Categoría: Opinión

  • Voluntad política – Por Miguel Velarde

    Voluntad política – Por Miguel Velarde

    Existe una frase popular que reza: “La gota de agua perfora la roca, no por su fuerza, sino por su constancia”. Define muy bien una de las reglas esenciales de la vida: no importa el tamaño de un reto, si uno le pone el suficiente esfuerzo, es probable que lo supere. Claro, eso sí, no se debe olvidar la variable más importante: la convicción para lograrlo.

    En la política es igual. No existe motor más extraordinario que la voluntad política para alcanzar un objetivo. Independientemente de lo empinado del camino o de los obstáculos que se encuentren en éste, generalmente la variable que define si se llega o no a la meta es el convencimiento que se tenía incluso antes de partir.

    Hace más de dos años se hizo evidente que en la oposición existían dos visiones distintas de lo que se tenía que hacer: una consideraba que se debía esperar a las próximas elecciones presidenciales en el 2019 y “dejar que este gobierno se desgaste”. La otra planteaba que eso era irresponsable: que se debía buscar la manera de lograr el cambio político a la mayor brevedad posible y evitar llegar a donde hemos llegado: una crisis humanitaria. El choque de estrategias fue público y el quiebre en la oposición evidente.

    Hoy, después de mucho debate, parece que existe coincidencia en lo que se debe hacer: hay que cambiar al gobierno. Sin embargo, como no podía ser diferente en un grupo que aglutina a organizaciones políticas tan distintas, también existen diversas posiciones sobre cuál es la mejor vía constitucional para hacerlo. No es una divergencia menor, porque si no se soluciona pronto o, peor aún, si se elige la equivocada, el resultado será un estrepitoso fracaso que puede terminar fortaleciendo al chavismo.

    El problema es que hemos llegado a una situación en la que la permanencia de este modelo en el poder ya no se cuenta en días, sino en vidas. No solamente mueren casi 30.000 personas cada año como consecuencia de una violencia desbordada –Caracas es la ciudad más peligrosa del mundo, según organismos internacionales especializados en el tema-, sino también están muriendo personas por la falta de medicamentos e incluso existen denuncias del fallecimiento de decenas de bebés recién nacidos debido a las precarias condiciones en la que se encuentran los hospitales. El país se desangra.

    La crisis que atravesamos solo se va a profundizar si no se hacen cambios estructurales en el modelo. El Fondo Monetario Internacional acaba de publicar un informe en el que pronostica una inflación en Venezuela de 500% para 2016 –cuarto año como el país con la más alta del mundo-  y superior a 1600% para 2017. La escasez alcanza el 90% en ciertos rubros de primera necesidad, niveles de un país en guerra. Ni siquiera podemos imaginar lo que viene.

    No hay objetivo que sea imposible de alcanzar si de verdad existe el deseo de hacerlo. Las condiciones están dadas para lograr el cambio político. La pregunta que muchos nos hacemos hoy es: ¿Está toda la oposición convencida?

    Pareciera que no todos. A algunos les cuesta disimular su falta de voluntad política para hacerlo.

    @MiguelVelarde

  • ¿Cambio de hora, o la hora del cambio? – Por Daniel Merchán M.

    ¿Cambio de hora, o la hora del cambio? – Por Daniel Merchán M.

    Ahora que hay un nuevo cambio del huso horario en Venezuela, producto de una de las tantas crisis que vive la puerta de entrada a Sudamérica, puntualmente por razones energéticas que mantienen a los venezolanos viviendo constantes apagones por falta de electricidad, y para lo cual, esto no deja de ser una medida desesperada y de bajo impacto frente al descalabro de todo el sistema eléctrico, por falta de mantenimiento, inversiones y prevención ante la aguda sequía que atraviesa la nación, pues se coloco en jaque al sistema de hidroeléctricas; lo que hace que valga la pena preguntarse, si en el nuevo marcaje de la hora venezolana las cosas mejoraran para los habitantes del suelo patrio o por el contrario continuaran los innumerables padecimientos, de tal modo que los venezolanos nos adelantaremos en el tiempo media hora, pero ya habremos vivido casi 20 años de nocivo retroceso.

