Categoría: Opinión

  • Venezuela: Una bomba de tiempo – Por Pedro Urruchurtu

    Venezuela: Una bomba de tiempo – Por Pedro Urruchurtu

    Los tiempos en política siempre son significativos y lo que se haga o se deje de hacer es determinante. Pero la política, en sí misma, tiene unos tiempos particulares, propios de su dinámica de interacción entre múltiples actores y muchas veces estos poco o nada tienen que ver con los tiempos de la sociedad, y mucho menos si de sus problemas se trata.

    La crisis económica y social que vive el país, de la cual hoy nadie duda que se trate de una crisis humanitaria, se ha acelerado. Ese aceleramiento, lejos de suponer que la situación podría mejorar, nos indica que su desenlace, además de estar cerca, puede tener consecuencias catastróficas para los venezolanos que hoy se debaten entre la miseria, el hambre y la incertidumbre. ¿Lo más preocupante? La crisis política y sus derivados, van a un ritmo mucho más lento, rezagada entre la elocuente respuesta de algunos sectores de invocar a un diálogo estéril y las posiciones contradictorias que algunos liderazgos de la oposición han proyectado.

    En los últimos días hemos a la región con los ojos puestos en Venezuela. Por un lado, la decidida y contundente respuesta de Luis Almagro, a la cabeza de la Organización de los Estados Americanos (OEA), quien valientemente decidió presentar un demoledor informe sobre nuestra crisis e invocar la Carta Democrática Interamericana, convirtiéndose así en el primer Secretario General de la organización en hacerlo y, además, hacia un gobierno en ejercicio, que perdió su legitimidad de desempeño.

    Por otro lado, vemos la reiterada y frustrante invocación de diálogo con la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y sus tres mediadores designados: José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos; todos identificados en el pasado y en el presente con el oficialismo y que representan a una instancia que está en deuda con los venezolanos desde el año 2013, cuando se acordó auditar el 100% de las cajas de aquella elección presidencial. Esto sin hablar de aquel diálogo que en 2014 se dio a raíz de las protestas que sacudieron a nuestro país y que contó con la mediación de los Cancilleres de Colombia, Ecuador y Uruguay (este último con el propio Almagro como representante). ¿El resultado? Se enfrió la calle, se calmó la presión internacional y Nicolás Maduro ganó tiempo.

    No pareciera haber elementos que indiquen que este nuevo intento de diálogo será diferente, cuando se trata del mismo organismo y cuando Venezuela, en manos de Maduro, tiene la presidencia pro témpore de éste. Peor aún, lo único que se vislumbra es una larga agonía entre conversaciones y letargos que no derivarán en otra cosa sino en tiempo perdido, llegar al año 2017 y hacer del revocatorio un ejercicio a favor del gobierno y no de Venezuela entera.

    Los demócratas venezolanos deberían asumir la bandera de la OEA y del Sistema Interamericano, con una institucionalidad ejemplar para el mundo, como la única y reconocida instancia regional y hemisférica para entablar un diálogo. ¿Cómo es posible esto? La Carta Democrática Interamericana es el mecanismo.

    La Carta, además de la propia sanción política que tiene en su haber, indica que deben darse conversaciones y gestiones diplomáticas para buscar que el Estado afectado rectifique cuando ha habido una ruptura del orden constitucional y/o del hilo democrático. Si esa Carta, en la que 34 países se pusieron de acuerdo sobre lo que es democracia, insta a este encuentro entre las partes, ¿por qué virar la atención a otros entes de favorables a Maduro y sin garantía de éxito? Alguien debería explicar tal interés.

    Almagro, el Canciller uruguayo que en 2014 entendió lo que pasó en Venezuela y su deber de tomar postura, hoy ha decidido actuar en torno a su investidura y hacer valer a la OEA y al propósito de su creación. La vigencia y utilidad del organismo se verían seriamente afectados si no cumpliera con su deber. De allí el empeño de invocar el Consejo Permanente extraordinario para abordar tal crisis, aún cuando han quedado al descubierto las intenciones de países como Argentina, cuya Canciller, por motivos propios, emprendió una operación dialogante, previa a la discusión de la Carta, con el fin de desmovilizar apoyos a Almagro y conciliar a una región que necesita para llegar a ser Secretaria General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

    Es en la OEA, el foro de defensa de la democracia regional por excelencia, que debe darse el diálogo. Pero hay que ir más allá: ese diálogo debe conducir a un cambio de gobierno este mismo año, tal como recomienda el Secretario Almagro en su informe, cuando habla de que el referéndum revocatorio debe darse en 2016 si se pretende salvar lo que queda de democracia en Venezuela. Es la Carta Democrática Interamericana, con apoyo regional, el mecanismo para impulsar tal acción y generar la presión necesaria.

