Categoría: Opinión

  • Tu país – Por Eduardo Díaz

    Tu país – Por Eduardo Díaz

    La miopía política que padece la gran mayoría de los dirigentes y voceros del oficialismo pretende hacer ver el terrible desastre que se vive en nuestro país como un paraíso y esperan que los demás se pongan los mismos lentes. En la televisión pude ver una propaganda del gobierno que comienza con “Sabes cuál es el país…” y continúa citando dos o tres ejemplos de supuestos logros del gobierno bolivariano, culminando con algo así: ese país es Venezuela, producto del trabajo y logros del gobierno del presidente Maduro, quien ha continuado la obra del presidente Chávez.

    Con el ánimo de completar esa propaganda con otros logros que tal vez involuntariamente olvidaron, aporto mi granito de arena con algunos casos:

    ¿Sabes cuál es el país en el que el pueblo eligió su AN conformada por una mayoría de 112 diputados de oposición contra 55 del oficialismo, pero este último apoyado en el control que el Ejecutivo ejerce sobre el TSJ y demás poderes ha neutralizado y despojado a la AN de sus atribuciones constitucionales, bloqueando descaradamente el trabajo legislativo?

    ¿Sabes cuál es el país en el que el organismo electoral entorpece frontalmente el ejercicio de un derecho constitucional como lo es el revocatorio?

    ¿Sabes cuál es el país en el que niños mueren diariamente por falta de medicinas a pesar de tener las reservas certificadas de petróleo más grandes del mundo, cercanas a los 300 millones de barriles?

    ¿Sabes cuál es el país en el que en el que solamente en la Maternidad Concepción Palacios han muerto más de 160 niños en 2016 y las madres en espera de parto deben costear los exámenes de laboratorio por falta de reactivos e insumos médicos?

    ¿Sabes cuál es el país en el que muchísimos niños con problemas de salud mueren diariamente por falta de medicinas agravándose esto por falta de alimentos que ha llevado a graves casos de desnutrición infantil?

    ¿Sabes cuál es el país en el que unas 8.000 empresas han cerrado durante los últimos 20 años como consecuencia de las políticas económicas implementadas por el gobierno y cada día éste número aumenta?

    ¿Sabes cuál es el país en el que no se consiguen regularmente alimentos de la cesta básica como harina de maíz, pastas reguladas, leche en polvo, margarina, queso, avena, granos, arroz y aceite, entre otros y tampoco artículos para la higiene personal y el pueblo es obligado a realizar humillantes y denigrantes colas para lograr con suerte algún artículo o producto?

    ¿Sabes cuál es el país en el que muchísimas personas van a la cama en la noche con una o con suerte dos comidas al día?

    ¿Sabes cuál es el país en el que por pensar distinto a los principios del socialismo del siglo XXI eres considerado apátrida y traidor?

    ¿Sabes cuál es el país en el que si sales a protestar y manifestar eres considerado terrorista e incitador a la violencia y odio?

    ¿Sabes cuál es el país en el que una referencia monetaria en una página web es considerada como protagonista de la desestabilización de su economía?

    ¿Sabes cuál es el país en el que una guerra económica que nadie ve y cree es la causante de la grave crisis en que vivimos?

    ¿Sabes cuál es el país que tuvo un 180% inflación durante 2015, la más alta del mundo durante ese año?

    ¿Sabes cuál es el país entre aquellos con más homicidios a nivel mundial y su capital considerada como una de las más peligrosas del mundo?

    ¿Sabes cuál es el país latinoamericano con más corrupción según Transparencia Internacional?

    Así es, estás claro, ese país es tu país, Venezuela.

    Eduardo J. Díaz Ayala

    C.I. 4.972.210

    0412-2074064

    [email protected]

  • Un cambio, pero en serio – Por Miguel Velarde

    Un cambio, pero en serio – Por Miguel Velarde

    Lo peor a que las cosas no cambien, es que parezca que cambiaron. Por eso, debemos estar conscientes de que el gran reto que tenemos hoy como sociedades aprovechar esta tragedia inédita que vivimos para cambiar las cosas a fondo.

    Los problemas en Venezuela se han profundizado en los últimos 17 años, pero no comenzaron hace dos décadas. Desde mucho antes se podía predecir que íbamos rumbo a un modelo populista y estatista que, tarde o temprano, nos iba a conducir a una crisis humanitaria como la que hoy padecemos.