    Venezuela soporta sobre sus hombros la peor crisis de su historia republicana, es el país donde el gobierno le promete a su gente luz del sol frente a los apagones, o se le pide a las mujeres no utilizar secadores de cabello para contribuir al racionamiento, es la sociedad aterrorizada por el crimen, la de 27 mil muertos por año en sus calles producto de la violencia y donde el único consuelo gubernamental es culpar a los ciudadanos por salir muy tarde o llevar prendas ostentosas en público, el país donde los cirujanos operan en quirófano con luz de sus teléfonos móviles y sin poder recetar medicamentos que desaparecieron de las farmacias, y el país donde alimentarse no solo representa un esfuerzo inclemente en colas interminables, sino que la mejor promesa ante la escasez de esos alimentos básicos es comer piedra frita de ser necesario para salvar la “revolución”, un país con la mayor inflación del mundo y donde el sueldo mínimo solo cubre el 7% de la cesta básica.

    En este país, tu país, mi país como rememorando aquella vieja canción de María Teresa Chacín que expresa el amor por Venezuela, ya no quedan rasgos de prosperidad y estabilidad, es sin duda un estado fallido, sin control, sin ley y lleno de anarquía impulsada desde lo mas alto del gobierno, razón que ha desatado el mayor éxodo de venezolanos al exterior, inmigrantes en crecimiento y diseminados por el mundo en busca de oportunidades, con añoranzas entre pecho y espalda pero determinados a superar los 2 millones de viajeros en esta diáspora que estamos regando por el planeta; es por ello, que la pregunta recurrente para quienes viven en la tierra de donde nacieron varias gestas independentistas, es si lo mas cerca que se esta de ver una hora distinta será con el superficialísimo cambio de huso horario, o ha llegado la hora del cambio definitivo y verdadero, muestra que se ve en cada encuesta nacional en la que el régimen chavista no queda bien parado, y por lo que hoy se han activado diversos mecanismos constitucionales para su salida del poder, solicitando la renuncia del presidente, la enmienda de la carta magna para acortar el periodo, el referendo revocatorio e incluso la reserva de una asamblea nacional constituyente.

    La hora del cambio en Venezuela llegó, y a todas luces es indetenible, cualquiera sea la hoja de ruta que los venezolanos vayamos a tomar, lo cierto es que es urgente, es indispensable e impostergable, basta con ver la determinación de otros países del continente que ha indo despejando el camino, el impeachment en Brasil, la salida del clan K en Argentina, la derrota del caudillismo en Bolivia, el ejemplo democrático peruano, entre otros, son fiel ejemplo de que todo cambio y objetivo es posible, y así lo será para Venezuela, que aunque le toca pasar una etapa enormemente lúgubre en el periplo inicial de este milenio, verá llegar tiempos de florecimiento y dicha, pues los países no se acaban, pero si tienen ciclos altos y bajos a los que solo los propios pueblos tienen respuesta y solución, la luz al final del túnel a veces es un tren que los hace retroceder, aunque también puede ser el destello de la esperanza para alcanzar una nueva realidad, esto ultimo debe ser el propósito de cada venezolano de bien que desee ver retornar la felicidad a nuestro país, como decía Goethe “solo es digno de la libertad quien sabe conquistarla cada día”.

    Daniel Merchán M

    @Daniel_Merchan en Twitter.

  • Venezuela: Una parálisis – Por Pedro Urruchurtu

    Venezuela: Una parálisis – Por Pedro Urruchurtu

    Si algo pudiera definir a nuestra Venezuela al Sol de hoy es la parálisis. Vemos por doquier un país que se debate entre su propia existencia y la de quienes hacen vida en él; un país en pausa, mientras el tiempo pasa y arrasa, como los mismos que saquearon desde el primer día a nuestra nación.

    Por un lado, vemos a un régimen cargado de los más profundos vicios, que no conforme con dejar este país en la ruina y conducirnos hacia la desgracia y al abismo, ahora hace de la vagancia una forma de vida, para justificar su propia ineficiencia (intencional, por demás). Ellos nos trajeron hasta la miseria que somos hoy: gente pasando hambre, muriendo porque no hay medicamentos, llorando porque una bala o un avión pudieron más que un sueño y sintiendo que el mundo se vino abajo; niños creciendo sin la alimentación debidas, bebés muriendo apenas conociendo la vida porque este régimen no tuvo escrúpulos para darles la bienvenida con la muerte; ancianos mendigando entre la pensión y sus medicamentos para intentar hacer de sus días restantes en este país que los vio crecer y surgir, algo mínimamente vivible.

    Está muy claro: si es por ellos, nos dejarán morir. No les importa la vida; no les genera ni la más mínima intranquilidad saber que niños, jóvenes, adultos y viejos mueren porque ellos se disfrutaron, como si hubiera sido una fiesta, todo lo que a este país ingresó y todo lo que otros nos prestaron y que ahora una generación que está muriendo está comprometida a pagar, mientras ellos, creyéndose invencibles, piensan que la justicia no llegará y que sus fechorías quedarán impunes. Nos han sometido a la barbarie, a los estragos de una economía devoradora que ellos crearon y de la que sus mafias son las únicas que hoy pueden sonreír victoriosamente.

