Categoría: Opinión

  • Sangre en el Capitolio – Por Luis Barragán

    Sangre en el Capitolio – Por Luis Barragán

    Cada semana, grupetes oficialistas, evidentemente tarifados, intentan infructuosamente ocupar todo el perímetro del Palacio Legislativo o Capitolio Federal, en Caracas. No lucen suficientes o el dinero se queda a medio camino, pero  logran colocarse en sitios claves para atropellar a los parlamentarios de la oposición en tránsito, o a quienes suponen tales, hasta por la vestimenta o cualesquiera otros indicios que el ciego sectarismo autorice.

    Un camión de estridentes, repetidas y absurdas consignas, pretendiendo como territorio propio el área de acceso hacia el este de la histórica edificación, orienta el tumulto, dejando para una fatal adivinanza la existencia de armas de fuego. A los ataques generalizados ya se suman otros individuales, además, en el interior del país, apuntando a los diputados, concejales o – sencillamente – dirigentes populares que disientan del régimen.

    Las autoridades públicas exponen una cómplice pasividad y existen testimonios de la contribución que hacen para la agresión física, la que va más allá de la verbal que inicia con una mentada de madre, carente de inspiración, aliento e imaginación.  De distintos matices, del ataque sistemático sabemos y muy bien, por desgracia, los que también ocupamos las curules como minoría en el hemiciclo, sabiéndonos mayoría en el país, durante el quinquenio legislativo pasado.

    El oficialismo desea lavar en sangre la osadía del pueblo venezolano que lo rechazó inequívocamente en los últimos comicios y, en lugar de atajar la locura capaz de meternos en una espiral de violencia que puede dar a traste con el propio gobierno, la estimulan, aplauden y festejan con las ganas de un temerario apostador  y  el morbo de la radical pobreza moral e ideológica que ostentan. La reciente golpiza del diputado Carlos Paparoni, apenas ejemplifica una situación vergonzosa.

    Le corresponde a la Guardia Nacional la custodia del inmueble y la seguridad de quienes – representándolos – sintetizan la voluntad de millones de compatriotas, pero – he acá el problema –  dependen de un Comandante en Jefe, el de la Fuerza Armada, en última instancia responsable de lo que pueda ocurrir. Poco o nada hacen ante la muchedumbre agresiva, aunque – no lo olvidamos – amurallaron el palacio y los entornos mediatos e inmediatos, cuando una sola persona trató de acceder a su natural lugar de trabajo: María Corina Machado.

    Twitter: @LuisBarraganJ

     

  • ¿Los corruptos son más que los correctos? – Daniel Merchán

    ¿Los corruptos son más que los correctos? – Daniel Merchán

    Hace poco en una de esas tantas conversaciones diarias e inevitables sobre la situación crítica del país, me encontré con un viejo amigo quien me refirió una anécdota sucedida hace unos cuantos años en una elección presidencial, en efecto, mi amigo fue abordado por un férreo seguidor de uno de los candidatos, y refiriéndose al contendor de su simpatía, señaló, mi candidato va a perder las elecciones contra este rival; aseveración que a mi amigo le sorprendió, y le pregunto a aquel señor en un pueblo olvidado por la memoria venezolana, por que opinaba eso, si ambos compartían sus esperanzas de mejora en la victoria del candidato en cuestión, a lo cual el señor ya entrado en años respondió soltando una frase lapidaria y fulminante, muy sencillo, los corruptos son más que los correctos.

    Muchas veces en la practica política nos encontramos con ese constante dilema, valores y anti valores conviviendo en una sociedad, en un gobierno, en un partido político, en una empresa, en las escuelas y universidades, en los hogares, planteando una lucha ético – moral que no parece terminar nunca, si nos detuviéramos a revisar los índices de percepción de la corrupción emitidos por la ONG transparencia internacional, inmediatamente brincaríamos del susto frente a un mapamundi tomado casi en su totalidad por las conductas que corrompen la ley, básicamente comenzando con casos macro como la penetración de instituciones en México involucradas con la desaparición de los 43 estudiantes de Iguala, el saqueo de Petrobras en Brasil, o de las 49 obras fantasma del fondo indígena en Bolivia, hasta cosas más comunes pero igualmente preocupantes en la evasión de impuestos por parte de empresas, el financiamiento y perdida de dinero en campañas electorales, los sobornos en la FIFA, la proliferación de la piratería y la falsificación frente a las violaciones de los derechos de autor de múltiples obras del intelecto humano, o el de los persistentes hechos de copiar o plagiar meritos académicos, y  no obedecer las normas y señales de transito sabiéndose impunes ante la posibilidad de un arreglo rápido con la autoridad de turno.

