Categoría: Opinión

  • En la «Toma de Caracas» sólo nos tomaron el pelo – Por Gabriel González

    En la «Toma de Caracas» sólo nos tomaron el pelo – Por Gabriel González

    Este primero de septiembre, Venezuela dejó en alto de que está hecha: un bravo pueblo cívico y democrático, con una profunda necesidad de cambio, justicia y libertad. Lamentablemente, no puedo decir lo mismo de la dirigencia opositora.

    Para quienes en ocasiones cuestionan la gloriosa letra de nuestro himno «Gloria al Bravo Pueblo», hay que recordarles que es tan bravo que hasta infundió terror en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

    Ayer, el mensaje fue claro: aquí está el país movilizado, pacífico, pero no pasivo; decidido a conquistar la libertad y la democracia; dispuesto a sobrepasar al régimen y a la MUD, así que «líderes opositores», pónganse los pantalones.

    En esta jornada también están los que quedaron conformes con la burla de Unidad. Sí, una burla. Fue una burla para esos indígenas que arribaron a la capital caminando desde Amazonas, para los médicos que marcharon desde Valencia; para el Padre Lenín Bastidas, que hizo una cruzada épica desde El Tigre, haciéndole un llamado de atención a la gente y a la Iglesia: “Aquí en Venezuela hay una crisis humanitaria, sino me hubiese quedado tranquilo en mi parroquia”. También fue una burla para ese millón de ciudadanos que se movilizaron. Estar conformes con lo que ahí se hizo es estar conformes con la Venezuela que soñó Chávez, la que agacha la cabeza y sigue órdenes en silencio.

    Y no se trata de muertos ni violencia, se trata de firmeza y contundencia, pero ¿cuál fue el ultimátum de la MUD al régimen?, ¿cuánto fue el tiempo que le dieron a Tibisay Lucena y al Consejo Nacional Electoral para que dé el cronograma del referendo en 2016? La respuesta es ninguno.

    Mientras tanto, ¿qué hacemos? ¿marchar todas las semanas sin ninguna contundencia hasta 2017? ¿El año que viene sí van a hacer el referendo para que el Psuv se libre de Maduro? Creo que aún no hemos aprendido la lección. Aquí, a diario, mueren venezolanos, niños, adultos y ancianos a causa de la crisis, desnutrición, falta de medicamentos, inseguridad. ¿Cómo se le dice a la madre del bebé que falleció en Zulia por desnutrición que espere a que el CNE le dé la gana de convocar el referendo?

    El pasado 31 de agosto comenté: “Mañana puede ser un primero de septiembre más o uno que quede para la historia como el día en que Venezuela se liberó. Depende de nosotros”. Y sí, quedó para la historia como el día en que, en vez de la «Toma de Caracas», sólo nos tomaron el pelo.

    @ismaelgabriel22

  • La Toma de Caracas – Por José Antonio López

    La Toma de Caracas – Por José Antonio López

    El Gobierno insiste en su empeño de evitar la consulta popular que es constitucional y democrática. En medio del deterioro del país y sobre todo de la ingobernabilidad, los venezolanos tenemos el derecho de reprobar a Nicolás Maduro en su catastrófico desempeño al frente de la nación.

    El revocatorio es la válvula de escape a la crisis y de soluciones a los problemas. El pueblo quiere decidir sobre el cambio de rumbo que necesita el país, pero un grupito de ambiciosos al que no les importa el sufrimiento de la gente, persiste en su idea de permanecer en el poder, cueste lo que cueste.

    Desde Miraflores se han propuesto cerrar todas las vías democráticas no traumáticas para salir de la crisis que vivimos. Ante tanta maniobra y burla del Gobierno, desde la Mesa de la Unidad Democrática, como coalición que representa el sentimiento de cambio del país, se convocó a la gran Toma de Caracas para el 1 de septiembre, con el fin de presionar y que se active de una vez por todas el referéndum revocatorio. Exigir que se cumpla con la Constitución es nuestro derecho.

