá aniquilada a sí misma, en la medida que se vaya bloqueando el acceso a las tradicionales aplicaciones que todos usamos de alguna manera (Facebook, Twitter, Dropbox, Whatsapp), haciendo que hoy, más que nunca, nos callen.

    Muchos dirán que esta iniciativa, vendida como la más genuina e ingenua muestra de venezolanidad y talento nacional, no es más que eso: un experimento de talento. Lo que muchos no entienden es que el experimento somos todos nosotros y que los enemigos de la verdad necesitan que quienes la defendemos, no lo hagamos más. Otros dirán que es exagerado (de nuevo con el “No, vale… ¡Yo no creo!”) y que es imposible que puedan controlar todo.

    Pues a esos “optimistas del oscurantismo” y negadores de la realidad, es bueno recordarles que un país en el que su gobierno controla TODO, esto no sería nada complicado, sobre todo, entendiendo que este proyecto es de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL), la cual vigila y decide prácticamente sobre todo lo que respecta a comunicaciones en nuestro país. Cuando el Estado tiene el control de los servidores de internet, y cuando la misma China ha demostrado que puede hasta borrar palabras como “democracia” y “libertad” de la búsqueda de sitios como Google en su país, entendemos que nada de esto es imposible. Al contrario, es muy posible (casi un hecho) que ocurrirá. Reveladora verdad para quienes creen, por cierto, que la ayuda de China ha sido sólo financiera y no en materia de control social y represión.

    Visto este panorama, ¿qué podemos hacer? Pues lo primero que ayudaría mucho es a aceptar esta realidad: pretenden dominarnos por completo. Hacen que los que no soporten, se vayan, y que quienes se queden, sufran. El régimen está muy claro en sus intenciones, pero muchos (incluso dentro de la oposición), no lo están. ¿De qué sirven los votos si no se habla con la verdad? ¿De qué sirve hablar exclusivamente de ganar espacios políticos cuando no se ataca el hecho más dramático de todos: que el régimen pretende controlar todos y cada uno de nuestros espacios?

    Como lo he sostenido antes, la verdad necesita de más defensores. Defensores comprometidos con hacer que esa bandera no caiga, que se ice. La verdad es lo único que nos puede hacer invencibles, pero con claridad de la batalla y del riesgo que significa defenderla. Es muy fácil decirse luchador, pero acobardarse en el silencio; es muy fácil justificarse y no asumir. Queda muy clara la intención y lo que viene si nosotros no hacemos nada para que al menos seamos una nación. Hoy pareciera que el futuro y la esperanza son los recuerdos de un expaís.

    De seguir así, del “No, vale… ¡Yo no creo!”, pasaremos al “¡Ellos son buenos y tenían razón!”. El control, el dominio y la invasión de nuestras mentes, bajo la más clara naturaleza totalitaria, no serán derrotados si no lo vemos frente a nosotros. Desde hace rato están allí, incluso enfrentándose a los que siguen defendiendo la verdad. El problema es que esa realidad nos atropella, nos hace chocar contra ella y no terminamos de combatirla. Reaccionar antes de que sea tarde es la mejor opción. De lo contrario, terminaremos alojados en el nido de la opresión, sin elección, sin voto y sin democracia que valga, porque ellos habrán ganado. Habrán triunfado. Nos habrán impuesto la “Patria” como castigo.

    Twiiter: @Urruchurtu

  • Venezuela, cruzada por los Derechos Humanos – Por Daniel Merchán

    Venezuela, cruzada por los Derechos Humanos – Por Daniel Merchán

    Un reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señaló que los defensores de derechos humanos en países de América Latina trabajan en condiciones cada vez más adversas y son víctimas frecuentes de estigmatización oficial. Uno de los más “frecuentes obstáculos” es la criminalización de los defensores de derechos humanos y en algunos países hay una “creciente sofisticación” de los mecanismos para “impedir, obstaculizar o desmotivar” a los activistas, según el reporte. Esa es una realidad para los venezolanos. El ser defensor de los derechos humanos en un país como Venezuela, donde tenemos un gobierno autocrático que no permite la crítica, que no hables, ni pienses diferente, es difícil”.