    Venezuela enfrenta una crisis macroeconómica sin precedente, con una caída del PIB de más de 10% y una inflación superior a 700% para finales de este año, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). La economía per cápita venezolana ha retrocedido al año 1992, nuestra reservas internacionales se encuentran hoy en los niveles de 1995 y se espera que disminuyan aún más.

    Sin embargo, cuando se analizan los datos de la destrucción estructural de nuestra sociedad, la situación es aún más alarmante. En 1998 existían en Venezuela 611.803 empleadores, hoy, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), apenas existen 264.909, lo que significa que casi el 60% de la capacidad empleadora privada cerró sus puertas.

    Dos terceras partes de las empresas industriales privadas cerraron; 8.000 de acuerdo a Conindustria. Siete millones de hectáreas fueron arrancadas al sector privado. Se estima que 114.455 familias productoras del campo lo abandonaron.

    En relación a la salud, el impacto en el sector de atención hospitalaria ya lo estamos viviendo: 60% de los médicos, de acuerdo a la Federación Médica, emigró. La mitad de los cupos universitarios en especialidades médicas está vacante, y el 55% de nuestros científicos se fue del país.

    En materia de educación, el escenario es igualmente dramático. La Federación de Maestros afirma que cerca del 40% de los profesores abandonó las aulas para buscar alimentos y medicinas. La media educativa de Venezuela ha retrocedido al nivel que teníamos a finales de los 80’s.

    Las consecuencias de esto son tan profundas que debemos comprender que no se trata de un problema coyuntural, sino de uno estructural. La crisis que el país enfrenta no se soluciona con una subida en los precios del petróleo o mayor inversión. Los cambios deben estar en el marco de un nuevo modelo de desarrollo, una nueva concepción de sociedad y una nueva forma de vida.

    Tenemos la obligación de replantear nuestra relación con el petróleo.Sin duda, será aún por algunos años el ancla más importante sobre el que nuestra economía deberá apoyarse, pero nunca más lo que alguna vez fue. Debido a eso, la diversificación de nuestra economía y nuestros talentos es impostergable.

    El eje central no puede ser otro que la libertad, en todos sus aspectos. Después de casi dos décadas de opresión, la libertad individual, un mercado libre y una sociedad de cooperación y solidaridad son los pilares principales sobre los que una nueva relación Estado-ciudadano debe construirse, en la que el gobierno cumpla sus funciones y acompañe a los ciudadanos en su desarrollo y emprendimiento.

    Tanto sufrimiento tiene que servir para algo. Sería imperdonable es que después de esta experiencia, solamente nos propongamos mejorar lo mismo que se hizo en el pasado.

    Ha llegado la hora de plantearnos un país totalmente diferente.

    Un cambio, pero en serio.

    @MiguelVelarde

  • De la militarización del trabajo – Por Luis Barragán

    De la militarización del trabajo – Por Luis Barragán

    El gobierno que, a veces,  procura preservar las formas ante la comunidad internacional, ha decidido la inserción provisional de los trabajadores de una empresa a otra que se diga en trance de reactivación productiva en el renglón alimentario, fuere de procedencia pública o privada. La resolución de reciente data,  Nr. 9855 del ministerio del Trabajo, así lo ordena, alcanzando una gravedad  parecida a la otrora  célebre resolución de enero de 2015, la Nr. 009610 del ministerio de la Defensa, relacionada con la represión armada de cualesquiera protestas sociales.

    Desde que se dictó la resolución laboral el día 22 de julio del presente año, prosperan las observaciones relacionadas con su manifiesta inconstitucionalidad. E, incluso, en la última sesión plenaria  de la Asamblea Nacional fue diferido el punto,  por cierto, en el que nos inscribimos, debido a la extensa jornada que siguió luego de la nueva juramentación y reincorporación efectiva de los diputados del estado Amazonas y la necesarísima primera discusión del proyecto de ley que se refiere a la seguridad social del policía.

    La resolución en cuestión, contextualizada por la declaratoria de un Estado de Excepción igualmente inconstitucional,  explica muy bien la naturaleza y vocación del régimen. Solemos olvidar que el trabajo forzado configura un rasgo esencial del socialismo que se vivió y se vive en otras latitudes del planeta, siendo el venezolano no menos real.