    En Venezuela frente a esas mismas valoraciones nos ubicamos en el puesto 160 de países con mayor corrupción, entre 177 países evaluados, esto seria positivo de no ser porque la cuenta se lleva de atrás hacia adelante, es decir estamos en el grupo de los rezagados, y en el caso de América solo somos superados por Haití, lo que claramente nos hace pensar que poseemos como cultura una gran tolerancia a la corrupción, o peor aun, el sentimiento de impunidad es tan alto, que muy poca gente se siente cohibida al cometer un acto de corrupción penado por el ordenamiento jurídico, escándalo tras escándalo, de modo que vivimos en medio de culturas audaces para la trampa, el engaño, la estafa, o como nos gusta llamarle “viveza criolla”, un artilugio eufemístico que nos sirve como consuelo para no generar culpabilidades, sino para aupar aquello de lograr el fin sin importar los medios.

    Me gusta pensar que hay más correctos que corruptos, pero no han encontrado la vitrina para mostrar otro modelo de convivencia, uno ejemplarizante, coherente y respetuoso de los derechos y deberes de todos, simplemente no han tenido la oportunidad, tal vez porque los corruptos siempre consiguen el modo de convencer con los caminos más cortos, con la manipulación de la opinión publica, y porque son capaces de cosas que otros jamás harían, esa es una realidad, avasallante por cierto en nuestro continente, donde una buena parte de los políticos de oficio aunque cabe mejor el apelativo de politiqueros, se dedican a la compra y venta de conciencias, a los fraudes de las promesas, el pensamiento y la acción, al compadrazgo y el nepotismo como método de repartición de beneficios, o a la extorsión y uso de influencias para cometer en nombre de otro la obtención de favores consistentes o no, con la institución o persona que afirma representar.

    El reto es más grande hoy frente a esa abrumadora realidad, no hay manera de decirle a cada uno cuantos grados de corrupto o de correcto tiene, esa determinación pertenece a cada quien, es producto de su educación, su crianza, y sus circunstancias, aunque la condición humana también posee una antigua vocación por la búsqueda de justicia, como decía Confucio “ver una injusticia y no hacer nada es no tener valor”, pues  nunca debe cesar la aspiración de los correctos a cambiar el modelo falso y de artimañas que tanto han defendido los corruptos, que los vuelve la manzana aparentemente sana y reluciente, pero por completo podrida en su interior descompuesto, ante lo cual solo existe un antídoto posible para un veneno que recorre las venas de nuestro entramado social, la transparencia, la claridad y luminosidad del hacer a prueba de cuestionamientos e interpelaciones, la senda del obrar en base a la prudencia, la pertinencia y la congruencia,  pues solo así se gesta la realización del sueño permanente e infinito que tienen las nuevas generaciones creyentes y demandantes de un mundo mejor.

    Twitter@Daniel_Merchán 

     

  • Lo ético de lo urgente – Por Miguel Velarde

    Lo ético de lo urgente – Por Miguel Velarde

    Vivimos días históricos, no precisamente por buenas razones. Jamás el país había atravesado una crisis como la actual. Tenemos la inflación más alta del mundo –pronosticada en 720% para este año-, niveles de escasez de países en guerra –alrededor de 80% en medicinas y alimentos-, pérdida acelerada del poder adquisitivo –el salario mínimo en término reales es de 10 dólares al mes- y, según el más reciente informe del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello, un nivel de pobreza de 76%.

    Pero la crisis no es solo económica. Por donde se mire hay destrucción, como en el tema de la seguridad: Venezuela tiene un índice de 90 homicidios por cada 100.000 habitantes, con niveles de impunidad de 92%. Los servicios básicos están al borde del colapso, los racionamientos de agua y luz son cada vez mayores y no existen planes serios para solucionar las fallas.

    ¿Habremos tocado fondo? Pues no. El problema es que las crisis no tienen límite. Siempre podemos estar peor. Por eso, ahora que estamos en plena transición, es imperante hacer algunas reflexiones.

    Quienes creen que el acelerado proceso de cambio que hoy vivimos es consecuencia del resultado de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, se equivocan. Comenzó antes y, en realidad, el resultado de esa contienda electoral solamente fue un reflejo de ello.