    La denuncia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos por parte del Estado venezolano fue una grave reducción de la tutela de las víctimas y de la protección de toda la sociedad. En Venezuela, según cifras oficiales sólo el 3% de los casos de violaciones a los derechos humanos son presentados ante un juez. El resto de los casos terminan con sobreseimientos o archivos fiscales, configurándose un grave esquema de impunidad que asegurar a los criminales que no tendrán ninguna consecuencia por sus acciones delictuales.

    Organizaciones como Amnistía Internacional afirman recientemente en relación al contexto de las protestas que se llevan a cabo en las calles venezolanas, haber recibido también “evidencias de material antidisturbios presuntamente alterado, insertando cartuchos con municiones como bolas de vidrio conocidas como metras, clavos, velas o vidrios rotos con el objetivo aparente de causar el mayor daño posible”.

    Asimismo las denuncias incluyen, detenciones arbitrarias. Como la de Marvinia Jiménez, arrestada y apaleada el 24 de febrero de 2014, cuando “estaba tomando fotos con su celular a vehículos blindados de la Guardia Nacional Bolivariana mientras estaban disolviendo una manifestación cerca de su casa” en Valencia, o Marcelo Crovato, colaborador de la organización Foro Penal Venezolano, detenido el 22 de abril, “cuando acudió a prestar sus servicios como abogado a la residencia de unos clientes” en Caracas. También se destaca las detenciones de líderes opositores, como Leopoldo López y Antonio Ledezma, restricciones de salida del país a la diputada María Corina Machado, entre otros, circunstancias todas políticamente motivadas.

    De igual modo, las violaciones quedan sustentadas en algunas decisiones del gobierno, como permitir la participación de las Fuerzas Armadas en el control de las protestas facultándolas, además, para el uso de armas de fuego, otro intento de las autoridades por acallar las voces críticas, de igual modo con el colapso de los servicios públicos que mantienen a los ciudadanos esclavizados ante la escasez de productos, fallas eléctricas, contaminación del agua potable,

    La censura y autocensura han sido la sombra de los medios de comunicación venezolanos durante muchos años, sin embargo, desde hace unos meses el avasallamiento a cualquier idea u opinión distinta a la que plantea el Gobierno Nacional actual se ha intensificado. El cerco mediático está cada vez más fortalecido, dejando muy poco espacio para la diversidad de fuentes de información a la ciudadanía. Cada día se estrechan los canales de información y, a su vez, se castigan y eliminan las vías alternas.

    Además del condenable hecho de ejercer el periodismo con censura, los periodistas venezolanos también son objeto de persecución y agresión, tanto física como psicológica. Reporteros gráficos, ya sean pertenecientes a un medio o independientes, son constantemente agredidos por autoridades policiales y civiles armados, mientras tratan de transmitir información en marchas y manifestaciones. Muchos han pasado días en prisión y, al salir, no les han devuelto sus equipos, que están valorados en millones de bolívares y que son un recurso indispensable para su desempeño profesional, evidenciando así que el periodismo en Venezuela es una actividad que pone en riesgo la vida de quienes la practican.

    Debido a los continuos y graves hechos de violación de derechos humanos que se producen diariamente en Venezuela, principalmente causados por el gobierno a través del las fuerzas del orden y la instrumentalización del poder ejecutivo, legislativo y judicial. El poder de la ciudadanía debe organizarse, y demostrar a la comunidad internacional la realidad de una sociedad lacerada por la intolerancia, y desde cada espacio ejercer la presión y reclamo que reivindique el retorno de la democracia, la libertad y los derechos fundamentales a una nación que perdió el norte en manos inescrupulosas.

    Twitter: @Daniel_Merchán

  • ¿Qué es esto de Vente Venezuela? – Por Catalina Ramos

    ¿Qué es esto de Vente Venezuela? – Por Catalina Ramos

    A raíz de todo el proceso en torno a las recientes elecciones primarias realizadas el pasado 17 de mayo, he estado leyendo en las redes sociales y en los escasos medios de comunicación, diversos aspectos acerca de la participación de la organización Vente Venezuela. Como he identificado algunas confusiones y dudas en torno a quiénes somos, me pareció pertinente y oportuno compartir con ustedes lo que conozco de esta organización política, a la cual pertenezco con mucho orgullo, desde su constitución.