    Pero ese es sólo un lado de la parálisis. Del otro lado, vemos a una gran parte de la oposición viendo en el horizonte, por allá a lo lejos, una posible salida a este drama que todos sabemos que no puede esperar. Para ellos, esperar es un imperativo cuando en realidad ya no estamos hablando de una tragedia que se cuenta en días sino en vidas. Por esperar estamos como estamos. Seguimos privilegiando al tiempo sobre nuestra propia existencia, cuando el régimen sabe que el tiempo le ayuda a sobrevivir y a matarnos a la vez. Ellos tienen el reloj…

    Mientras el régimen decreta feriados y días no laborables, como si la vagancia a la que ellos están acostumbrados fuera el modo de vida soñado, la oposición no se concentra en ello para tomar ventaja y hacer de cada día “libre”, un momento de protesta y de presión. Lo hemos dicho antes y lo sostenemos: mantener a la gente sólo en la agenda electoral de procesos futuros que no sabemos cuándo se realizarán, es seguir jugando con las esperanzas y con la desesperación; es seguirle haciendo creer a la gente, con falsas expectativas, que algo cambiará cuando todo seguirá igual.

    Anclar a la gente en un deseo de revocatorio que aún no se materializa y que exige grandes esperas y sacrificios a largo plazo sin garantía de éxito, o a una Asamblea Nacional que ganó electoralmente, pero que no ha cobrado políticamente su triunfo, mientras la humillan, le quitan competencias, la minimizan y la vuelven inútil, es no sólo preocupante sino irresponsable.

    Así estamos: el régimen paraliza al país y nos condena a la vagancia; la oposición paraliza la protesta y la acción de calle como presión popular y nos condena al adormecimiento de la sociedad y a la agenda única y exclusivamente electoral. Siendo así, tenemos un futuro gris… muy gris.

    Hoy hay un gran descontento que puede ser capitalizado con movilización clara de la gente. Hay una gran fuerza reprimida que puede estallar de la forma que menos deseamos si no se canaliza y se aprovecha con la finalidad de salir del régimen. Cada día libre o no laborable que decrete el régimen debe asumirse como bandera para salir de ellos. Estamos en un momento crucial que sólo la ética de la urgencia y un liderazgo claro puede asumir para salir de la tragedia. De lo contrario, terminaremos con el doble de muertos que hoy tenemos, con un régimen impune y saqueador y con una oposición que sabe que es mayoría, que actúa como minoría y que es anulada cada vez que se puede.

    No hay salida del régimen sin presión popular y esa presión sólo se puede articular en la calle, con objetivos claros y con determinación (veamos a Brasil, por ejemplo). Por esperar a que algo pase o a que sólo un voto haga su trabajo hemos llegado a donde estamos hoy. No sigamos dándole oportunidad al régimen de recuperarse; démonos nosotros la oportunidad, como país y como sociedad, de salir de esta tragedia y apuntar a esa transición que nos permita ser, en primer lugar, un país, y luego surgir y prosperar, en libertad y con el aprendizaje que debería dejarnos haber sido tan permisivos con quien lo hizo todo para destruirnos. Si esto no para hoy, si no logramos que se renuncien y que se vayan, lo habrán logrado.

    Twitter: @Urruchurtu

  • Renovar a Venezuela – Por Alexis Goitia

    Renovar a Venezuela – Por Alexis Goitia

    Pese a la crisis económica, política, social y sobre todo intelectual que se vive en nuestro país en estos momentos, el venezolano no debe de caer en aquellas maniobras de manipulación que se evidencia todo el día en cada propaganda política que emana del ejecutivo, cuya intención es distorsionar la realidad en que vivimos y que cada persona no analice y no juzgue a su criterio.

    Cada día se debe ser mas critico, ver a la realidad en que vivimos como es, una crisis que ha superado muchas otras y que marcara a nuestra historia nacional como una etapa oscura y poco grata de recordar; esto se evidencia cada vez que los jóvenes con motivos de surgir y superarse, salen a su universidad y, a su trabajo, con un miedo de no saber si en el trayecto les ha de pasar algo poco provechoso, de no saber si llegaran sanos y salvos, ese miedo que quita la esperanza de seguir esforzándose a lograr las metas que se tengan por cumplir.