    Aquellos países que están apoyando el diálogo y las gestiones de UNASUR, dentro o fuera de la OEA, se darán cuenta que lo que proponen es una táctica dilatoria y nada más, con el riesgo de que la realidad nos estalle en la cara, mientras esperamos que ellos decidan cuándo es más conveniente el revocatorio, primera condición puesta por la oposición y que ya la OEA ha respaldado. ¿Por qué insistir con UNASUR? El mismo mensaje debe enviársele a quienes en reuniones secretas o no, en conjunto o por separado, han optado por dialogar, a espaldas de los venezolanos, generando un efecto desmovilizador en la región de cara a la discusión de la Carta Democrática.

    La crisis humanitaria avanza a niveles impredecibles mientras la crisis política se rezaga entre dimes y diretes. Hay que buscar un mecanismo que permita empujar esa crisis política y ponerla al ritmo de la crisis humanitaria, para generar cambios y detenerlas. Hoy sólo es posible con un cambio de gobierno lo antes posible y con la presión de la región cuanto antes; en otras palabras, sólo es posible en el seno del Sistema Interamericano y la Carta Democrática, no en UNASUR y su silencio y negación de la realidad; no ofrece nada.

    Dar más tiempo al régimen, es darle más lugar a la muerte, y esas muertes no pueden ser vistas como sacrificios o “daños colaterales”; tienen que parar. Venezuela es una bomba de tiempo, que aunque nadie quiere tocar hoy, corre el riesgo de estallar ante la mirada aletargada de quienes apostaron a un diálogo que traerá más muertes por falta de medicamentos, comida, inseguridad e indolencia. Es el momento de actuar; es nuestra obligación.

    @Urruchurtu

  • El Estado Cuartel: Doctrina de Seguridad Nacional – Por Luis Barragán

    El Estado Cuartel: Doctrina de Seguridad Nacional – Por Luis Barragán

    Una hazaña en medio de nuestras precariedades, circula una compilación de ensayos de extraordinario interés: “El Estado Cuartel en Venezuela: Radiografía de un proyecto autoritario”, bajo la responsabilidad de Luis Alberto Buttó y José Alberto Olivar (Negro Sobre Blanco, Caracas, 2016). Todo un acto de responsabilidad de la academia frente a lo que nos ocurre, comprueba la vigencia de una perspectiva  – la de Harold D. Laswell – para el debate indispensable, capaz de superar la banalidad que nos tienta cada día.

    Específicamente, el trabajo de Buttó (9-65), luego de introducirnos a toda la obra, prueba la angustiosa actualidad de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), antes denostada por los estragos que causó al sur del continente, en el marco del predominio del sector militar (por cierto, económicamente fortalecido en la llamada revolución bolivariana), el auge de la violencia, el discurso patriotero, el centralismo sofocante, las sobradas atribuciones – incluyendo las sobrevenidas – presidenciales. Se trata de una  democracia pretoriana, instrumental, mística e infuncional,  criminalizadora de la oposición pacífica y cuidadosa de purgar el acceso y permanencia en la corporación castrense.

    Contextualización y denuncia (21), con el instrumental histórico y politológico a la mano que apela a un necesario “ejercicio hermenéutico” (24), establece los principios programáticos y procedimentales de la DSN (23 ss.), fijando su atención en el enemigo interno y la consiguiente como sistemática violación de los derechos humanos. Confundidos Estado, gobierno y FANB-PSUV hasta llegar al esperpento de una dizque Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana (17, 26, 33), con la Razón de Estado como fundamento intraficable y  principio de autoridad patológicamente exacerbado. El retroceso conduce a una reproducción ampliada de la represión camino a una sociedad de delatores (17, 27, 34), con sus naturales secuelas: leyes como las de Seguridad de la Nación, Defensa de la Soberanía Política,Comunas,  la nada  atildada Contra el Olvido,  e iniciativas como el CESPA,  Brigada Especial, Fuerza de Choque, Sistema Popular de Protección, Dirección General de Contra-inteligencia, Patria Segura u OLP, por no mencionar papeles como los desempeñados por el Defensor del Pueblo o la Fiscal General.