    En los albores de la revolución bolchevique, fue Trotsky  uno de los principales propulsores de la militarización del trabajo que, cuestionada ingenuamente también por los suyos, pretendía resolver la las migraciones y la anarquía reportadas inmediatamente por la escasez de alimentos, concluyendo en la sujeción militar de la fuerza obrera civil. Consabido, tamaña iniciativa se hizo una cruel y prolongada realidad con Stalin, forzando a cualquier precio la industrialización soviética.

    Huelga comentar el flagrante desconocimiento gubernamental  de los derechos y garantías laborales, mas no subrayar el convencimiento – ante todo – ideológico que inspira una medida, ciertamente desesperada, para responder a una crisis que Maduro Moros, y no otro, generó con una irresponsabilidad personal, política e histórica de tan alto calibre.  Y acentuar que el trabajo forzado lleva inevitablemente a su imposición militar, pues, el asomo de alguna protesta, por discreta que sea, ha de generar la correspondiente represión hasta que el lenguaje sincere, como no la ha hecho aún con el desparpajo habitual,  la condición de cada trabajador en el marco del plan de abastecimiento liderado por el ministro de la Defensa y comandante Estratégico-Operacional: soldado.

    @LuisBarraganJ

  • Ante la esclavitud, la rebeldía – Por José Antonio Vega

    Ante la esclavitud, la rebeldía – Por José Antonio Vega

    Por si fuera poco, el régimen de Nicolás Maduro que hoy controla quien, cuando y que comen los venezolanos, a través de la militarización de la distribución de alimentos y los indignos comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), una nueva resolución, ahora pretende establecer donde, por cuanto tiempo y a que remuneración trabajaremos de manera obligatoria “a objeto de aumentar y fortalecer la producción en aquellas entidades de trabajo de interés social relacionadas con el sector agroalimentario”. Así lo establece la resolución Nº 9855 emanada del MPP para el proceso social del trabajo, publicada en gaceta el 22 de Julio. Es decir, que como si de herramientas u objetos se tratara, para dar cumplimiento a tal resolución la misma habla de “disponer de trabajadores del sector público o privado”.

    Temo y expreso mi preocupación de estar frente a la pretensión del régimen militar – militarista que hoy ocupa el poder en Venezuela de imponer la esclavitud, a través del trabajo forzoso, al mejor estilo de Mao Tse Tung, cuando con la implementación del llamado “gran salto adelante” haciendo uso de la coerción, millones de personas fueron desplazadas de sus labores habituales para trabajar en aras de transformar la economía China acorde al modelo comunista. El objetivo era claro: la colectivización obligatoria para eliminar la iniciativa individual de poder elegir como y de qué manera el hombre libre sea artífice de su propio destino.

    De ser la intención de los altos mandos militares al frente de la gran misión abastecimiento soberano, cabe recordar a sus promotores, los millones de seres humanos que murieron en la China de Mao, a causa de sus aberrantes políticas.

    Sepan quienes pretendan continuar sometiendo y humillando al noble pueblo de Venezuela, recordarles nuestra condición de ciudadanos libres.

    Les dejamos claro que no somos soldados de su tropa a quienes están acostumbrados utilizar cuales siervos en quehaceres particulares y domésticos como pintar sus casas, lavar sus carros, cuidar su jardín, etc., etc.

    Este pueblo no tolerara más humillaciones y vejaciones y no aceptará bajo ninguna modalidad ser esclavizado, y por ello, apelando a su dignidad hoy Venezuela se rebela para decir ya basta, hasta aquí llegaron.

    @JoseAVega

  • ¿Se justifica la existencia de la Fuerza Armada? – Por Luis Barragán

    ¿Se justifica la existencia de la Fuerza Armada? – Por Luis Barragán

    A propósito de un reciente coloquio realizado en torno al parlamento y el control civil del sector militar, surgió la  pregunta: ¿se justifica la existencia de la Fuerza Armada?  Inevitable, cuando esta prolongada, grave y hasta innecesaria crisis que sufrimos en Venezuela, interpela todo cuanto hay sobre la faz de la tierra.

    Presumimos que una mayor concentración de poderes, como los adquiridos por el actual ministro de la Defensa, tan distintos a la especialidad que no es otra que la del sector – precisamente – de la defensa nacional, estuvo precedida por los estudios correspondientes de opinión. Por gigantesca que fuese la ambición, o profunda la resignación, siendo el actual un régimen también de sondeos, ha debido evaluarse el impacto que tendría y tiene sobre la población. Empero, al parecer no lo hubo.