    Pero, es necesario no caer en ese miedo, es fundamental usarlo a nuestro favor para saber superar cada obstáculo que se tenga en el camino al éxito, el camino de lograr una gran Venezuela; Nosotros los jóvenes debemos visualizarnos en lo grande, debemos aceptar nuestra responsabilidad de reformar y mejorar lo que es este país, buscar lideres ejemplares, no solo en política, si no, en la medicina, en la ciencia, en las industrias, en cualquier área de desarrollo que brinda oportunidades hacia la prosperidad.

    Se debe seguir a la voz del conocimiento, del esfuerzo, del estudio constante, de las buenas ideas, del respeto a la ley y la justicia, pues, se tiene como meta fundamental, tanto de los adultos como de los jóvenes –que seremos la generación que creara un buen destino-, de Renovar a Venezuela.

    @alexisgoita09

  • Luces contra oscuridad – Por Victoria De La Cruz

    Luces contra oscuridad – Por Victoria De La Cruz

    Ante la medida de oscurantismo que el régimen estableció para los días viernes, prorrogable a todo el fin de semana y tomando en cuenta la crisis humanitaria que sacude al país, la labor que se debe emprender es propiciar que cada uno de esos viernes y sus respectivos fines de semana, se conviertan en días de Oración Nacional por Venezuela y que las personas lo tomen como recogimiento espiritual y acercamiento a Dios y en una sola voz orar por Venezuela a lo largo y ancho del país, vinculándose todos los venezolanos en un mismo momento, un mismo pensamiento y sentimiento de tener un país mejor y dejar atrás la barbarie humana que corroe a nuestra sociedad.

    Recordemos que han sido 17 años de ideología y será un trabajo arduo disminuir ese subconciente nacional de acoso, persecución y chantaje socio-político y económico al que se ha sometido al país. Es revertir esta ideologización implantada por el régimen comunista y hacer un llamado institucional al Nuncio Apostólico y a las organizaciones profesionales de sociólogos, sicólogos y criminólogos, expertos en técnicas de trabajo social, para instituir y ejecutar campañas masivas de reeducación ciudadana donde se impregne la Fe en Dios y en la Santísima Virgen sobre todas las cosas, el optimismo, deseos de vivir, trabajo, honradez, entre otros valores, y transmitirlos masiva y continuamente, en los ratos que haya luz, por todos los medios de difusión que se puedan usar en el país.

    Ante el eminente derrocamiento del régimen comunista, la meta debe ser que en el corto plazo se planifique efectivamente el camino de reeducación ciudadana y se inicie pacíficamente la reconstrucción de Venezuela, mediante el trabajo digno y honesto que cada venezolano esté dispuesto a ofrendarle al país, porque después de esta experiencia dictatorial, el pueblo venezolano ha madurado y está consciente que el populismo sólo genera pobreza y decadencia y que la mejor manera de forjar vida digna y prospera es mediante el trabajo y el respeto a su semejante.

    Debe considerarse el llamado del Papa Francisco al año de la misericordia y exigir que este concepto no sea  abstracto para Venezuela y se materialice mediante acciones concretas que finalicen con la injusticia y abandono por parte de los gobernantes corruptos en la sociedad venezolana.

    Propiciemos que los titulares de las noticias internacionales resaltando las medidas del régimen comunista y la confrontación que causa en la oposición, se cambien por titulares donde se destaquen los fines de semana de oración y reeducación en valores que se inicia masivamente en Venezuela, como punto de partida para el desarrollo y prosperidad del país.

    Comencemos a reconstruir al NUEVO VENEZOLANO para conducirnos por un mismo sendero de crecimiento, paz y desarrollo.

    Seguiremos orando por ti VENEZUELA. Te mereces volver a ser grande, prospera y RESPETADA en el ámbito internacional.

    PD: Mientras escribía este artículo, mi hija de 7 años pintaba. Cuando terminó su trabajo, se me acercó y me dijo: «mamá, mira lo que copié y dibujé». Es la imagen que utilicé para este texto.

  • 17 años después – Por José Antonio López

    17 años después – Por José Antonio López

    Ya estamos en 2016 y 17 años han pasado desde que la revolución bolivariana, liderada por el ex presidente Hugo Chávez llegara al poder prometiendo el cambio tan anhelado por los venezolanos en aquellos días del siglo XX. El oriundo de Sabaneta se presentaba como alguien capaz de darle a la gente lo que pedía, un gobierno que se ocupara del pueblo. Pero nadie, a pesar de las advertencia de algunos personeros de la política, contaba con la loca idea que este señor traía entre ceja y ceja, sumir a la nación en un proceso que aun al día de hoy solo ha dejado una estela de hambre y miseria, el Socialismo del siglo XXI.