    Obviamente, al momento de editarse la obra no se sabía de las ya célebres CLAP, pero no tardarán en reflexionar en torno a sus severas implicaciones, como ojalá lo hagan sobre la preocupación y perspectiva que la oposición democrática ha asumido por todos estos años sobre la DSN, o la curiosa y también morbosa programación de la televisión oficial que  impunemente estelariza y celebra sendos informes de inteligencia, sometiendo a opositores y disidentes al escarnio público, como un trivial motivo de entretenimiento.  E, incluso, respecto a la normativa dispersa y presuntamente inocente que dispone del empleo inmediato del trabajador para cualquier lance bélico, las zonas especiales o el soporte logístico que se encuentran en leyes como las del trabajo, la cultura o el poder popular.

    Además, agreguemos  una curiosa paradoja: enfatizada la DSN, el régimen encabezado por Maduro Moros constituye una seria vulnerabilidad en términos de seguridad y defensa de la nación. Y, valga la acotación, el Dr. Buttó tiene obra escrita relacionada  con la aplicación de consabida la Carta Democrática, demostrando que hay  sobriedad y solvencia en el mundo académico con el que todavía tiene una cita pendiente la dirigencia política en una etapa que ya el distinguido profesor califica de militarización, superada la pretoriana, frente a las precauciones conceptuales que adoptó el recordado Dr. Domingo Irwin.

    @LuisBarraganJ

  • Una batalla desigual – Por Miguel Velarde

    Una batalla desigual – Por Miguel Velarde

    Oliver quería ser bombero, ese era su sueño. Pero para alcanzarlo, debía superar primero el linfoma no Hodgkin que le fue diagnosticado en septiembre pasado. No lo logró.

    Su imagen se hizo famosa en febrero de este año, cuando en una de las muchas protestas que ocurren diariamente en Venezuela, apareció un pequeño niño de solo 8 años, con la cabeza rapada y un barbijo blanco que le cubría gran parte de la cara. En sus manos cargaba un cartel sobre el que había escrito de puño y letra un mensaje al mundo: “Quiero curarme. Paz. Salud.”

    La situación del sistema de salud en el país es crítica. Se caracteriza por la ausencia de medicamentos, de equipos y de camas en los centros de salud. La escasez en algunas medicinas llega hasta el 90%. Las condiciones de muchos hospitales son de terror, como hace pocos días reseñó The New York Times en un reportaje especial sobre el tema. El de la salud es otro síntoma más de la tragedia general que envuelve a los venezolanos.

    A pesar de que esta situación ya es conocida por la opinión pública, la historia de Oliver Sánchez le puso un rostro a esta desgracia. Miles de niños enfermos son víctimas y muchos sucumben ante esta realidad.

    Oliver y su familia no se rindieron fácilmente. Su cruzada fue intensa y Sánchez recibió medicamentos de la sanidad pública, de hospitales y de donaciones particulares. Cumplió seis ciclos de quimioterapia hasta que el contagio de una bacteria en el hospital Elías Toro, en Caracas, le causó una meningitis.

    Tras convulsionar dos veces y recorrer hospitales en busca de un cupo en terapia intensiva lo llevaron a una clínica privada, donde entró en coma hace 10 días.

    Allí, Oliver perdió una batalla muy desigual. Una en la que un niño de solo 8 años, enfermo de cáncer, se enfrentó hasta donde pudo a un modelo corrupto, un sistema de salud quebrado e incluso la indiferencia de mucha gente. Su madre contaría, al día siguiente de su muerte, que vio a su hijo “apagándose poco a poco”.

    Con historias como la de este niño –que disfrutaba imitar a Michael Jackson- también nosotros perdemos nuestras propias batallas. Esas que nos definen como sociedad y como individuos.

    Esas que tenemos la obligación de ganar para rescatar al país y dejarle a los millones de niños venezolanos la oportunidad de cumplir sus sueños.