    Nada ni nadie puede detener una idea a la que le llegó su hora. En la historia universal hay muchos ejemplos simbólicos que reflejan la decisión de una nación y de un pueblo, de generar acciones de masa que promuevan o propicien un cambio.

    La toma de La Bastilla, el 14 de julio de 1789, derivó en el fin del absolutismo monárquico y el surgimiento de la República Francesa. La marcha por la libertad el 28 de agosto de 1963, emprendida por el reverendo Martin Luther King, fue un movimiento contra la segregación racial que consiguió consagrar los derechos civiles. El hambre de cambio de quienes estuvieron bajo el jugo comunista derivó en la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989 y que puso el punto final a la cortina de hierro que había impuesto el comunismo soviético. Otro ejemplo fue La revolución naranja, que entre los años 2004 y 2005 movilizó a los ucranianos en Kiev en desobediencia civil contra el fraude electoral generado por el gobierno de turno.

    La Toma de Caracas, el 1 de septiembre de 2016, será una fecha importante en la historia de Venezuela, porque señalará al mundo y al resto del país que la capital de la República será nuevamente ejemplo de lucha para lograr la libertad de todos los venezolanos y el retorno a una auténtica democracia.

    La Toma de Caracas no se trata de un golpe de Estado, sino de una manifestación cívica que reunirá a todo el país en el epicentro del poder nacional. Vamos a demostrar que somos la mayoría y que esa mayoría se cansó de un modelo que nos ha traído a esta tragedia.

    El cambio que la mayoría desea no llegará solo. Tampoco se trata de un problema exclusivo de los partidos. Esa es una lucha ciudadana que obliga a la participación de todos los venezolanos. Esta es una oportunidad que no podemos perder.

    @joxeantonio

  • Una nueva fase – Por Miguel Velarde

    Una nueva fase – Por Miguel Velarde

    Si algo ha caracterizado a la lucha democrática de los últimos años en Venezuela, ha sido la lentitud con la que cierta dirigencia opositora asume las realidades.

    Por extrañas razones, algunos líderes políticos se rehúsan a aceptar verdades imposibles de obviar. Incluso la comunidad internacional ha sido más rápida en definir lo que ocurre en el país que muchos de los que aquí hacen vida.

    El ejemplo más emblemático de esto es el fin de la democracia en Venezuela. Todavía hoy están frescos en la memoria algunos términos que por innovadores no dejan de ser ridículos, como la “democracia con grises” o el “déficit democrático”, con los que ciertos políticos trataron de camuflar una realidad inocultable: la tiranía.

    Pero incluso hoy, después de tanta agua que ha corrido bajo el puente, siguen haciendo esfuerzos para postergar lo impostergable. Ante la abrumadora evidencia de la destrucción no solo de la democracia sino también de la república, la responsabilidad de todos es asumir el gran desafío que tenemos por delante.

    Venezuela está agonizando. El mundo entero lo sabe. Las semanas que tenemos por delante son decisivas, no solo porque la crisis política en torno al referéndum revocatorio tendrá que encontrar un desenlace definitivo –aún incierto-, sino también porque la crisis socio económica es insostenible.

    Tenemos que tener claro que asumir una realidad tan dura como ésta requiere más que una declaración o un slogan: nuestra posición debe estar siempre acompañada de acciones. La coherencia es imprescindible.

    Por eso, la marcha convocada para este jueves podría ser un punto de inflexión importante para darle rumbo al cambio político; o no. Dependerá de cuál sea la intención de la dirigencia política opositora.

    Si su objetivo es seguir en el juego del gobierno, en un permanente tira y afloja que lo único que logra es darle oxígeno a quienes están en el poder, será una marcha más que acabará en una tarima con personajes repetidos y discursos aburridos y con el referéndum revocatorio en 2017, o nunca.

    Por el contrario, si una convocatoria que promete ser masiva, es una señal inequívoca de que la gran mayoría de los venezolanos decidió asumir su realidad y cambiarla, puede ser el primer paso de un proceso irreversible que permita un cambio político y constitucional en el país.