    Tan nefasto es el capitalismo mal utilizado como el socialismo mal utilizado. No son las ideologías como fueron concebidas las que hacen daño, sino los malos líderes que vician su ejecución por ambición o ineptitud.

    El socialismo como dogma político se basa en valores y principios muy loables. Es una ideología que plantea igualdad, plantea trabajar en función del bien común y no del particular, plantea la justicia social como piedra angular de los organismos gubernamentales y como marco de las políticas de Estado. Siendo así, ¿Quién podría manifestarse fehacientemente en contra de alguno de estos planteamientos así como están descritos? Creo que nadie.

    Por su parte, el capitalismo genera bienestar, genera progreso, genera riqueza, plantea una cadena de sucesivos pasos para agregar valor y elevar el nivel de vida, y sobre todo, establece una correlación directa entre esfuerzo y bienestar económico a nivel personal, empresarial y nacional. El que más trabaja y mejor controla sus gastos tiene una estabilidad económica mayor que el que trabaja menos y despilfarra. Una vez más, en términos generales y simplistas, todo tiene el mayor sentido.

    Ahora vayamos a la práctica. El socialismo extremo peca de romántico, de utópico.  Es como el esposo que habla del amor a su mujer y sus hijos, pero no trae de comer a la casa y los tiene pasando hambre (como está pasando actualmente).  El capitalismo extremo es sumamente nocivo para la condición humana. Enajena al individuo en función de su valor comercial de trabajo y potencial de consumo, y en el acto de masificarlo lo degrada.

    No hay duda alguna que lo anterior sea cierto. Dos modelos que polarizan, en discurso, a la población venezolana de boca de sus vociferantes líderes. A todas estas ninguna es más que la otra. Lo más idóneo es encontrar el balance entre ambas corrientes, donde convivamos todos en un esquema en el que se toma lo positivo de cada propuesta, y desarrollemos nuestra propia ideología, en algún punto medio adaptado a la realidad venezolana.

    Soy de oposición por dos razones fundamentales:

    1)- Principios: no apoyo regímenes ni autoridad alguna que intente desconocer, menospreciar y anular al que piense distinto mientras protege ciegamente entre sus partidarios, incluso a los que hacen daño a la nación.

    2)- Hechos: la tercera inflación más alta del planeta, desempleo, escasez de comida y medicinas, inflación, falta de servicios básicos y de seguridad social, desabastecimiento y una delincuencia impune a todo nivel es sencillamente inexcusable.

    Hoy a los venezolanos solo nos unen las mismas calamidades, partiendo de esto, es necesario que juntos le plantemos cara al futuro, futuro opaco, lejano, pero que está ahí, sólo falta que de una vez por todas nos pongamos de acuerdo para sacar al país adelante y reconstruirlo a partir de lo poco que queda.

    Pero para que algo así suceda, debemos promover la reconciliación nacional y unidos promover el cambio político que necesita nuestro país.

    La idea de Reconciliar social, económica y políticamente al país es el camino correcto a un mejor futuro.

    @joxeantonio

  • ¿A quién salvamos? – Por Pedro Urruchurtu

    ¿A quién salvamos? – Por Pedro Urruchurtu

    Aunque no nos guste, siempre nos toca escoger. Ciertamente eso varía en función de la libertad que tengamos para hacerlo y eso en este país no es precisamente un asunto del que podamos disfrutar. Pero, cuando escribo este artículo y planteo la elección de a quién salvar, debo hacer mención a una realidad que ya he planteado: estamos decidiendo entre un país agonizante y un régimen que quiere matarnos.

    Pudiera parecer sorprendente que aún existan personas, gobiernos o instituciones que duden de la necesidad urgente de salir de Maduro. Peor aún, puede asombrar que haya gobiernos que defiendan la estabilidad de Maduro a cambio de sus objetivos, ignorando que en este país se pierden vidas por doquier y a cada instante

    Podríamos colocar como ejemplo a Colombia y la paz que el Presidente Santos ha querido lograr para su nación. Respetando su intención, tal fin sin un gobierno democrático en Venezuela sólo se traduce en fracaso. Y es que sin un gobierno democrático en nuestro país, que decida combatir de lleno el problema de la guerrilla, lo único que lograría tal paz es que todos esos grupos irregulares se conviertan en nuestros nuevos inquilinos (más de lo que ya son).