    Ell  fracaso fundamental es el de un modelo económico al que ha contribuido la sacra cleptocracia del siglo XXI, constatado en la hambruna que aqueja a un país que jamás la adivinó ensarampionado de petróleo, aunque tiene un rostro visible: Nicolás Maduro y eso que se ha dado en llamar el madurismo.  Entonces, ¿por qué aceptarle competencias que a él sólo le competen, afectando el propio prestigio de la Fuerza Armada Nacional, o – peor – secundarlo en el empeño de sabotaje de un referendum que la Constitución establece como solución?

    De tratarse de una dictadura provisional, como toda que concluye en un regreso de los militares al cuartel, o de una dictadura definitiva, como toda de estirpe estalinista que tardan en sucumbir, pero lo hace, por fuerza de las realidades, lo cierto es que el costo político es demasiado elevado para la Fuerza Armada Nacional. Y algo que debe preocuparla, le resta credibilidad, respeto, justificación y hasta legitimidad.

    Siendo tan dura, extrema e inmerecida esta crisis humanitaria, ¿por qué sorprenderse que haya quienes creen a la corporación castrense como algo  completamente  prescindible?  El madurismo, con un sin Maduro, lo ha logrado.

    @LuisBarraganJ

  • La juventud en épocas de dictadura – Por Marisela Portillo

    La juventud en épocas de dictadura – Por Marisela Portillo

    La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu” Mateo Alemán. 

    Inicio con esta frase célebre, porque quiero hablar de la Juventud, del importante y trascendental papel que ha jugado en esta época de crisis y dictadura, pero no solo de la juventud a la que llamamos “chamos”, sino también, de la juventud de espíritu, la juventud de corazón, esa que siempre ha sido luchadora y defensora de la democracia, a ellos también me refiero.

    Es difícil, muy difícil, para nosotros, los jóvenes, vivir esta etapa de amargura, frustración y humillación, por las que nos está haciendo pasar el régimen de Nicolás Maduro, y por lo que hemos padecido por mas de 16 años.

    Es difícil llamar a un amigo, y en vez de preguntarle “Epa, Cuéntame, ¿A dónde fuiste este fin de semana? ¿Disfrutaste?”, llamamos para preguntar “¿Conseguiste el medicamento que estabas buscando? ¿Te puedo ayudar en algo? ¿Tienes harina pan? Te la cambio por una leche, o incluso para advertir y que nos adviertan “No estés saliendo por ahí que la cosa esta muy peligrosa”.

    Es triste saber que no hay futuro para nosotros los jóvenes que solemos ser tan ambiciosos; que en lo que salimos del liceo deseamos un carro, y a futuro un apartamento. No hay futuro para ningún ciudadano.

    Hoy, en Venezuela, no se sale de abajo “dignamente”, con un sueldo mínimo vivimos para un día, porque 2 bolsitas de carne, y 1 cartón de huevo lo equivalen. Todo lo que un joven por convicción aspira, por vocación, este régimen corrupto, nos los arrebata, nos los hecha para atrás, el derecho a una educación de calidad, a ser profesionales de calidad, a servicios de salud de primera, a seguridad, empleo, una vida digna, inclusive el derecho a una familia, porque ¿como se viene a traer un ser humano indefenso al mundo, a pasar trabajo?, es una crisis por donde la cabeza asomes.

    Son muchos los obstáculos que este régimen nos ha colocado en frente, las humillaciones, y deshonras, por las que nos ha hecho pasar, sin embargo, hay una generación de líderes, una generación de cambio, con un poder de lucha por la democracia de este país tan elogioso, que desde el día 1 de dictadura, se ha encargado de ser la piedra de tranca del régimen. Es esa generación de jóvenes que no desea, ni permitirá, que sus sueños se frustren por una pésima gestión gubernamental, y que como bien dicen: “Nos han quitado tanto, que también nos quitaron el miedo”, hay una generación decidida a luchar por su país, a quedarse y cumplir sus sueños aquí, porque somos el futuro de esta tierra; solo espero que tomemos de lo malo, lo mejor, y no repitamos moldes viciados, corruptos y malintencionados, a los que decidamos emprender en el mundo de la política y servicio público, recuerden que hay quienes apuestan y confían en nosotros.