    Esta semana promete ser el inicio de una nueva fase en la larga lucha opositora por recuperar la democracia. Esperemos que permita, finalmente, lograr el objetivo, y que no se convierta en otra gran decepción como las que ya nos tienen acostumbrados.

    @MiguelVelarde

  • Socialismo pretoriano: el fácil adjetivo – Por Luis Barragán

    Socialismo pretoriano: el fácil adjetivo – Por Luis Barragán

    Nos ha sorprendido un reciente y breve texto de Tomás Straka, respecto a lo que denomina socialismo pretoriano (http://nuso.org/articulo/el-socialismo-pretoriano).  Denominación que constituye a su juicio la “mejor manera de definir el fenómeno”, explicando su proceso, sobrevuela las otras versiones socialistas conocidas, advertida inevitable, como contradictoriamente, la existencia de un ejército que “ejerce influencia y controles de envergadura sobre el Estado”, sobrepasando las estipulaciones legales.

    La imposición por la fuerza bruta del “modelo político” referido, ilustrada por la inmensa y feroz represión de 2014, fundamentalmente sobre la juventud que intentó reivindicar el legítimo y pacífico derecho a la protesta, por no citar el trabajo forzoso que una resolución ministerial establece ahora en el ramo agro-alimentario, es un dato universal e inherente a la propuesta socialista asoleada – cercana o lejanamente – por los remotos bolcheviques ya en el poder.  Luego, luce innecesaria, como tímida, una adjetivación que muy poco o en nada abona al particular desarrollo del proyecto en Venezuela, por cierto, jamás explicado y, lo peor, nunca debatido en medio de una proliferación de consignas de un marchito vuelo.

    La influencia militar va más allá del recurrente y anecdótico atuendo empleado por Chávez Frías, una mera provocación que tanto le divertía, entendiéndola como una escalada que partió de una extralimitación abusiva, constante en nuestra historia contemporánea, incluyendo la efectiva resistencia del sector civil,  y que ha transitado por una militarización de la sociedad y del lenguaje, hasta llegar a la amarga realidad de un Estado Cuartel. ¿En qué planeta vive Straka al negarlo, concibiéndolo de un exclusivo cuño prusiano para concluir que la sociedad funciona con normalidad bajo la tutela militar? Además, faltando poco, ya existen trabajos de carácter académico, como el libro presentado este año sobre la materia en la Asamblea Nacional, suscrito por Luis Buttó, José Olivar, Jo-ann Peña, Rosaura Guerra y Franz von Bergen, que – en todo caso – amerita de una refutación que no se contente con tildar de socialdemócrata al insigne Domingo Irwin, fundador de toda una escuela que versa sobre las relaciones civiles y militares: la crítica al soldado desprofesionalizado también merece la de una academia profesionalmente reivindicada por todo el exigente instrumental teórico del que dispone.

    Citando un par de ejemplos, entre muchos otros, ¿los espacios públicos no están algo más que militarizados en nuestro país, so pretexto de combatir a una delincuencia que ha crecido hasta batir el propio récord de muertes violentas, con cifras propias de un conflicto bélico formalmente declarado? ¿La Fuerza Armada es simple espectadora en el desempeño de la Misión Abastecimiento, como en sus incursiones en el mundo del petróleo y gas, la banca, las telecomunicaciones, la construcción o el turismo?  Agreguemos, ¿la subasta ecológica del Arco Minero no estuvo precedida por una matanza de mineros?

    Asistimos a una versión edulcorada – más no, corregida – de un confeso socialismo rentístico, cuyas peores consecuencias dice justificar la sola disminución de los precios del petróleo, generando una crisis humanitaria – advertida dos años atrás – que la pólvora asimétrica desespera por naturalizar. Socialismo que ha permitido la realización del Estado Cuartel, en nuestras propias y distraídas narices, creyéndolo – apenas – un perfomance marcial de ocasión que no altera en modo alguno la normalidad de cada día: la Fuerza Armada está trillando el camino definitivo de su descomposición institucional y, revocatoria mediante, sólo la transición democrática puede aportar a su recuperación.