    Vivimos en un país ahogado por la violencia, la inseguridad, la escasez, la corrupción, los abusos por parte del régimen, donde la mediocridad y el conformismo quieren instalarse. Durante 16 años, se han arrebatado progresivamente los derechos civiles de los venezolanos, no se respeta la propiedad privada, y quienes están en el gobierno han generado un poder en el Estado que ha pretendido meterse hasta dentro de nuestros hogares. Vivimos en un régimen totalitario, que ha sacado lo peor de la naturaleza humana en su desempeño. Por otra parte, en algunos sectores contrarios al gobierno, se ha subestimado la capacidad del venezolano para entender la situación en la que nos encontramos, e incluso se ha subestimado su potencial emprendedor y aspiracional, planteándole alternativas que lo frenan y disminuyen en el ejercicio de sus derechos ciudadanos.

    En ese contexto, teniendo muy claro a qué nos enfrentamos, ha venido desarrollándose el Movimiento Político de Ciudadanos Libres Vente Venezuela, entendiendo la urgencia de dar la cara para defender la Libertad, el Estado de Derecho y la Propiedad Privada en nuestro país, como pilares básicos para alcanzar una sociedad próspera y plena de oportunidades para cada uno de sus ciudadanos.

    Provenientes de todos los rincones del país, estudiantes, amas de casa, productores, profesores, industriales, maestros, sindicalistas, profesionales universitarios, dirigentes políticos, en fin, miles de ciudadanos, nos planteamos constituir el espacio en el que se estén incluidos todos los habitantes de este país que sientan pasión por la libertad, que reconozcan el trabajo como origen de dignidad; que entiendan que la propiedad es requisito inseparable de la libertad. Que persigan la igualdad ante la justicia, asuman la solidaridad como valor humano, así como el respeto al derecho a disentir.

    Le damos una importancia estratégica a la formación política de nuestros miembros, porque sabemos que en medio de este desastre y deformación a los que nos ha arrastrado el régimen, se requieren referentes que seamos capaces y estemos dispuestos a liderar el proceso de transición a la democracia que cada vez está más cerca en Venezuela. Queremos constituir la corriente de pensamiento en la que se fundamenten el Estado de Derecho, la democracia, la división de poderes, la libertad del individuo, el respeto como precondición de la libertad y el compromiso con los derechos humanos.

    Pero no nos conformamos solo con eso, sino que además, abrimos nuestras puertas a todos los ciudadanos que estén interesados en informarse y en compartir con nosotros el talento y el conocimiento de tantos otros venezolanos que día tras día trabajan sin descanso por aportar lo mejor de sí a esta lucha por la libertad.

    Nos denominamos ciudadanos libres, porque no dejamos que nos sometan ni nos silencien. Decidimos vencer el miedo y con valor, defendemos nuestros valores, ideales y nuestras convicciones.

    Por eso, nos has encontrado y nos vas a encontrar en cada lucha, en cada reclamo, en cada acción que contribuya con el objetivo que nos hemos planteado: convertir a Venezuela en una nación próspera y de paz, donde imperen la libertad, la democracia y los derechos fundamentales de cada ciudadano.

    Si coincides con estas ideas, principios, valores e ideales, ¿qué esperas? Vente!

  • La Sombra que nos acecha – Por Pedro Urruchurtu

    La Sombra que nos acecha – Por Pedro Urruchurtu

    Creo en otra Universidad;  una Universidad diferente…

    La historia pocas veces da oportunidades que deben ser aprovechadas. Las coyunturas, por muy difíciles que sean, siempre abren una ventana de oportunidad que sólo el sentido de cambio, la convicción y la conciencia de materializar el éxito pueden atravesar.

    Nuestro país se debate entre lugares comunes y miedos; entre chantajes y manipulación. El día a día de un venezolano transcurre entre desesperanza, temor, incertidumbre y apatía. Las fórmulas mágicas del populismo y la compra de conciencias, del “pan y circo”, ya no funcionan, y aún hay quienes se empeñan en plantear cambios repitiendo los fracasos del pasado.

    Naturalmente en una nación que se va derrumbando por doquier todos los días, el único refugio de esperanza y de futuro de lo que significa tener un país también se ve afectado. La Universidad venezolana no escapa de esta realidad; realidad que trastoca hasta los más profundos valores y sentimientos que, en mayor o menor medida, oponen resistencia a un régimen cuyo propósito es acabar con todo lo que genere pensamiento crítico y universal, con todo aquello que sea capaz de oponérsele, con todo aquello que signifique libertad. La destrucción deliberada de lo que en el algún momento fue una República, es la más clara y absoluta evidencia de que el futuro no ve cabida en quienes, defendiendo el pasado cobarde, fracasado y mediocre, buscan mantener el poder por medio de la dominación y el control social.