    Nuestra historia, joven luchador, siempre debe basarse en la democracia, en la pasión por la libertad, el trabajo como origen de dignidad, la propiedad sin adjetivos como requisito para la libertad, la igualdad ante la justicia como rectora de nuestro  proceder, la solidaridad como valor humano, el respeto al derecho de disentir, y la familia como espacio en el que viven los valores y se fraguan los ciudadanos responsables, por lo que mi invitación es a que no dejemos la lucha por la mitad, que luchemos hasta vencer, este país lo tiene todo, y ¿porque dejarlo todo por una etapa transitoria, y que se encuentra en etapa Terminal? ¡NO!, hay que seguir, hay que seguir ejerciendo liderazgo, hay que ser portavoces de la paz, de la libertad, de la democracia.

    Yo me quedo aquí, yo me quedo luchando por este país, mi bandera la seguiré levantando con orgullo y pasión, y es que ¿Hay algún país que se parezca a este?, lo dudo. Lo malo pasará, los malos también, y lo bueno ya viene, se acerca la libertad, y nuestros sueños podrán hacerse realidad, no descansar hasta cruzar la línea de la meta, ¡Por Favor!

    @Marisela_DVPG

     

  • Venezuela: regresar al mundo – Por Pedro Urruchurtu

    Venezuela: regresar al mundo – Por Pedro Urruchurtu

    Siempre me anima pensar cómo será esa Venezuela que viene; un país ávido de crecer, de prosperar y de recuperar su preciada libertad y democracia. Todos quisiéramos que esa Venezuela llegase pronto, y muchos estamos luchando para que eso ocurra.

    Siempre ha habido un área que ha llamado mi atención, no sólo por la formación académica, sino también porque aún anhelo con el día en que pueda formar parte de ella: el Servicio Exterior.

    Sí, hoy es un anhelo que se pierde entre la nostalgia de lo que fue nuestra Cancillería y lo que aspiramos que sea muy pronto. Y digo que es un anhelo porque desde el año 2005 en nuestra Cancillería no se hacen concursos de ingreso para el Servicio Exterior. Desde entonces, por culpa de un régimen cuyo gobierno secuestró al Estado, la carrera diplomática se volvió una defensa de la revolución y no de los intereses de un país entero. Diplomáticos a la carrera y no de carrera son los que abundan hoy.

    No entraré en los detalles de cómo se fue desmantelando la Cancillería venezolana. Ya mucho tenemos con saber que quedan pocos diplomáticos de carrera, formados en el período democrático, que prestan servicio en este régimen, que los cursos de formación diplomática son apenas de semanas y sin contenidos esenciales de la diplomacia, que las designaciones actuales obedecen a militares, familiares de funcionarios del gobierno y gente pocas veces preparada para representar al Estado venezolano.

    Quisiera concentrarme en lo que debemos hacer, o al menos, lo que deberíamos comenzar a hacer, aunque ello implique diversos niveles de acción. Lo primero, por supuesto, es restituir la democracia, adentrarnos en un esquema de sociedad abierta, de libertad, de dinámica global. Ya basta que nuestros aliados sean Cuba, Irán, China o Rusia -cuyas referencias democráticas no son las más positivas-; es momento adentrarnos en los esquemas de desarrollo mundial que grandes países democráticos nos ofrecen. La libertad y el libre desarrollo deben ser nuestro faro, en un escenario de competitividad, porque si algo ha demostrado la libertad es que termina imponiéndose y siendo victoriosa.

    En el plano político, urge la recomposición del Servicios Exterior, com esquemas de concursos de ingreso, meritocracia y ascenso. El Insitito de Altos Estudios Diplomáticos “Pedro Gual” requiere de una reforma curricular que avance en insertar a Venezuela en la dinámica del siglo XXI, con diplomáticos capaces y formados para tal fin. Lo mismo a nivel administrativo y de funcionamiento, de departamentos y de áreas estratégica, de defensa de la soberanía y preeminencia de la defensa de nuestra integridad territorial. Debemos recuperar nuestra capacidad negociadora y efectiva; volver a ser el país que éramos en esta materia.