    Es por eso que la Asamblea Nacional, hoy con mayoría opositora, está en una encrucijada. Son conscientes de que no hay mucho en materia económica que desde ahí puedan hacer. Sin embargo, parece que no se dan cuenta que en lo político pueden ser el eje principal de transformación.

    No habrá un cambio económico sin que antes exista un cambio político. Quienes, motivados por sus intereses individuales, son de la idea de que “hay que dejar que el gobierno se desgaste”, seguramente no se han enterado que hay niños muriendo por falta de medicamentos ni tampoco han escuchado a las madres que, entre llantos, cuentan que en su casa deben sortearse la comida, porque no alcanza para todos. El desgaste del gobierno se traduce en el sufrimiento de la gente. Posponer la solución política es alargar el sufrimiento de los venezolanos.

    En Venezuela hemos tomado muchas veces los caminos equivocados. Posiblemente porque no nos damos cuenta de que el diagnóstico es más importante que el tratamiento. Y no fuimos buenos reconociendo al monstruo al que nos enfrentamos.

    Hemos llegado a un punto al que jamás debimos haber llegado. Pero aquí estamos y no podemos seguir esperando. La dirigencia política tiene la responsabilidad de definir la ruta por la que ese cambio político se va a dar a la mayor brevedad posible; y la ciudadanía tiene la obligación moral de acompañarla. Son vidas humanas las que están en juego. No es poco.

    Estamos en uno de esos momentos en la vida en los que lo único ético es lo urgente.

    Twitter: @MiguelVelarde 

  • Fuerza Armada, acto administrativo y acto de comercio – Por Luis Barragán

    Fuerza Armada, acto administrativo y acto de comercio – Por Luis Barragán

    En distintas ocasiones, a propósito de sendas solicitudes de crédito adicional en el pasado período, ventilamos nuestra discrepancia en la Asamblea Nacional. Marcando una distancia entre el acto administrativo y el acto de comercio, intentamos la contra-argumentación de la bancada oficialista que nunca se produjo, por lo menos, de manera convincente, sobria y coherente, como lo ameritaba la materia, respecto a las numerosas firmas mercantiles adscritas a la Fuerza Armada.

    Ahora, de conformidad con el decreto nr. 2231, publicado en Gaceta Oficial nr. 40845 del 10/02/2016, ha sido creada la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (Camimpeg), adscrita al ministerio de la Defensa. De acuerdo con su motivación, la empresa del Estado se ajusta al nuevo (sic) modelo de gestión inspirado en las directrices y políticas esenciales de la Revolución Bolivariana (sic); bajo las premisas de un modelo económico productivo ecosocialista (sic) que, al generalizar sus orientaciones, tiene por finalidad asegurar la defensa y soberanía de la Nación; decretándose la empresa con un amplísimo objeto social que, en principio, la hace competidora de PDVSA, otras empresas del sector público y del privado, dando pie a las más legítimas suspicacias.

    Evidentemente, la iniciativa afecta la naturaleza y fines específicos de la entidad castrense, inequívocamente establecidos en la vigente Constitución de la República, y – además – la circunscribe a una parcialidad política que ya es, en sí misma, un dramático problema para el país. Desde 2013, incorporadas a la llamada Zona Económica Militar Socialista,  con personalidad jurídica y patrimonio propio, sabemos de numerosas firmas que, por supuesto, tienen su asiento en el Código de Comercio, capaces de incursionar en los más variados ámbitos, incluyendo el radio-televisivo y bancario, interrogándonos respecto a los particulares objetivos de seguridad y defensa o, mejor, de defensa que atienden.

    En más de una década y media, el gigantismo estatal se ha afianzado en la duplicidad de funciones y, proliferando las instancias, añadida la calculada exclusión del derecho administrativo que ha de explicarlas, existen entidades que hacen de todo y terminan por no hacer nada.  Fenómeno anunciado por las empresas antecedentes,   parece hoy consagrarse con una de superiores, inusuales y múltiples dimensiones que, a la postre, militarizando la vital actividad petrolera, relegará a PDVSA como una curiosidad más legada por el constituyente, reconociendo su fracaso en el contexto de un socialismo demoledor.

    Gigantismo pernicioso que constituye una apuesta del socialismo saliente, el sector militar sabrá de una mayor tergiversación de sus fines y misiones esenciales. A la transición democrática le tocará lidiar con la irresponsable herencia que deja Nicolás Maduro, reivindicando la finalidad constitucional y el desempeño profesional del soldado venezolano que está al servicio de toda la nación.