    Hoy la Universidad venezolana se enfrenta a la más profunda crisis de su historia. Naturalmente, los profesores universitarios (entre quienes me incluyo), hallan en la supervivencia su mayor vocación para enseñar y transmitir algo a quienes del otro lado del salón escuchan atentamente. Pasar por un aula, para quien es profesor, es un proceso de doble significado: es recordar lo que significa ser receptor de ideas y es entender lo que implica comunicarlas. Ese sentido se traduce en responsabilidad, en determinación, en defensa de la pluralidad y de los valores que un recinto de generación de conocimiento debe albergar de cara a un país entero.

    El modelo universitario está en crisis. Este modelo, nada nuevo, ha encontrado sus momentos más oscuros precisamente en las manos de quienes se han propuesto acabar con el pensamiento plural. Consecuencia de ello es que los profesores universitarios venezolanos (y en general de todos los niveles de educación) sean los peores pagados de la región y hasta del mundo civilizado. Pero aquí es donde debemos entender que el problema no es de salarios sino de concepción del modelo en el que la Universidad venezolana tuvo grandes glorias y hoy pasa grandes penas.

    Una Universidad en manos del gobierno –del peor gobierno–, es la mayor debilidad que como recinto de pluralidad puede tener. Para un grupo que sólo necesita someter, la Universidad no es más que un estorbo, y eso implica que mientras el presupuesto esté en sus manos, harán todo por asfixiar y acorralar a quienes día a día reciben a miles de conciencias que intentan aprender para no sucumbir. Pedir un aumento de salario o un incremento de la dotación de equipos, materiales e incluso acondicionamiento, es volvernos más dependientes de quien necesita mantenernos sumisos.

    Evidentemente hay todo un marco normativo que ata a las Universidades públicas a ese rapto institucional del cual el régimen se vale para acribillar a la Academia. Pero eso no nos exime, en nuestro rol de responsables de guiar al futuro, de dar debates serios, sinceros y abiertos sobre otro modelo universitario, de plenas libertades y responsabilidades, con participación activa de otros sectores distintos al Estado, con generación de ingresos propios, sin que la visión destructiva de que lo público es lo bueno y lo privado es lo malo, distorsione una realidad que amerita de ambos sectores.

    ¿Un salario digno encuentra lugar en una economía destruida por diseño que nos condena al círculo vicioso de pedir al gobierno lo que a ellos NO les corresponde darnos? ¿Es que acaso la Universidad no es tan víctima del modelo económico como de la inseguridad como política de Estado, cuando las armas y las balas andan con más libertad dentro de la Universidad que los propios libros? ¿Cómo el rol de la Universidad de crear conocimiento y aportarlo al país encuentra sentido cuando no hay país al cual aportarle algo, cuando todo está en manos del Estado y cuando todos somos sospechosos y potenciales delincuentes por pensar diferente?

     Creo en otra Universidad; en una Universidad diferente. Autónoma en su sentido más amplio, aportándole al país sus conocimientos y generando sus propios ingresos que incentiven la investigación, el desarrollo y que garantice la dignidad de los profesores, alumnos y toda la comunidad, no dependiendo del Estado sino haciéndole entender a este cuál es su función primordial. Nada hacemos con exigir un aumento de salario, cuando nuestra economía, por diseño, nos condena a volver a pedirlo dentro de seis meses. No se trata de que el gobierno nos dé, porque cuando avalamos el modelo actual en el que ese gobierno está consciente que en su rol de dar nos controla, le damos la razón. Se trata de debatir y de encarar el actual modelo universitario, de dar ideas, de discutirlas y de generar consensos que acaben definitivamente con los enemigos de la Academia, desde la Academia.

    Antes de cualquier elección, de cualquier convivencia, de cualquier forma de actuación política, incluyendo la Sombra que está acechando hoy a la Universidad venezolana (la del paro), lo más importante es asumir conciencia sobre el por qué y para qué lo estamos haciendo. La sensatez es la premisa más importante que debe existir dentro de los recintos cuya tarea es brindar luz y futuro a una nación. Después de ello, la cohesión entre las fuerzas de la Comunidad Universitaria será la que permita consolidar y hacer exitosa cualquier transformación que seamos capaces de impulsar, pero repito, conscientes de la Universidad que queremos: la del futuro, no la del pasado.