    @LuisBarraganJ

  • Jesucristo, superestrella – Por Aimara Troya

    Jesucristo, superestrella – Por Aimara Troya

    Jesús era un tipo normal, que convivía como un hombre más; cumplió con sus objetivos de vida y fue hasta entonces que fue reconocido y adorado por una inmensa cantidad de seguidores. Sin embargo, nos equivocamos en algo, estamos esperando a otro Jesucristo, otro mesías que se sacrifique por nosotros y nos saque las patas del barro tan profundo en el que estamos metidos.

    Actualmente sentimos que si ha de llegar un mesías, este sería un político a quien colocaremos en el poder para que pueda salvarnos la vida. Estamos mal acostumbrados a ver a los políticos/gobernantes como seres intocables e inalcanzables, que  solucionarán todos nuestros problemas, lo que a la vez genera un sentimiento de fanatismo en sus seguidores, y particularmente considero este hecho un error fatal. En realidad, la solución está en cada uno de nosotros, nos guste o no, está en nuestras propias manos resolver los problemas que hemos creado, aunque haya sido de manera inconsciente. Es nuestra la responsabilidad de solucionar, así sea aportando un granito de arena en las comunidades en que hacemos vida; los problemas por los que estamos atravesando los venezolanos vienen desde la raíz, desde el hogar.

    Las nuevas generaciones tienen que ser mejores que las anteriores y en nuestro caso no está siendo así. Hay que volver a cosechar esa buena semilla en los hogares para que empecemos de a poco con la reconstrucción de Venezuela y en eso nada tienen que ver los políticos que solemos tener tan sobrevalorados y que adoramos cual estrellas hollywoodenses.

    Los políticos son personas comunes, con necesidades comunes, son padres e hijos, con familias que los apoyan y con preocupaciones y errores al igual que tú y que yo, por lo que es un tremendo error esperar por el próximo mesías para que nos salve de tanto desastre y miseria en la que hemos caído, guiados por quienes se hacen llamar políticos, pero que sólo son unos ladrones sinvergüenza a los que les interesa únicamente su propio bienestar, sin importar el daño hacia los otros.

    Debemos hacernos cargo de nuestras propias acciones y finalizar con el paternalismo al que el gobierno nos tiene acostumbrados desde hace décadas, asumiendo nuestras responsabilidades, porque al final, la única verdad es que el cambio está en todos, en la persona que escribe este artículo y en quien lo lee.

    @troyagaa

  • Amuay, 4 años de una tragedia que continúa – Por Miguel Martínez

    Amuay, 4 años de una tragedia que continúa – Por Miguel Martínez

    En la madrugada del 25 de agosto de 2012, usuarios de las redes sociales y vecinos a la refinería de Amuay alertaron de un bote de gas, que se mostraba como una nube sobre el sector y un pestilente olor que avisaba que algo malo se avecinaba. No era normal. Las bombas estaban fatigadas. Una hora antes de la explosión comenzó la fuga de olefinas de forma acelerada, rápidamente la desgracia producto de la ineficiencia trajo consigo la gran pérdida en esta región. En palabras de María Corina Machado: “Fue una tragedia petrolera, una tragedia económica y una tragedia humana, pero además una tragedia que pudo haberse evitado”.

    Conozco el caso de una víctima que murió en su vehículo tratando de huir junto a su esposo. Eran vecinos de “El Campito”, residencia de los funcionarios de la Fuerza Armada, situada detrás del destacamento N° 44 de la Guardia Nacional, lugar en el que se encerró la nube. Ella corrió y entró al vehículo. Su viaje sería definitivo. La explosión llegó y trajo la tragedia. Su esposo quedó en la puerta, golpeado y quemado entre los escombros, aunque luego de un largo proceso quirúrgico y de recuperación sigue con vida.

    Muy temprano en la mañana, al enterarnos de lo sucedido, buscamos información en internet. Entre las fotos, de los medios digitales se podían ver sus cosas, sus fotos, sus recuerdos. Sus vidas reducidas a trozos de material. Había cosas que podía reconocer, había estado ahí una vez. Esa es una historia en la que pienso siempre con mucha tristeza,  pero sabemos que hay cientos, miles más que, silentes, se quedaron sin contar.