    Twitter: @LuisBarraganJ

  • Las facturas que caminan por América Latina – Por Daniel Merchán

    Las facturas que caminan por América Latina – Por Daniel Merchán

    Después de casi dos décadas de predominio de la izquierda trasnochada en América latina, promotora del calamitoso socialismo del siglo XXI, los vientos de cambio soplan a favor de una nueva era democrática y de oportunidades para el desarrollo económico y social, cada nación de nuestro cono sur, de Centroamérica y el Caribe comienza a vivir tiempos de reflexión de cara al futuro, especialmente en un mundo con tantas complejidades de orden tecnológico, financiero, innovador, de libertades y emprendimiento que requiere preparación con visiones modernas para la época actual.

    Es por ello, que los pueblos empiezan a pasar facturas a los modelos inviables, fracasados y anacrónicos que no pertenecen al nuevo ciclo del pensamiento para el desarrollo, en sus múltiples facetas, de allí que la otrora emblemática y “revolucionaria” Cuba, tenga que verse a obligada a mirar hacia el norte a la espera de la visita del presidente de EEUU, conjugando sus oxidados ideales en miras al logro de lo más parecido al sueño americano,  en Argentina, los Kirchner abandonaron el poder en medio de una serie de escándalos de corrupción, persecución a los medios de comunicación, un proceso inflacionario creciente, y una incesante polarización política que llevó al modelo K a una guerra sin cuartel con los sectores productivos del país, abriendo la necesidad de un cambio de timón que logro colocar a Mauricio Macri como nuevo presidente de los argentinos, claramente posicionado como el gerente que requerían para el manejo de la crisis.

    En Colombia, la perdida de la alcaldía de Bogotá, que en varios periodos estuvo en manos de las alianzas izquierdistas más radicales de ese estado, y cuyo cargo es el segundo de mayor relevancia en el tablero de influencia política colombiana, demostró que las facturas tarde o temprano llegan, cuando existen deudas pendientes con la ciudadanía, pues las pasadas gestiones tuvieron fuertes retrocesos en frentes como la seguridad y la infraestructura, perdieron el control sobre la corrupción en el periodo de Samuel Moreno, y en definitiva trabajaron con una mediocridad administrativa asociada al clientelismo político durante la convulsionada etapa de Petro, que finalmente produjo el regreso de Enrique Peñalosa como burgomaestre de la ciudad capital, gracias a su pasada experiencia exitosa como referente para los bogotanos.

    Bolivia en reciente referendo acaba de poner freno a la intenciones de Evo Morales de reelegirse para un cuarto mandato, colocando fecha y caducidad a su mandato, para no permitir lo que suele ser una condición megalómana comúnmente presente en estos caudillos, con la fijación absolutista de eternizarse en el poder, Brasil y Ecuador no están lejos de esta realidad, por su parte, Dilma Rousseff está contra la cuerdas en medio de protestas que solicitan su juicio político y una popularidad en picada que salpica a todo el partido de los trabajadores y al ex mandatario Lula Da Silva, con los sacudones de los casos Odebrecht y Petrobras, en Ecuador, pese a que Rafael Correa logró surfear varios enfrentamientos en estos años de gestión, aun subsisten dificultades económicas en base a la revalorización de la renta petrolera y la moneda de cambio luego de la dolarización, pero especialmente la tarea de superar el trance político que le a restado institucionalidad al país con maniobras meramente electorales.

    Al llegar a Venezuela, nos conseguimos con el cumulo de todos los males antes mencionados, la mayor de las oportunidades perdidas y la factura que más acreedores tiene en su propio territorio y en la comunidad internacional, la más grande tasa de inflación del mundo, records de violencia callejera, reservas internacionales extraviadas, escasez de productos básicos, salarios insuficientes, corrupción desbordada, ilimitada deserción escolar y fallas sistemáticas de los servicios públicos, aunado a la llamada fuga de cerebros mediante la migración de talento humano, presentan el corolario de una receta que solo conduce a la quiebra moral, económica y existencial de toda una sociedad, el socialismo del siglo XXI encontró un conejillo de indias en el cual aplicar todo el recetario del desastre, sin embargo, hoy, afortunadamente apunta al cambio, a la transición y a la salida del régimen chavista-madurista que tanto daño ocasionó, Venezuela inició su cambio, dibujó un nuevo parlamento y pronto comenzara a reformar los años perdidos de involución para transformarlos en su reconstrucción, en emprendimiento, en meritocracia, en libertad para los presos de conciencia, en inversión y propiedad, en educación de primer mundo, pero sobretodo en alternancia plural y democrática, pues los integrantes del foro de Sao Paulo no volverán a debilitar las bases institucionales de todo un continente que se abre camino hacia la globalización participativa y dinamizadora del desarrollo responsable, donde América latina abre sus ojos y será protagonista de impacto mundial.