    Si pretendemos salir de quienes nos oprimen hoy, debemos también debatir sobre los cambios institucionales que deben liberarnos. No podemos pretender que los enemigos de la Universidad se vayan y que queden los vicios heredados de un modelo que no sólo se agotó sino que condena a esa Universidad a la más terrible sumisión en el futuro. Empujar la transformación depende de todos.

    De eso se trata: si somos forjadores de futuro, entendamos, desde hoy, para cuál futuro nos estamos preparando. El país demanda responsabilidad y giro. Tenemos la oportunidad de ser pioneros en ello, pero sólo si estamos conscientes de derrotar definitivamente a la Sombra, dejándola sin pena ni gloria.

    Twitter: @Urruchurtu

  • Anomia bolivarianan – Por Juan Marcos Colmenares

    Anomia bolivarianan – Por Juan Marcos Colmenares

    “Las leyes no sirven para nada, porque los hombres buenos no las necesitan y los malos no las cumplen” (Séneca).

     La semana pasada, en un operativo policial contra bandas delictivas, Julio Méndez actor de la película Pelo malo fue abatido por el Cicpc. Al parecer, él y otros individuos fueron agarrados in fraganti por los funcionarios cuando cometían un robo de vehículos. Esa misma semana, el Ministerio Público logró privativa de libertad para José Daniel Surdo Padrón, jugador de baloncesto de Guaiqueríes de Margarita, por ser cooperador en un robo a mano armada.

    En Venezuela padecemos una situación de anomia, una pérdida de toda referencia de valores y principios y un desconocimiento de las normas y las leyes. La anomia es una enfermedad social. Una situación en la que las personas actúan como les viene en gana, desconociendo las normas y cometiendo infracciones y delitos; niegan las reglas de comportamiento, no las aceptan y hacen su voluntad.

    Pero es el mismo gobierno el que fomenta la anomia, al violar la Constitución y las leyes. Abusando del poder encarcela a estudiantes, tuiteros y opositores por el “delito” de pensar diferente, les viola sus derechos, los maltrata y tortura en las cárceles de Ramo Verde, el Sebin y La Tumba. Y como controla el Poder Judicial, al ser provisorios más de 80% de los jueces, interviene en sus nombramientos y destituye a quienes se atreven a aplicar la ley por encima de la política; hace eternos sus juicios y niega el derecho a la defensa.

    La corrupción es otro ejemplo de anomia, que en Venezuela existe a todos los niveles. Militares de alto rango y prominentes funcionarios se encuentran implicados en corrupción y narcotráfico, pero son premiados con embajadas y ministerios. Decenas de miles de millones de dólares son saqueados, escondidos en los bolsillos de la oligarquía militar y sus cómplices civiles son descubiertos en bancos de Andorra, España, Luxemburgo, Panamá y Suiza; pero no pasa nada. En Venezuela no existe democracia, tenemos una cleptocracia, un gobierno de ladrones.

    Este ambiente de anomia e impunidad en el cual convivimos estimula el delito. El año pasado la impunidad en materia de corrupción, violación de los derechos humanos, secuestros y delitos comunes fue de 98%.  El “Índice de Percepción de la Corrupción 2014” de la organización Transparencia Internacional, que clasifica a los países según el nivel de corrupción en el sector público, en una escala de 0 (muy corrupto) a 100 (muy limpio), sobre 174 países escrutados ubicó a Venezuela en el puesto 161 con 19 puntos.

    Vivimos una situación de anomia extrema, caos, anarquía e inseguridad.  Sin Estado de Derecho, sin gobernabilidad, ni legitimidad. Vivimos en un país donde los pobres no comen, la clase media no compra y los ricos no duermen. ¿Hasta cuándo vamos a soportar esto?

    [email protected]
    Miembro de Vente Venezuela

  • El verdadero revolcón – Por Miguel Velarde

    El verdadero revolcón – Por Miguel Velarde

    Esto no es casualidad ni tampoco ineficiencia, es parte del modelo

    La expectativa por el discurso que Nicolás Maduro pronunció con motivo del Día del Trabajador era grande. Incluso, con varios días de anticipación, él mismo se encargó de anunciar que vendría con una serie de medidas que significarían un “revolcón económico”. Sin embargo, como ya se hizo costumbre, fue más lo que se dijo que lo que se hizo.