    La figura del Canciller debe ser nuevamente la referencia de la representación de nuestro país y su interés nacional, por encima de cualquier partido o tendencia. No se trata de tener una Canciller atorrante y que pegue gritos o amenace, sino que sirva a Venezuela. Los procesos de toma de decisiones deben ser revisados y adaptados a las nuevas demandas del mundo y de lo que el país requerirá.

    Debemos repensar la Cancillería en términos de tecnología, geopolítica, estrategia, etc. ¿Cuáles serán nuestros aliados? ¿Hacen falta tantas embajadas o podemos agrupar varias? ¿En cuáles esquemas de integración vamos a permanecer y de cuáles nos vamos a ir? ¿A quiénes vamos a recurrir para que nos ayuden a reconstruir el país? Muchas cosas por pensar, incluyendo la diplomacia parlamentaria, la diplomacia de alcaldías y todo eso que nos hace un país moderno.

    También, y sin detenernos, urge una reforma de la Ley del Servicio Exterior, que devuelva su gradeza y profesionalismo a la diplomacia, que hoy sirve al personalismo desinstitucionalizador y destructivo. La Cancillería venezolana debe ser nuevamente una institución de prestigio para nuestra nación.

    Y quizás muchos se preguntarán por dónde empezar y con qué motivación, si los jóvenes se están yendo y son ellos quienes deben formarse para retomar la carrera diplomática y volver a profesionalizarla, sobre todo cuando dicha carrera puede tomar hasta 25 años hasta que se llega al rango de Embajador. Pues yo les digo que basta con ver a todos esos jóvenes que hoy participan en modelos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o de la Organización de los Estados Americanos (OEA), para mencionar algunos ejemplos. Allí hay preparación, debate, habilidades y todo lo que conforma una enorme fuerza creadora acumulada dispuesta a servir a Venezuela, por lo que su ingreso a la Cancillería y su formación en ella no serían tareas difíciles.

    Empezar a formar hoy a los diplomáticos del futuro que se acerca es un buen punto de partida para recomponer nuestro Servicio Exterior. Todo está en querer avanzar, mientras nuestro país cambia y mientras nuestra realidad nos sigue exigiendo que cambiemos de rumbo.

    Imaginemos un país conectado con el mundo y no aislado de éste. Imaginemos un país libre, con una sociedad abierta, con una economía próspera y con todos apuntando al progreso. Venezuela puede eso y más, y con nosotros será posible. Esa es nuestra tarea: hacer que Venezuela regrese al mundo.

    @Urruchurtu

  • Tipos de hambre – Por Williams Caballero López

    Tipos de hambre – Por Williams Caballero López

    En la Venezuela de hoy podemos hablar de un abastecimiento de los tipos de hambre que podemos sentir en este mundo.

    ¡Claro que sí! Los venezolanos sentimos varias expresiones del hambre.

    Por un lado está el hambre del cuerpo, ese que lacera nuestro estómago y que en ocasiones nos sumerge en el dolor de la impotencia ante la grave situación que vive nuestra nación.

    Ese tipo de hambre se refleja en la madre desesperada buscando comida para sus hijos, en el hambre de ese trabajador que hasta llora al verse impedido en sostener su hogar.

    Ese hambre que están sufriendo los hijos de Venezuela, que no van a clase porque no tienen nada que comer en sus colegios ni menos en sus casas.

    Esa misma que se ve en los rostros carcomidos por la desnutrición de una sociedad que desesperada ha salido a las calles para expresar su rechazo a la hambruna originada por las políticas de Nicolás Maduro.

    Otro de los tipos de hambre que sentimos en el país es el hambre por la justicia.

    Los ciudadanos aspiran a saciar su apetito de justicia con un ejercicio y cumplimiento claro, diáfano y limpio de la Constitución nacional.

    Estamos cansados de los atropellos de un régimen que encarcela a inocentes, que reprime a la ciudadanía que protesta pacífica y cívicamente. Tenemos hambre de jueces imparciales y que sólo obedezcan al imperio de la Ley.

    Y tenemos hambre de libertad. Los venezolanos queremos vivir en un país donde cada quien pueda ejercer sus derechos a plenitud, solamente coartados por la libertad de los demás.

    La Libertad es un hambre que se manifiesta en el deseo común de millones de ciudadanos que aspiran un cambio de gobierno y la edificación de una sociedad liberal, de justicia, prosperidad y desarrollo.