    Twitter: @Daniel_Merchan 

  • Amnistía y paz – Por Juan Marcos Colmenares

    Amnistía y paz – Por Juan Marcos Colmenares

    “La amnistía es el primer paso para la paz y la reconciliación de todo el pueblo de Venezuela” (Tomás Guanipa).

    La amnistía es un acto político y jurídico emanado del poder legislativo por el cual se elimina la responsabilidad penal de un delito, se extingue la acción penal y el estado renuncia al ejercicio del ius puniendi o derecho de castigo, cesando las responsabilidades de las personas involucradas. La Constitución Bolivariana de 1999 (Artículo 187.5 CN) otorga a la Asamblea Nacional la facultad de decretar amnistías como un privilegio exclusivo, con la única limitación de que no puede decretarse ni concederse respecto de delitos de lesa humanidad, violaciones graves de derechos humanos y crímenes de guerra (Artículo 29 CN).

    Al referirse la amnistía a hechos considerados como punibles y despenalizarlos, no solo alude a delitos de tipo penal, sino también a ilícitos administrativos y a inhabilitaciones políticas acordadas por la Contraloría General de la República. De manera que si el hecho queda despenalizado y borrado o extinguido como hecho punible, opera para todas las personas que pudieran haber sido investigadas, imputadas, acusadas o condenadas por los mismos hechos, sin excepción alguna.

    Fue un compromiso primordial de la MUD la aprobación de una ley de amnistía general para liberar a los presos políticos, estudiantes, periodistas y líderes sindicales y que permitiría el retorno de los exiliados y perseguidos. Ese fue un mandato del pueblo en las elecciones parlamentarias el 6D. Ya se dio el primer paso al consignar en la AN el proyecto de ley y ahora viene la etapa de discusión y aprobación. Es allí donde será necesario andar con pies de plomo, para no cometer errores y darle argumentos al oficialismo.

    Pero ¿debe el Decreto de Amnistía revestir forma de ley y remitirse para su ejecútese a la presidencia de la República? ¿Puede ser un decreto legislativo, un acto parlamentario, que no tenga forma de ley? ¿Podrá la AN lograr el cumplimiento de la Ley o del Decreto de Amnistía luego de su aprobación? ¿Qué sucedería si el régimen se niega a su cumplimiento y no pone en libertad a los presos políticos después de aprobada la norma? ¿Cuál será la posición del TSJ y su Sala Constitucional? ¿Puede la Sala Constitucional vetar la ley o el decreto de amnistía? Estas y muchas otras interrogantes deben ser consideradas y analizadas con frialdad.

    Compartiendo la opinión del Dr. Brewer Carías, consideramos que la AN debería emitir el Decreto de Amnistía mediante un acto parlamentario sin forma de ley, que no necesitaría ser enviado al poder ejecutivo y que, por ser perfectamente constitucional, no podría ser vetado por la Sala Constitucional del TSJ. Pero antes o paralelamente debe actuarse en otro frente; el del nombramiento írrito de los magistrados del TSJ, anular su designación bajo el principio de la auto-tutela de los actos y convocar a un nuevo proceso de postulaciones. Esto derrumbaría el muro de contención en el cual se ha convertido el TSJ, para impedir los cambios exigidos mayoritariamente por los venezolanos el 6D. Para todas estas acciones la AN necesita del apoyo firme y paciente, de una sociedad civil consciente de los difíciles momentos que transitamos.

    Mención aparte merece la Gente del Petróleo. La Ley de Amnistía debe ser considerada como un tributo para esos más de 18.000 trabajadores de la industria petrolera, que fueron despedidos y perseguidos injustamente, a quienes les fueron robadas sus prestaciones sociales y que el tiempo y la destrucción de nuestra principal industria les ha dado la razón.

    La ley de Amnistía será un importante paso para superar la venganza y el odio, crear condiciones para el entendimiento y lograr reconciliación, justicia y paz social.