    Esas batallas que no podemos perder. Por más desiguales que sean.

    @MiguelVelarde

  • Verdad desnuda – Por Eduardo Díaz

    Verdad desnuda – Por Eduardo Díaz

    Estando mis hijos pequeños, fuimos al teatro a la presentación de la obra “El traje nuevo del Emperador”, basado en el cuento infantil de Hans Christian Andersen. Es la historia de un rey quien además de su gran incapacidad e ignorancia, su prioridad era su vestuario, relegando a un segundo plano a su pueblo. Aprovechándose de esa incapacidad, un par de hombres lo engañan y prometen confeccionarle trajes elegantes y suaves con la propiedad de ser invisibles. No solo el rey es convencido de ello. También sus colaboradores y la gente del pueblo, quienes a pesar de que cada uno se daba cuenta de la inexistencia del peculiar traje, dentro del colectivo eran arrastrados por una estupidez e ignorancia que los hacía ver que el traje realmente existía.

    Ello sucedió hasta que durante un desfile un niño con su particular inocencia y objetividad exclamó ante todo el mundo: “pero si está desnudo”, dejando en evidencia la verdad verdadera.

    Debo confesar que me impactó el profundo mensaje que de dicha obra emana y más por tratarse de un cuento infantil. Hay una impresionante semejanza entre lo que sucede en ese cuento y lo que sucede en nuestro país. El país se encuentra sumido en una gravísima crisis política, social y económica. Hay escasez de alimentos y medicinas estando ya en nivel de crisis humanitaria, el hampa desbordada, racionamiento eléctrico y de agua, empresas  cerrando cada día, ausencia de insumos para el agro y la industria, jornadas de oficinas públicas limitadas a dos días de trabajo, cada día más protestas a nivel nacional y la calle calentándose cada vez más.

    Asombroso ver como el presidente Maduro repite e insiste en que en el país reina la normalidad pero perturbada por una trillada guerra económica diseñada para desestabilizar al gobierno. Todo marcha bien. Más asombroso es ver a sus seguidores repitiendo el mismo discurso ante una realidad evidente pero que se niegan a aceptar cegados por la ideología y fanatismo.

    Estamos en presencia de un presidente con una realidad invisible, con parte de un pueblo que ve y acepta esa invisibilidad aun cuando sufre igual que el resto de la población, soportando largas colas para lograr comprar uno o dos productos, sometido a condiciones denigrantes y que trastocan la misma esencia del ser humano. Hospitales en la ruina y compatriotas muriendo por ello. Hampones y asesinos obrando libremente. La corrupción haciendo de muchos socialistas del siglo XXI multimillonarios. Los poderes públicos secuestrados y a merced del gobierno. Sin embargo, aquí no pasa nada.

    Esa realidad que no quieren ver ha erosionado la paciencia y aguante del venezolano de una forma tal que ya Venezuela es una olla de presión a la que el gobierno descaradamente tapa las vías de salida democráticas y constitucionales. La mayoría del pueblo vio la desnudez de esa realidad y reclama sus derechos constitucionales en una forma cada vez más frontal y aguerrida. El asunto se complica al pretender salir por vía democrática de un régimen que no tiene comportamiento democrático y ello no será posible. La salida será entonces el ejercicio del derecho constitucional de la protesta cívica y pacífica en la calle y la desobediencia civil, emulando al gran líder Mahatma Ghandi y su marcha de la sal con la cual desafío al gobierno británico al cual doblegó sin aplicar violencia. Amanecerá y veremos.

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  • El liberalismo precavido de Vargas Llosa – Por Luis Barragán

    El liberalismo precavido de Vargas Llosa – Por Luis Barragán

    A finales de abril del presente año, Mario Vargas Llosa visitó Chile y, con motivo del doctorado honoris causa otorgado por la Universidad Diego Portales, el discurso versó en torno a su ya conocida, lenta y segura conversión ideológica. Afortunadamente, la institución no tardó en publicar el estupendo testimonio, confirmando que la utilidad de las redes solo depende de una actuación diligente.

    Deseamos reivindicar tres aspectos de la magistral intervención,  tan llena de ricos y sugestivos detalles, capaces de dar con los más serios indicios para una futura e inédita investigación. Esta, por lo general, depende del acto académico sobrio y disciplinado.