    Esta hambre se evidencia en el clamor ciudadano de un viraje en las políticas económicas de un modelo que nos condenó a la represión y a la tiranía institucionalizada.

    Los venezolanos tenemos hambre de cambio. Queremos que la comida regrese a los anaqueles y a las mesas de todos los hogares venezolanos, queremos que cada venezolano puede tener la posibilidad de tomar sus decisiones y desarrollarse como mejor le parezca.

    Estos son los tipos de hambre que sentimos en Venezuela, y todos y cada uno lo saciaremos en la medida que como integrantes de una sociedad, conformada por individuos libres y guerreros, podamos derrotar al régimen de la ignominia que actualmente condena a todos los venezolanos.

    Con la activación ciudadana echaremos por tierra el modelo que hoy nos sumerge en la peor crisis de nuestra historia, en el caos generalizado y agravante que es el eterno resultado de los regímenes socialistas.

    @wcaballerolopez

  • Patas arriba – Por Eduardo Díaz

    Patas arriba – Por Eduardo Díaz

    Sin lugar a dudas, Venezuela es un país patas arriba. Vivimos una gravísima crisis que para el gobierno es un paraíso. Todo está ordenado dentro del desorden. Todo funciona, pero no funciona. Hay medicinas y comida, pero no hay. Hospitales hay, lo que no hay son equipos e insumos. Todo está mal, pero vamos bien. No volverán, pero volvimos. Ya uno deja de asombrarse ante la miopía política, social y económica imperante en el llamado socialismo del siglo XXI.

    Cada día mueren varias personas en nuestros hospitales por falta de medicinas. Recientemente, falleció en el hospital de San Felipe un niño de 10 añitos que padecía cáncer. Su condición se agravó ante la imposibilidad de tratarlo, ya que no había medicinas para ello. Más grave aún, recomendaron a la madre que lo llevara a casa, ya que no había nada que hacer y la madre rogó que lo dejaran hospitalizado, ya que en la casa no tenían para comer. Dramático. Un caso entre cientos cada día.

    Sin embargo, para el gobierno no hay tal carencia, se niegan a reconocer la existencia de una crisis de salud y menos aún aceptan la apertura de un canal humanitario que permita la entrada de medicinas lo más pronto posible.

    Por otra parte, el Gobierno se ha empeñado en controlar todo. Arropa y acorrala con su ineficiencia e incapacidad a los empresarios, inversionistas y productores. Ha expropiado y confiscado empresas, rige un control de cambio que dificulta la traída de insumos para la producción nacional y con un control de precios que ha  asfixiado y desmotivado a todo aquel que pretenda iniciar o continuar algún negocio. Miles de empresas han cerrado y otras van en esa misma dirección evidenciando que la verdadera intención es destruir y no construir en aras de lograr una dependencia total del colectivo ante el Estado. Cuantos motores, comisiones, mesas de trabajo, planes y pare usted de enumerar los nombres puestos a cuanta iniciativa ponen sobre la mesa cuando la crisis se acentúa y los pone contra la pared. Allí queda todo, en un discurso desgastado, repetitivo y estéril abonado por la incapacidad y mala gerencia que durante tantos años han aplicado los personeros que son rotados de un cargo a otro pretendiendo cambiar algo haciendo siempre lo mismo.

    En lo político, no terminan de aceptar que en democracia a veces se está en la cumbre mientras otros en la sima. Ello puede cambiar cuando el pueblo lo decida. El soberano votó en diciembre de 2015 y eligió sus diputados para la AN quedando configurada por una amplia mayoría de oposición. Ello ha sido desconocido por un gobierno que controla todos los poderes, rompiendo el equilibrio, autonomía y respeto que a ellos se debe. La bancada oficialista, en clara minoría pero con el apoyo de un TSJ sumiso y configurado por magistrados designados en forma exprés y muchos de ellos con claro tinte del partido oficialista y sin las credenciales para ocupar tan dignos cargos, se ha encargado de sabotear cuanta ley es aprobada.

    Adicionalmente, un Presidente que pretende dialogar con el sector opositor pero al mismo tiempo llama a sus representantes con los peores calificativos y epítetos no dignos de quien pretende ejercer un cargo como Jefe de Estado. ¿Cómo se puede ir a un diálogo con aquel que te insulta y agrede públicamente amparado en su investidura?