    Pero Santos está entrampado. Aunque él sabe que sin una Venezuela democrática la guerrilla no dejará de ser un problema, no tiene más opción que apoyar al régimen venezolano, que ha sabido cómo atrapar a Colombia siendo el gran mediador de una paz terca. Puede resultar irónico que un régimen que niega una amnistía y destruye la paz de una nación entera, sea quien auspicie la paz de otro país. Peor aún, Santos parece olvidar el sufrimiento de la frontera colombo-venezolana, que bastante protestó, y ahora su silencio y gestiones sólo apuntan a un diálogo complaciente que dé estabilidad a Maduro, como si en nuestro país no hubiera miseria, destrucción, vidas perdidas y como si lo único que importara es una paz afanada.

    Otro ejemplo podría ser el del Papa Francisco. Hace unos días el Nuncio Apostólico en Venezuela, Aldo Giordano, afirmaba que Su Santidad está lista para visitar Venezuela. La pregunta es ¿está Venezuela lista para recibir al Papa? ¿Y si pensáramos por un momento que esa visita en un momento como este sólo daría oxígeno al régimen y haría de nuestra tragedia una larga agonía viciada por un diálogo entre gobierno y oposición que sólo lavaría la cara de la dictadura? ¿Cómo promover un diálogo con hambre y miseria?

    Esto nos debe hacer reflexionar a lo interno y externo de nuestras fronteras. Quienes afuera promueven y auspician diálogo y entendimiento deberían preguntarse, más allá de sus intereses, si vale la pena ignorar a un país que más que diálogo, quiere cambio y revivir. A lo interno, quienes piden diálogo a interlocutores afuera, ¿están conscientes de qué tipo de entendimiento están solicitando?

    Hasta hace nada vivimos un episodio de diálogo que sólo le lavó la cara al régimen y le dio oxígeno. ¿Emprenderemos nuevamente este debate inútil?

    El único diálogo posible que debe existir es aquel que, con condiciones claras, conduzca a la salida de Maduro y su régimen. Todo lo demás será para olvidar la tragedia que vivimos y la responsabilidad de quienes mandan. Todo lo demás no será más que una burla, como siempre ha sido.

    Ya el régimen lo ha demostrado: no dialoga, impone; no perdona, humilla; no le importa la vida, nos mata y nos condena. No se puede tener tanta memoria corta… su fin no es dialogar por nosotros, sino mantenerse en el poder a cambio de la destrucción física y moral de un país.

    Ya no hay mas tiempos de diálogos con el dictador. Es la hora de los diálogos de la transición; una transición genuina, seria y sensata.

    A quienes promueven o piden diálogo, no olviden que sostener a este régimen sólo les dará cortas satisfacciones pero largas y terribles consecuencias. No olviden que hay un país bañado en sangre, en dolor, en hambre, en muerte. No olviden que ajustarle la careta a la dictadura es seguir sepultando vidas y sueños. No se quejen cuando, en nombre de una paz y un diálogo acomodaticio, consigan las ruinas de un país que les pidió auxilio para salvarse y sólo encontró su final. No entreguemos lo poco que nos queda a quien nos quitó todo.

    Cuando nos preguntemos a sí mismos: “¿A quién salvamos?”, no olvidemos que este país vale mucho más que sus usurpadores; no olvidemos que nuestra libertad jamas ha debido tener precio ni final y que ellos sí. Entiéndalo: este dolor tiene que parar; no podemos sostener más a quién nos lanzó al abismo… ¡Se tienen que ir ya!

     

    Twitter: @Urruchurtu

  • Arquitectos de nuestro destino – Por Miguel Velarde

    Arquitectos de nuestro destino – Por Miguel Velarde

    Cada nuevo día, Venezuela se paraliza un poco más como consecuencia de una economía devastada, los sectores privado y productivo destruidos, la emigración de cientos de miles de jóvenes profesionales, la inseguridad y el miedo.

    Es por eso que si algo le hace falta al país hoy, es trabajo. Sin embargo, cuando creemos que nada más puede sorprendernos, nos encontramos con decisiones como la de declarar no laborable para el sector público los viernes por los próximos 60 días para “ahorrar agua y electricidad”. Esto, sumado a que desde hace algunos meses ese sector trabaja solo media jornada, quiere decir que ahora lo harán solo 2 días a la semana.

    Ni siquiera vale la pena entrar en el detalle de lo ineficiente que posiblemente sea esta medida –tanto como haber declarado toda la Semana Santa libre-, sino del origen de la misma. No es un hecho aislado, es un síntoma más de la catastrófica situación del país y un reflejo de la esencia del modelo que hoy gobierna. Como ocurre con los problemas de inflación, escasez, inseguridad, y ahora el eléctrico, no existe un programa serio para la recuperación del sector; su mejor plan es rezar para que llueva. Eso nos lleva a pensar que los niveles de ineptitud no tienen precedente o, peor aún, que todo esto es intencional.