    Dato obvio: el celebérrimo autor tiende al testimonio informado por las referencias constatables que ofrece, la franqueza de una espontaneidad responsable y, digamos, una interpretación de los hechos que no teme al juicio ajeno. Pocos intelectuales se exponen públicamente con la solvencia deseada y, quizá obligado por el regular  aporte de una opinión periodística, como ocurre con Vargas Llosa, tienen una mirada entrenada por la noticia, intentan una versión verificable de sí mismos y fuerzan a una apreciación lo más sensata posible.

    Dato siempre necesario de recordar: busca la postura política justa, pues, luego del deslumbramiento que padeció por el fenómeno cubano de los sesenta del Siglo XX, a veces tan lejano, su prédica liberal tiene por mejor certeza la precaución frente al radicalismo. Hay liberales –señaló en su discurso– fanáticos, cuadriculados y temibles, como “números encarnados que creen que el mercado resuelve todos los problemas y que basta que haya mercado y que basta que haya competencia como para que la solución de los problemas políticos, económicos, culturales, individuales, esté ahí”. Son peligrosos cuales comisarios marxistas –acota- “porque simplemente la vida no se resuelve a través de la competencia y del mercado”, pues este “es un sistema absolutamente extraordinario para que las personas entiendan, para que las personas descubran sus necesidades y las resuelvan […], para traer progreso material sin ninguna duda”, siendo correlativa la libertad económica a la política, cultural e individual, dándole rostro humano y tolerante al liberalismo.

    Dato ya dispensable: la revolución cubana constituyó una poderosa ilusión que, en su conferencia, retrata con la primera visita que hizo el escritor a la isla hasta que el caso Padilla la desenmascaró definitivamente, tardando muchos otros en percatarse. Lo curioso es que algo semejante no ocurrió –en diferentes circunstancias-  con la mentada revolución bolivariana, que nunca escatimó en esfuerzos y recursos petroleros para promoverse.

    @LuisBarraganJ

  • El egoísmo y la libertad – Por Simón Eloy Brazón

    El egoísmo y la libertad – Por Simón Eloy Brazón

    En este artículo me gustaría dejar ciertos puntos claros…
    Para comenzar, definiré egoísmo como la pasión sin medida que tiene una persona sobre sí misma y que le hace anteponer sus intereses a los ajenos. Por lo tanto, el egoísta no se preocupa por los intereses del otro, a menos que sean compartidos ya que actúa de acuerdo a lo que le conviene.
    Es prudente entonces, en segundo lugar, diferenciar la libertad del libertinaje; la primera, es un concepto que posee una carga de valores, entre ellos la responsabilidad y el respeto hacia los demás. En cambio, el libertinaje es pasar por encima de los derechos y libertades de los demás, para cumplir con el camino que te has trazado, pero de manera irresponsable e irrespetuosa.
    Si a la variable egoísmo le agregamos responsabilidad en los actos y el respeto a los demás, obtendríamos como resultado el amor propio, que en respuesta de nuestros intereses realiza actividades que indirectamente pueden beneficiar (o no) a la sociedad, pero nunca hacerle daño.
    Me gustaría centrar la idea, tomando en cuenta estos conceptos, en una cita del libro ‘La riqueza de las naciones’ de Adam Smith que reza: «No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés».
    Esta frase, simple y precisa, explica como el egoísmo en ejercicio de la libertad, puede generar un servicio productivo para la sociedad, sin necesidad de «bondad» alguna, solo con una carga de valores estable. Desde algo tan simple lavar carros para ganar dinero, hasta aquel que por interés hace pan para vender.
    ¿Es entonces el egoísmo bueno o malo? El egoísmo es amor propio, ¿puede el amor ser malo en alguna denominación? No. Entonces podemos concluir que no es el egoísmo lo que determina el desenlace de la historia, sino los valores o antivalores que lo acompañen.
    Necesitamos recuperar los valores que se han perdido, y reforzar nuestros principios para ser ciudadanos libres de verdad. Hago una invitación abierta a que sean egoístas sin dañar a otros, y en menos de lo que piensan estarán sirviendo de manera productiva y voluntaria a la sociedad.
  • Del instinto de supervivencia – Por Luis Barragán

    Del instinto de supervivencia – Por Luis Barragán

    Anunciados y realizados – de un modo u otro –  constantemente, los consabidos ejercicios militares responden a objetivos eminentemente políticos de orden interno. No existe un mínimo indicio de invasión de alguna potencia foránea, excepto el que retóricamente ha inflado el régimen en ya casi veinte años, ni así lo ha dictaminado el Consejo de Seguridad de la Nación, pues, que sepamos, no ha celebrado la correspondiente sesión que requiere de la presencia del presidente de la Asamblea Nacional para la debida conformación del quórum.