    Maduro anunció un incremento del salario mínimo y de pensionados del 30%, el cual será dividido en dos partes: el 20% se realizará a partir de este 1° de mayo y el otro 10% a partir de Julio. El salario mínimo pasará de 5.622 bolívares a 7.309,22 bolívares, luego del aumento de 30%. De la misma forma, se anunció el ajuste de toda la tabla salarial de la administración pública y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Maduro también aprobó 11.900 millones de bolívares a todas las gobernaciones del país para pagar obligaciones laborales de los trabajadores.

    Según cifras extraoficiales, la inflación acumulada en lo que va del año ya sobrepasaría el 50%. El incremento anunciado ni siquiera se acerca a ese número. A tasa Simadi, con el 30% de incremento, el salario mínimo se ubicará en 36,9 dólares, es decir, 1,23 dólares diarios, y continúa siendo el más bajo de la región después del de Cuba. El aumento en el salario mínimo por día será de 56,17 bolívares, algo que no alcanza ni para un café.

    La crisis económica es aguda. Tener la inflación más alta del mundo, niveles de escasez de alimentos, medicinas y otros productos de un país en guerra, índices de violencia e inseguridad de los peores de la región, entre muchas otras dificultades, hacen que la situación en el país se haga cada día más insostenible.

    Por si esto fuera poco, las medidas que se han tomado en cada una de estas áreas solamente han empeorado los problemas; basta con revisar las cifras para darnos cuenta de esto, incluso las oficiales. La realidad es que esto no es casualidad ni tampoco ineficiencia. Es parte de un modelo que no funciona y cuyas consecuencias son tan terribles como predecibles.

    Hoy, cada venezolano es víctima de la escasez, la inflación, la inseguridad, la incertidumbre y el miedo. Eso, en su conjunto, es el verdadero revolcón que padecemos a diario.

     Twitter: @MiguelVelarde

  • El paredón de la vergüenza – Por Pedro Urruchurtu

    El paredón de la vergüenza – Por Pedro Urruchurtu

    Lo primero de lo que estoy consciente al escribir este artículo es que se me tilde de abstencionista. En un país donde los chantajes morales y los lugares comunes están a la orden del día, sería un honor. No obstante, el objetivo de esta reflexión es otro partiendo de una gran, única y lapidaria verdad: el voto es una decisión de cada quien.

    Estamos de cara a dos importantes procesos electorales. Uno, de tipo primario, que permitirá escoger a algunos candidatos opositores para las elecciones parlamentarias que aún no tienen fecha, y otro que son esas elecciones legislativas. En principio, como alternativa democrática, el primer proceso debería ser aquel que motivará a la mayoría de las personas a participar y vender esa imagen de esperanza ante todo lo que significan los atropellos oficiales. Lamentablemente no ha sido así.

    No caeré en la explicación sobre las primarias y la idea del consenso. En primer lugar porque en un artículo pasado lo mencioné y, en segundo lugar, porque a esta altura se vuelve “irreversible”. Lo que sí es cuestionable, es esa idea que se ha vendido de que sin el Consejo Nacional Electoral (CNE) estas elecciones primarias serían imposibles de hacer. Se ha demostrado que un proceso propio, más amplio y con el control de la oposición no sólo sería más económico sino también más confiable. Idea objetada.

    El CNE entre sus condiciones explica que, salvo la tinta indeleble que fue eliminada del proceso, el proceso electoral primario debe hacerse de cara a la estructura electoral actual: captahuellas, máquina de votación y cuaderno electrónico, afirmando el CNE también que se quedaría con la data de los electores de ese proceso, aun cuando es un proceso interno opositor. Nuevamente el más importante elemento de cualquier elección, vale decir, el secreto del voto está vulnerado y la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no dice nada al respecto. Otra idea objetada.