    Con un diálogo sincero y franco, obviando el radicalismo y pensando en el bien del país, es como se avanzará en su recuperación. Lo contrario es dejar la mesa patas arriba.

     

  • Rompimos la barrera – Por María Corina Machado

    Rompimos la barrera – Por María Corina Machado

    Este jueves, íbamos de La Victoria hacia Turmero a través de la autopista regional del centro y nos encontramos con una enorme tranca. Después de una hora en espera, nos bajamos del carro para ver qué ocurría, ya que al consultar los reportes de tránsito en redes sociales todos los mensajes decían que no había algún accidente que justificara la monumental cola. Empezamos a caminar entre los carros; la gente se bajaba, niños y ancianos acalorados y hasta una joven con dolores de parto, acompañada por su desesperada mamá.

    Avanzamos varios kilómetros por la autopista y nos dimos cuenta de que el paso lo había cerrado la policía. Cuando increpé a los oficiales sobre la causa, me dijeron que lo hacían “por órdenes superiores”.

    https://www.youtube.com/watch?v=lwgwdqDpErw

    Por “órdenes superiores” significa “porque le dio la gana al gobernador de Aragua”, para impedir que llegáramos a nuestra actividad en Turmero. Por eso se cierra la principal arteria vial del país y se deja a miles de personas varadas en el camino; gente que va a su trabajo, a clases o al hospital.

    Cuando la gente constató que habían trancado la autopista para impedir que nosotros avanzáramos, fue tanta la indignación y la presión, que obligaron —de manera cívica y firme— que la policía se pusiera a un lado y abrieran el paso.

    Esta es la fuerza que hoy se rebela en toda Venezuela. Son las madres en Ureña, las maestras en San José de Guaribe, y ahora los ciudadanos con sus carros en la autopista regional del centro. Los venezolanos tenemos que avanzar en nuestro camino hacia la prosperidad, la dignidad y la libertad para nuestro país, derribando las barreras que pretendan impedírnoslo.

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    Ese día estuvimos primero en La Victoria y luego en Turmero. En ambas poblaciones viví lo que siento en toda Venezuela, la fusión entre el dolor más pavoroso de la mirada con hambre y la fuerza de la dignidad de quienes no se dejan humillar más.

    Mientras caminábamos hacia el mercado solidario de La Victoria, me encontré con un joven trabajador, padre de tres niños, al que todavía le temblaba el cuerpo y la voz de la rabia; la noche anterior, mientras hacía cola frente a un abasto, se presentó la Guardia a espantarlos. Hubo presos, heridos. “Yo salí corriendo pero me alcanzaron, y le ponen corriente a uno, como si fuéramos cochinos, como animales”, me dijo. Esto es lo que consigue un padre desesperado que busca comida en La Victoria; así regresó a su casa, sin comida y con la huella de la humillación en el cuerpo y en el alma.

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    Me he dado cuenta de algo en estos tiempos de hambre y de llanto: A los hombres les cuesta llorar en presencia de otros hombres, pero les resulta más fácil llorar con las mujeres. Cuando se me acerca un hombre de esos grandes, robustos, y me pone la cabeza en el hombro y llora, mi corazón se para, el alma se me parte. El llanto de impotencia del hombre honrado que ya no sabe qué hacer para que el carricito no llore de hambre esta noche también.

    Por eso, volvamos a Ureña: entre las madres que querían alimentar a sus hijos y la comida se interponía una barrera: la de la guardia trancando la frontera. En San José de Guabire, entre las maestras decididas a alimentar a sus alumnos y la alcaldía que tenía escondidos los alimentos, otra barrera: la de la policía y la guardia que quería impedirlo. Y el jueves, entre quienes estábamos en la autopista y Turmero, una barrera más: la de la policía trancando el paso. En las tres situaciones la gente rompió la barrera y llegó a su objetivo. Esto es lo que pasa cuando los ciudadanos de manera pacífica y organizada, pero con toda la firmeza y determinación necesarias, decidimos avanzar.

    Entre la Venezuela hambrienta, humillada, oprimida y dividida, y la nación próspera, digna y libre, hay una barrera. Es Maduro y su régimen. Ya los ciudadanos sabemos qué es lo que hay que hacer para llegar a nuestro destino.

    @MariaCorinaYA

    #RutasDeLibertad

    En: Caraota Digital.