    La movilización militar se debe al proceso de convocatoria de un referéndum – ésta vez – revocatorio que, contemplado nada más y nada menos que en la propia Constitución de la República, no lo autoriza, pues, si lo hiciese, reconocería la inexistencia misma de un Estado Constitucional. La adquisición y el empleo de los llamados “drones”, costosísimos aparatos de alta tecnología, para supervisar y filmar las movilizaciones ciudadanas a fin de solicitar legítimamente el cumplimiento de los – subrayemos –  trámites administrativos del revocatorio, confirman el evidente objetivo político.

    Peor, mientras que tales artefactos se estrenan para estas jornadas cívicas y pacíficas, manchando el firmamento, recabando la información que los servicios de inteligencia procesarán para la saña represiva, la ciudadanía está olvidada a su suerte en las inmensas colas para conseguir alimentos y medicamentos. No hay uno de estos “drones” capaces de advertir las situaciones e identificar a los delincuentes que actúan a sus anchas cuando las personas desesperan para obtener una fórmula láctea, una pastilla para la hipertensión arterial o papel higiénico, así como la fuerza militar – comprobado, la más inadecuada para estas labores – no impide el asalto a mano armada, el secuestro o la muerte de alguien que paga por el delito de no contar en el bolsillo con un par de miserables cigarrillos.

    Solamente, el instinto de supervivencia nos explica a los venezolanos en las calles y en las colas, procurando evadir milagrosamente al hampa, porque no hay autoridad – y los colectivos armados no lo son –  capaz de garantizar un mínimo de orden y concierto con la confianza que una limpia actuación suscita.  No quisiéramos siquiera imaginar un tímido movimiento sísmico, imposible de imputar a la oposición, aunque seguramente la pobre imaginación oficial dirá del imperio, así sea el dictador de Corea del Norte el que se entretiene con sus juguetes nucleares: no contamos con servicios públicos mínimamente eficientes, aunque todos gozan de la generosidad de un presupuesto que ya está dilapidado.

    Ese instinto de supervivencia amerita de un apropiado desarrollo y muy bien la oposición democrática puede iniciar una campaña de orientación en materia de defensa civil que permita, en circunstancias difíciles y aún desastrosas, preverlas y superarlas en todo lo posible. Por lo pronto, otra campaña, el de una afinada prevención del delito, a falta de gobierno, puede encararla, porque en las calles, como en las colas,  coexisten las personas decentes, pacíficas y honestas, con los delincuentes de la más diversa ralea.

    @LuisBarraganJ

  • Viene más hambre – Por Miguel Ángel Martínez

    Viene más hambre – Por Miguel Ángel Martínez

    En enero cuando nos hicieron la presentación del Plan de Arranque Económico que propone Vente, nos dieron una cifra que me alarmó; en el 2016 la importación de comida diaria por cada habitante sería de 397 Gramos, tomando en cuenta que en Venezuela se produce extremadamente poco, para no decir que nada. la escasez, falta de comida y su alto costo la hemos sentido todos -algunos mas que otros- y se ha ido intensificando en estos meses, como el hambre.

    Ahora el Vicepresidente para el Área Económica, Miguel Pérez Abad, reveló que el gobierno reducirá las importaciones un 46%, hasta llevarlas a un mínimo de 20 millardos de dólares, dijo como si nada para la agencia Bloomberg. Todo esto a fin de poder pagar la deuda externa este año y no caer en default. Esto da tranquilidad a los agentes económicos a los que adeuda Venezuela, pero ¿Que pasa con los el hambre de los venezolanos? ya con ese recorte tendremos la mitad de los bienes, que medio se conseguían en 2015. “Venezuela evita el default a costa de más miseria y escasez”, es la lectura que da en un análisis la misma agencia.