  • Tonos indignantes – Por Miguel Velarde

    Tonos indignantes – Por Miguel Velarde

    Hace mucho que las notas de Dudamel desentonan

    Un hecho que en condiciones normales hubiera generado solo orgullo entre sus compatriotas, esta semana se convirtió en polémica.

    Gustavo Dudamel, el talentoso músico y director de orquesta venezolano, participó en el show del evento deportivo más importante de los Estados Unidos, el Super Bowl, dirigiendo a la Orquesta Juvenil de Los Angeles.

    Ver a Dudamel, en el evento más «gringo», rodeado de imperio, capitalismo y abundancia, mientras en Venezuela se abraza con un régimen que ha llevado a millones de sus compatriotas a pasar sus vidas en colas del hambre y la miseria, indispone.

    El alumno más aventajado de José Antonio Abreu es sin duda un gigante como músico y director de orquesta, pero es solo un enano como venezolano. Y uno debe ser, antes que nada, venezolano. Hoy más que nunca.

    En realidad, no se trata de Dudamel. Él es uno más. Quizás, por su fama, una de las caras más visibles de esa doble moral que acompaña a tantos cuyo discurso no puede estar más alejado de sus acciones. Nos hemos cansado escuchar frases demagógicas repetidas por obligación pero sin convicción. Suenan huecas, porque están vacías de verdad.

    Son muchos los que se llenan la boca de “patria”, “socialismo” y “pueblo”, mientras disfrutan los placeres del dinero y el derroche. Es incomprensible cómo en el país con la capital más peligrosa del mundo y la economía más miserable del planeta, existan algunos que se hayan hecho multimillonarios en la misma década en la que quebraron al país.

    Pocas horas antes de su presentación, Dudamel dijo que tocarían «para la juventud del mundo, para que pueda inspirarse en crear tanto una vida mejor como un futuro mejor». Lamentablemente, de esa juventud del mundo, no participan los venezolanos. A ellos, les han robado tanto que se han llevado hasta su futuro.

    Las verdades incómodas pueden ser antipáticas, sobre todo cuando se trata de personas que han logrado mucho en su campo. Sin embargo, es mucho lo que hoy está en juego en el país, y cada uno de los ciudadanos tiene la responsabilidad de decir la verdad desde su posición.

    La realidad es que desde hace mucho que las notas de Dudamel desentonan. Llegan, incluso, a tonos indignantes.

    Twitter: @MiguelVelarde 

  • La lucha de clases en Miraflores – Por Luis Barragán

    La lucha de clases en Miraflores – Por Luis Barragán

    Consabido, partiendo de una consideración estrictamente económica, la lucha de clases es una de las nociones fundamentales del marxismo clásico. Según la escuela, ella hace la historia de acuerdo al desarrollo de las fuerzas productivas y modos de producción.

    Además de las reservas que podamos abrigar al respecto, por lo menos, en su perspectiva de corto y mediano plazos, es demasiado obvio, por una parte, que la nuestra es una economía (y una sociedad) rentista; y, por la otra, a pesar de sus invocaciones, el actual régimen venezolano se explica más por las consignas guevaristas que por un intento, por modesto que sea, de aplicar el propio marxismo que francamente desconoce.

    La más elemental aproximación que haga sobre sí, dibujaría una dramática pugna de supervivencia y ramificación de los núcleos privilegiados que ha parido, tras los fabulosos ingresos petroleros del período. Bastará con citar la lumpeburguesía, exportadora insigne de capitales, en la era del control de cambio, y el lumpemproletariado, cuya conducción tiene por paradójico epicentro las cárceles: la una, goza de extraordinarias cuentas bancarias e invierte en complejos inmobiliarios del exterior, mientras que la otra, acuartelados sus contingentes en las impenetrables zonas marginales, tampoco queda atrás en sus extravagancias.

    Harto peligroso es el análisis  de lo que ha ocurrido en más de década y media, a la luz de la lucha de clases, reducida a la sistemática y violenta escaramuza de supervivencia que, no por azar, siendo un dato lamentablemente constante y creciente, representa muy bien las casi treinta mil muertes anuales que ha afectado principalmente a los sectores más jóvenes y empobrecidos de la población. Boliburgueses y pranes aparte, con los matices de rigor, queda una suerte de reducido ejército de desamparados que claman por un favor de la burocracia y, al movilizarse para hostigar a la oposición, de vez en cuando sirve de espuela la alusión a banderas que algún avisado llama … lucha de clases.