    La parálisis no solamente se ve en el oficialismo, sino también en los dirigentes opositores, quienes recibieron un claro mandato de cambio de millones de ciudadanos en las elecciones parlamentarias. La Asamblea Nacional está viviendo sus últimos días de “luna de miel” con sus electores. Si no actúa y toma la ofensiva, no solamente desaprovechará el apoyo popular, sino también perderá importancia en la coyuntura política.

    Pero la oposición se empeña en evitar lo inevitable: un conflicto de poderes. Cuando se analizan los mensajes del gobierno, queda claro que el diálogo y la conciliación no son una posibilidad. Y, mientras venezolanos mueren por falta de medicamentos, pasan hambre en interminables colas tratando de encontrar alimentos y sucumben ante la tragedia de la inseguridad, es terrible ver como un sector opositor solo hace cálculos políticos egoístas sin que le importe que cada día que pasa el país agoniza un poco más.

    Todo indica que no habrá solución posible sin la protesta de la gente en la calle. No hay feriados ni regalos que cubran la más importante aspiración de la gran mayoría de la gente: vivir del fruto de su esfuerzo en un país en paz.

    La pequeña cúpula política de ambos lados tiene que comprender que la mayoría de los ciudadanos no somos ni vagos ni malandros. Somos gente que quiere trabajar y ser arquitectos de nuestro propio destino.

    @MiguelVelarde

  • Fuerza Armada y deliberación – Por Luis Barragán

    Fuerza Armada y deliberación – Por Luis Barragán

    La semana pasada, el ministro de la Defensa concedió un par de declaraciones en torno a la ya sancionada Ley de Amnistía. En una, anunció el inicio de una jornada de la corporación castrense para estudiar su impacto respecto al Estado de Derecho, impunidad y derechos humanos; y, en la otra, fruto de la deliberación celebrada en Fuerte Tiuna, cumplimentando la auto-profecía,  concluyó que “legaliza la violación de los DD.HH., favorece a los actores de delitos comunes y hace una confesión de los delitos cometidos (…) traería consecuencias nefastas”,  y – faltando poco – “atenta contra la paz y la estabilidad de las instituciones democráticas e incluso la disciplina de la Fuerza Armada (…) contra la vida militar (y) le haría un daño gravísimo a nuestra disciplina”.

    Advertido el impedimento en el genuino constitucionalismo bolivariano, véase – por ejemplo – la Carta de 1819 (artículo 9° del título 11°: “ningún cuerpo armado puede deliberar”), el apremiado constituyente de 1999 hizo caso omiso y, sin aclarar suficiente y adecuadamente su alcance, auspició una interpretación políticamente interesada. Valga acotar, la inédita supresión es susceptible de un enfoque hermenéutico alternativo, pues la deliberación política no tiene cabida, cuando la Fuerza Armada es una “institución esencialmente  profesional, sin militancia política” y, en cumplimiento de sus funciones, “está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”, reconociéndoles a sus miembros activos el derecho al sufragio, “sin que les esté permitido optar a cargo de elección popular, ni participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político” (artículos 328 y 330 constitucionales).

    De acuerdo con las dos acepciones que trae el Diccionario de la Real Academia de la  Lengua, deliberar significa considerar con atención y detenimiento los motivos favorables o desfavorables que conducen a una decisión, la cual exige – obviamente – una meditación. Y, si fuese de naturaleza política, siguiendo la fuente, en sus 2°,5°, 7°, 9° y 12° acepciones, concierne a las orientaciones, actividades y opiniones ciudadanas referidas a los asuntos públicos o gubernamentales.

    Consignadas tan necesarias premisas, en atención de las citadas declaraciones, entendemos que la experiencia deliberativa de Fuerte Tiuna fue sesgada, pues, por una parte, no sopesó todas las razones que condujeron a la discusión y a la sanción parlamentarias de la Ley de Amnistía, las cuales concreta y públicamente debieron refutarse; por otra, atendió y repitió los motivos absolutamente políticos invocados por el Presidente de la República, en su condición de jefe de Gobierno y dirigente partidista, aunque pudo saber de la versión sostenida por los diputados de la oposición, incluso, invitando personalmente a una representación calificada; y, luego, de negar el carácter político a la deliberación, queda el cumplimiento de una orden emanada por el jefe de Estado, en su carácter de Comandante en Jefe, infiriéndola como una consulta con fines proselitistas, ya que – siendo la especialidad – no hay evidencias de una evaluación en lo que al sector defensa se refiere. Ergo, no encontramos una explicación sobria, coherente conteste con expresa e inequívocamente establecido en la Constitución.