    Algunos no entienden la urgencia de salir de Maduro y todo su combo, de no perder tiempo, de organizarnos y hacer una verdadera resistencia. No solo se vienen tiempos difíciles, de protestas y mas carestía, se viene una profunda desnutrición, un hambre despiadada en muchos más, cada día.

    Tomé esta foto de una cola para el pan hace unos días. Cuando indignado me voltee a tomar la foto me di cuenta que en la pared estaban pintados los ojos de Chavez -lo que quedan de ellos- viendo su obra, una de ellas. Me recordó a 1984 de George Orwell donde los estaban ojos por doquier que decían: EL GRAN HERMANO TE VIGILA. como forma de intimidación. Sin olvidar el slogan del partido único:

    LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA.

    El hambre, poco a poco, será de todos. No puedo ser indiferente, ni sentarme a esperar. Diría de forma certera MCM «Es la ética de la urgencia».

    No podemos esperar. No más.

    @MartinezMiguell

  • ¿Diputados o gobernadores? Por Eduardo Díaz

    ¿Diputados o gobernadores? Por Eduardo Díaz

    Según el diccionario de la Real Academia, la democracia es la forma de gobierno en la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes. ¿Es realmente respetada la democracia?

    El 6D pasado el pueblo eligió a sus representantes en la Asamblea Nacional y les dio el poder y la gran responsabilidad de representarlo por cinco años. Esperanzas puestas en esos apoderados populares en quienes el soberano depositó su confianza.

    Sean oficialistas u opositores los diputados electos, ello resulta irrelevante si la confianza y poder puesto en ellos son traicionados. Resulta que algunos diputados han manifestado abiertamente su intención de aspirar a gobernaciones apenas cinco meses después de su elección. Utilizar la AN como trampolín para luego optar por otros cargos es inaceptable y repudiable ya que ello implica desconocer el origen de su designación y pasar por encima de esa voluntad popular en busca de satisfacer aspiraciones personales. Cualquier justificación ameritará un “ahora cuéntame una de vaqueros”.

    Es una muestra más de la forma tradicional de hacer política y que su consecuencia no será otra que la pérdida de la confianza del electorado que se traducirá en la mayoría de los casos en votos en contra de ese oportunista que menosprecia el sagrado poder con que ha sido investido.

    Si el pueblo es el que decide con su voto, ¿por qué su voluntad no es respetada? Por otra parte, ¿será posible lograr que se lleven a cabo primarias para elegir candidatos únicos para las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes? ¿Tendrán nuestros diputados la ética, seriedad y responsabilidad ante sus poderdantes y luchar desde la AN en la trinchera para la cual han sido electos y dar espacio a nuevos valores que tratan de poner su granito de arena abriéndose campo en el mundo político actual colmado de trabas, atajos, sorpresas, traiciones e intereses personales y que en definitiva tendrá como resultado el hastío y repudio de la gente?

    Si queremos un nuevo país, un nuevo modelo económico y un mejor futuro para nuestros hijos, debemos renovar el liderazgo y cambiar esa forma tradicional de hacer política, en la que prevalezcan los principios y valores democráticos sobre cualquier otro interés. Ha llegado el momento de quitarse las caretas y enfilar las energías y ganas de trabajar en pro de esa nueva Venezuela en la que cabemos todos, en el que prevalezca el respeto, la paz y la inclusión, elementos indispensables en una verdadera democracia.

    En estos momentos en que el país enfrenta una grave crisis económica, política, social y moral, es menester que nuestros representantes y políticos reflexionen honesta y profundamente sobre el rol que deben cumplir en estos momentos aciagos. Ello aplica para oficialistas y opositores. Es ahora o nunca. Si fallan o se equivocan quedarán marcados en la historia como unos verdaderos maulas que insistieron en un supuesto cambio haciendo siempre más de lo mismo. El interés del colectivo y bienestar del pueblo siempre deben estar por encima de intereses personales. Dando el ejemplo y cumpliendo a cabalidad sus responsabilidades y compromisos asumidos con su pueblo demostrarán a sus seguidores que existen razones para seguir creyendo y votando por ellos. Caso contrario serán castigados con la indiferencia electoral y burla popular.

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