    Descontextualicemos por un momento al propio Marx, quien – referido a los republicanos burgueses por 1849 – aseguró que pasaron del “nivel de un partido al nivel de una pandilla”, manejando “la Constitución como una intriga” (“Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1980: 78).  En un estilo que muy bien tuvo ocasión de estudiar Ludovico Silva, tomamos sus expresiones para retratar a un partido de gobierno que, al pretender monopolizar toda interpretación de la Constitución, no logra ocultar las condiciones que ha consumado. Sin embargo,  reparemos en un dato esencial: la lucha de las clases generadas por el régimen, tiene por escenario Miraflores, pero el asiento principal está en las agencias bancarias, los registros y las notarías que cuidan – por ahora – muy bien el secreto.

    Twitter: @LuisBarraganJ

  • Desolación – Por Miguel Velarde

    Desolación – Por Miguel Velarde

    Cuando el presente es una mentira, uno siempre vuelve al pasado

    Venezuela es el país con la inflación más alta del mundo. El Fondo Monetario Internacional prevé que llegará a 720% este año. Los niveles de escasez son los de un país en guerra. Peores que los de Siria o Irak. De acuerdo a un reciente informe de Transparencia Internacional, somos el país más corrupto de Latinoamérica. Caracas es la ciudad más peligrosa del mundo, como refleja un documento presentado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, de México.

    Sufrimos las peores enfermedades como nación. Si Venezuela fuera una persona, estaría desahuciada. Si bien los países no mueren, pueden agonizar por mucho tiempo. El dolor y los costos de esta agonía son incalculables; en vidas humanas, para comenzar, y en sueños, también.

    Cuando el presente es una mentira, uno siempre vuelve al pasado. Este año regresamos al nivel de pobreza de 1986, con un aparato productivo 24% menor y con una posibilidad de satisfacer la demanda mínima de solo el 65%. El ingreso per cápita a finales de los años ’80 era de 1.022 dólares, el más bajo que se había alcanzado en la historia reciente del país. Para este año, con un precio del barril de petróleo de 30 dólares, será de 681 dólares. La mitad.

    A Venezuela le ingresarían unos 20.000 millones de dólares en 2016. Solamente para pago de deudas, se tienen comprometidos 14.000. Es decir, quedan 6.000 millones de dólares para comprar todo en un país que no produce nada.

    Si Chávez no hubiera destruido el Fondo de Estabilización Macroeconómica, creado en 1998, hoy el país tendría ahorrados 286.000 millones de dólares. Suficiente para no vivir las penurias de hoy y más.

    Por donde se mire hay destrucción. Es imposible encontrar un sector de la sociedad que funcione. Hasta lo más básico, como la comida, es escaso. Sin embargo, en el tema de los medicamentos el escenario es peor.

    La Federación Farmacéutica Venezolana calificó como “crítica” la situación de ese sector debido a la carencia de medicinas que, según su informe, supera el 80%. La Federación considera que ya vivimos una crisis humanitaria y que necesitamos ayuda internacional. El número de denuncias de muertes por falta de medicamentos es dramática y va en ascenso.

    Es imposible explicar lo que han significado estos 17 años de destrucción para toda una generación. En la década de mayor bonanza en la historia del país, se han robado tanto que incluso se llevaron lo más preciado que cualquiera puede tener: el futuro.

    Al país, le han quitado la posibilidad de aprovechar una década de oro y, por el contrario, lo que hoy dejan es desolación.

    Twitter: @MiguelVelarde

  • Caldera, política y cristiandad – Por Luis Barragán

    Caldera, política y cristiandad – Por Luis Barragán

    En el marco de la celebración de su centenario, la programación de los foros alusivos comenzó con el realizado – significativamente – en la sede de la CTV, centrado en la perspectiva cristiana de Rafael Caldera. Nos correspondió intervenir como panelistas, complementando la brillante exposición que hizo Abdón Vivas Terán y, como siempre, la muy interesante y sugestiva de Naudy Suárez.

    El tema, nada fácil para cubrirlo en un solo evento, nos permitió constatar y también descubrir algunas facetas del compromiso ético del yaracuyano  que, más allá de la práctica religiosa,   se proyectó al ámbito político concreto de los también difíciles años en los que le tocó emerger, pues, el debate público tenía otros y muy marcados parámetros, como el positivismo y el marxismo. Apareció una opción concreta de inspiración cristiana, a partir de la Unión Nacional Estudiantil (UNE), pero el solo planteamiento y revalidación política de un mensaje fundado en la enseñanza social de la Iglesia, constituyó una hazaña por su contexto e implicaciones.