    Por si fuera poco, el CNE afirma que las elecciones parlamentarias contarán con los mismos circuitos del 2010 y que sólo habrá cambios a lo interno en la distribución de candidatos de uno u otro circuito, en función de las proyecciones poblacionales del Instituto Nacional de Estadística (INE). Dichas proyecciones, aprobadas recientemente por la Asamblea Nacional (AN), casualmente perjudican a la oposición en cuanto al número de diputados por circuito, como es uno de los casos el del estado Miranda. Sumado a la gravedad de este asunto, la misma AN en manos de su directivo solicitó la eliminación directa de las elecciones al Parlamento Latinoamericano (PARLATINO), por considerar estos parlamentarios pueden escogerse en el seno de la AN. Salvo algunas declaraciones opositoras dentro de la MUD, de nuevo, idea objetada.

    Estos elementos planteados, los cuales reflejan una absoluta gravedad de cara a los comicios que enfrentaremos y a nuestra vulnerabilidad como electores, nos llevan a hacernos la gran pregunta de todo esto: ¿cuál es el propósito de estas elecciones? Y eso nos permite encontrarnos con las grandes contradicciones del proceso.

    ¿Cómo vamos a hablar de cambio en la AN si aceptamos ir con las mismas, y peores condiciones, con las que hemos votado siempre y hemos salido perjudicados? ¿Cómo le decimos a la gente que su voto está blindado cuando este no sólo queda en manos del CNE sino que tampoco hay cuaderno físico que permita auditar que en efecto quien votó es la persona correcta? ¿Quién debatió las proyecciones estadísticas del INE y por qué se acepta la imposición de cambios claramente ventajistas?

    Cualquiera podría decir que eso no importa cuando hay una mayoría arrolladora que puede derrotar a un gobierno débil. No pongo en duda que somos mayoría (siempre la hemos sido) ni que el gobierno está débil, pero tampoco subestimo el hecho de que ellos tienen el poder, tienen los medios y tienen todo para imponer con miedo o como quieran su verdad, como siempre han hecho.

    La MUD como instancia articuladora de los intereses opositores que confluyen en una gran variedad de partidos, ideologías y posturas, no puede creerse dueña de la alternativa democrática. El concepto de Unidad es mucho más amplio que el de su instancia articuladora (MUD), y eso debe entenderse. No es posible que un grupo, desconectado de la realidad que vive el país, que no llama las cosas por su nombre y que acusa de radicales a quienes denuncian los atropellos y las condiciones absolutamente desventajadas a las que nos enfrentamos, sea quien dicte cómo será la forma de luchar contra el régimen, sin siquiera discutir y realmente representar a la Unidad genuina, la de todos.

    No se trata de desmerecer a la MUD, se trata de ver a la Unidad como lo que es: un todo de visiones distintas, no unánimes pero que están de acuerdo en un objetivo común y que luego de recuperar la democracia se ve obligada a desaparecer porque lo único en una democracia es contradictorio. La MUD no puede representar los intereses de dos o tres partidos, porque si hace eso le daría la razón al CNE cuando le llama “Partido MUD”. En ese momento, con esa exclusión, nos somete al chantaje de sus intereses, pretendiendo que nos olvidemos del objetivo.

    Este no es un proceso electoral normal, no es corriente. Hay que entender frente a qué nos enfrentamos y llamar las cosas como son. De lo contrario, corremos el riesgo de legitimar al régimen y su discurso de “diecinueve elecciones” como si la democracia fuera sólo votar. Urge que la gente entienda lo trascendental de participar, de exigir, de ganar y cobrar, que ha sido lo que nos ha faltado. Que alguien no haya querido cobrar en el pasado, no significa que debamos someternos al ventajismo del régimen el cual se traduce en fraude. Pero eso pasa porque la sensatez de quienes se adueñaron de la Unidad entienda a su vez que no pueden vender estas elecciones como una “fiesta democrática”. No hay nada que celebrar donde no hay democracia.

    En estos días escuchaba a alguien diciendo que “aquí la gente no se va ir, ni la oposición si va a ir ni el gobierno se va a ir. Hay que convivir”. Si esa es la visión que vamos a defender, pues hagamos de la resignación y la huida nuestra única opción. Usted no convive con quien lo oprime ni lo legitima como si nada. Usted lucha frente a él, lo derrota pero consciente de lo que significa derrotarlo, no dejándolo pasar cuando sabe que dejarlo pasar significa que usted será pisoteado. A este paso, sin temor a dudas, lo único que tenemos seguro sin exigir lo que no corresponde es ir directo al paredón de la derrota.

    Twitter: @Urruchurtu