    Por lo demás, el general  Vladimir Padrino López, naturalmente, al integrarlo, vota en el Consejo de Ministros, escenario propicio para fijar una postura política que no ha de afectar la vida institucional y profesional de la entidad que representa, habida cuenta de los lapsos y las soluciones contempladas en los artículos 214 y 216 de la vigente Constitución de la República.  En todo caso, con la aplicación efectiva de la Ley de Amnistía, apreciamos, nada de nefanda sería respecto a la necesarísima reconciliación nacional, favoreciendo la paz y la estabilidad institucional, ni relaja la disciplina o daña la vida militar, como tampoco ocurrió con la Política de Pacificación (y sus instrumentos), décadas atrás; y, mejor, obliga a una Comisión de la Verdad, como universalmente se le comprende e implementa, pues, la violación sistemática de los derechos humanos apunta más a un régimen que, no hace mucho, cegó la vida a 43 jóvenes venezolanos en el legítimo derecho que tenían de protestarlo pacíficamente.

    @LuisBarraganJ

  • ¿Exagerados? – Por Miguel Velarde

    ¿Exagerados? – Por Miguel Velarde

    Una de las frases que más daño le ha hecho a Venezuela es el “no vale, yo no creo”. Resume parte de la esencia del venezolano, del ser humano: es mejor negar una dura realidad, porque admitirla trae costos muy altos. Reconocerla significa tener que enfrentarla y para hacerlo se necesita coraje.

    La llegada del modelo chavista, producto del Foro de Sao Paulo, que se instaló en Venezuela con el objetivo de no dejar jamás el poder, fue lo peor que le pudo pasar a Venezuela en su historia. Nada más contrario al espíritu democrático que había diferenciado al país incluso de sus vecinos en la región durante gran parte del siglo pasado.

    Vivimos una tragedia, pero no fue por falta de aviso. Desde muy temprano en este proceso, diferentes voces advirtieron sobre los peligros que enfrentábamos: la pérdida de libertades, la violación a los derechos básicos, la destrucción de la democracia y el saqueo del país.

    Lo incomprensible es que no solo quienes formaron parte de la pseudo-revolución chavista atacaron sin piedad a las voces de alarma, también lo hicieron algunos de sus compañeros que supuestamente luchaban contra el régimen: los tildaron de “radicales” y de “alarmistas”.

    ¿Dónde estamos hoy? Al borde del abismo. Por donde se mire hay destrucción. El sector eléctrico está a pocos días de la “zona de colapso”, según expertos en el tema. Por primera vez en la historia de la represa El Guri, la más importante del país, los trabajadores tendrán que operar las turbinas por debajo de la cota 244,55, que es el mínimo histórico alcanzado en 2003. Cuando eso ocurra, el país enfrentaría un racionamiento eléctrico masivo.

    La economía tampoco muestra signos de mejoría. La crisis golpea cada vez con más fuerza a los venezolanos. El diputado José Olivares informó la semana pasada que la escasez de medicinas ya alcanzó el 90%, un nivel de un país en guerra. Mientras que en relación al costo de la vida, el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas) informó que el precio de la canasta básica familiar aumentó a 176.975 bolívares en febrero. La cifra muestra un incremento de 19.142 bolívares con respecto a enero, lo que representa 12%. En un año, la canasta varió 424%, lo que equivale a 143.215 bolívares. Para adquirirla se requieren 18 salarios mínimos.

    Como si no fuera suficiente, los temas sociales también están en una etapa crítica. La inseguridad tiene asfixiados a los ciudadanos y los linchamientos son cada vez más frecuentes. Son consecuencia de una colectividad harta de tanta violencia impune y síntoma del desmoronamiento institucional. Estos hechos, injustificables, no deben verse como algo aislado. La violencia se ha adueñado del país y tiene de rodillas a una sociedad desamparada.

    Mientras tanto, la Asamblea Nacional, en el epílogo de la “luna de miel” con sus electores, pareciera paralizada. Ante cualquier intento de avance –como la reciente aprobación de la Ley de Amnistía- encuentra un bloqueo inmediato del Tribunal Supremo de Justicia y cae en la inacción. Sigue tratando de evitar un conflicto de poderes a todas luces inevitable.

    Toda esta tragedia es consecuencia de una ineptitud sin límite, pero, sobre todo, de una corrupción sin precedente. Estamos enfrentando las horas más oscuras de la historia del país. Necesitamos mucho coraje y claridad para hacerlo.

    Y por favor, que nadie venga a decir hoy que somos exagerados.

    @MiguelVelarde