    Apartados de nuestra modesta exposición en el citado foro, a la espera de la publicación de las extraordinarias que aportaron Abdón y Naudy, deseamos recalcar una circunstancia: la inversión de valores, manipulados y tergiversados hasta el hastío, explica la crisis – por lo demás, prolongada – que hemos experimentado en los últimos años. Años orwellianos que, es necesario reconocer, trastocó y condicionó a la oposición, pues, sin demandar su pureza, su imposible pureza, hubo y hay sectores que reflejan o reproducen las convicciones y los procederes inherentes a un régimen capaz de generar tan perversa pedagogía.

    El culto a la personalidad que ha caracterizado al régimen todos estos años, provoca una cierta religiosidad del poder escondida en el sincretismo de grupos,  incluso,  bien intencionados, que buscan o claman por su reconocimiento y beneficios. Y, con un mayor acento de Chávez Frías, ponderada la herencia por su sucesor, se hizo de la simbología, el lenguaje y determinadas actitudes, confiscándolas, a objeto de legitimar un discurso orientado al sedicente continuismo gubernamental.

    Sectores del pentecostalismo y de la santería en Venezuela, añadidos los católicos (intentado un “cisma” en la Iglesia zuliana o la febril promoción como activista político de un jesuita), compelidos,  ilustran las consecuencias del discurso de confiscación, por no citar el abusivo empleo de sus símbolos y rituales, a veces no tan implícitos. Los especialistas advierten la tendencia de un movimiento mágico-religioso que, agotado, ya comienza a sincerar sus difíciles retos de supervivencia como movimiento político mismo.

    Harto conocida fue, al fundar un partido de inspiración socialcristiana, la precisión que hizo Caldera sobre el carácter no confesional de la organización y, mejor aún, la diferenciación entre los ámbitos sagrado y terrenal. Tratándose de la jefatura del Estado, comprendió muy bien que no debía privilegiar la relación con una determinada creencia organizada, por más que coincidiera con su profesión de fe; y, naturalmente, expresando al país predominantemente católico, como jefe de Gobierno, que esa frecuente relación no fuese para subordinar a la Iglesia que, como acaeció, no pocas veces dejo constancia de su inconformidad con las políticas oficiales.

    Inevitable fue  reflejar la conducta pública de un católico practicante, pero no menos cierto que respetó ritos y símbolos, predicó el pluralismo y procuró un lenguaje republicano, sin caer en la tentación de una obscena y directa manipulación de los elementos, como ha ocurrido hasta en las circunstancias más banales, a juzgar por la última   década y media en Venezuela. La diferenciación entre lo sagrado y lo profano, lo divino y lo terrenal, habla de una definida, cultivada y larga convicción religiosa que también constituyó una ventaja.

    Ventaja como la de acreditar a los actores políticos que no temieron revelar su identidad religiosa, moderando sus opiniones y reclamos respecto a la  conducta ajena en el específico ámbito. Por estos años, el discurso confiscador se ha empinado – moralista – para sentenciar a los demás, como si monopolizara todas las virtudes; consta, por una parte, en la vieja prensa,  las preocupaciones y diligencias de Caldera como laico activo, y, por la otra,  la cuidadosa prudencia para no juzgar  públicamente las otras conductas religiosas, mucho menos, como un aventajado recurso político.

    Hubo un respeto por la institucionalidad religiosa de las distintas creencias que hoy valoramos y, más, por los particulares símbolos y rituales de un ecumenismo convencido, contrastante – valga acotar – con el pastiche atribuido a los tiempos de la postmodernidad que se hizo impúdico poder. Coherente formación religiosa que no configuró fenómeno invasivo alguno de la sociedad, sino que la previno – políticamente – frente a los oleajes recurrentes de modas, oportunismos y otras modalidades fraudulentas.

    El compromiso cristiano de Rafael Caldera, en las versiones de Vivas Terán y Suárez, ha suscitado un poco estas notas posteriores al foro en el que pretendimos versar sobre las relaciones del Estado con Roma, el impacto de la guerra civil española y su poder estigmatizador, la etapa pre-conciliar y conciliar, las distintas escuelas teológicas y su proyección política. No obstante, aunque el neotomismo del ex – presidente luzca evidente, queda pendiente explorar sus peculiares acentos teológicos, influyentes en una postura y una realización políticas.

    Twitter: @LuisBarraganJ