    La desinformación reinaba en ese momento. Incluso hoy, cuatro años después, muchas historias aún no se saben. Para desgracia de quienes gobiernan por la mentira, hay momentos que no pueden disfrazar. Las llamaradas y la desesperación no las tapaban las regalías, ni el cerco mediático.

    Cuando ocurren tragedias como estas vemos de qué están hechas las personas que nos rodean, y que nos gobiernan también. Observé cómo la solidaridad surgió enseguida: cómo centros de acopio improvisados surgieron aquí y en todo el país. También vi con mucha impotencia cómo el hampa y los inescrupulosos se aprovecharon de la situación para robar viviendas y enceres de los vecinos de Amuay, que ante la desesperación sólo corrieron para salvar lo más preciado: La vida y la familia. Pero sin lugar a dudas, lo peor que vi y que aún retumba en mis oídos con indignación fue la frase célebre: “El show debe continuar”, en boca del difunto Hugo Chávez. La frase, sin más nada que agregar, habla por sí misma del personaje y de lo que traía consigo. La miseria no solo es el objetivo en la revolución, sino también en los sentimientos de su finado líder.

    Cuatro años después, aún no hay responsables. Chávez murió no muchos meses después de pronunciar tal atrocidad. Rafael Ramírez, quien era Ministro de Petróleo y Minería y presidente de la estatal petrolera (PDVSA), fue premiado por su accionar, enviándolo como embajador de Venezuela ante el Consejo de Seguridad de la ONU, sin ningún tipo de sanción y sin moral para poner la renuncia ante lo sucedido, que estaba bajo su responsabilidad. A Petróleos de Venezuela le costó más de mil millones de dólares. La solución que ellos desplegaron ante lo ocurrido fue levantar un muro en la zona, al mejor estilo nazi. No por seguridad, por separar a los venezolanos de la verdad.

    El miedo sigue latente en los paraguaneros, en especial en los trabajadores petroleros, la empresa con la que se levantaron muchas familias en la región no solo está destruida, sino que se encuentra en juego la vida de miles de personas de la zona todos los días, a manos hoy de la gestión de Nicolás Maduro, responsable, por acción y por legado, de la actual crisis que vivimos, la peor de nuestra historia republicana. Podría visitar hoy, él o cualquier miembro del gabinete, la intercomunal Alí Primera, Judibana o los barrios Ali Primera y Creolandia y decir que todo está bien, que el show continuó, que no ocurrió nada. Quizás dirían que la avenida está iluminada y pintada, pero eso no borra la tragedia, no borrará el sombrío recuerdo de los que la vivieron y perdieron la vida en ella, ni la tristeza con la que recordamos lo ocurrido y lo que vimos, que no son cuentos de camino o “guerras” inventadas.

    A cuatro años de la tragedia de Amuay no solo recordamos lo sucedido y acompañamos a los falconianos en el dolor, seguimos exigiendo justicia para las víctimas y la verdad para los venezolanos, que si no llega ahora producto del secuestro de los poderes públicos y la ausencia de un Estado de derecho, llegará pronto con LA TRANSICIÓN a la democracia, que nos devolverá la paz.

    @MartinezMiguell

  • Olla de presión – Por Eduardo Díaz

    Olla de presión – Por Eduardo Díaz

    Uno no deja de sorprenderse en nuestro querido país, Venezuela. Sí, sólo Venezuela a secas, para no seguir enlodando y ensuciando cada día el nombre de nuestro libertador. Se jactan de proceder en nombre y siguiendo el ejemplo de Bolívar, paladín de la libertad y la justicia, más la realidad que vive el país es de desesperanza, ansiedad, temor, inseguridad, rabia, hambre, desnutrición y mortandad infantil, miseria y más miseria, aun cuando se proclaman como el gobierno de los pobres. Sí, es verdad. En eso tienen razón. Cada día hay más pobres, seres humanos, compañeros venezolanos que viven en la miseria, en la pobreza extrema, que se acuestan -con suerte- con un solo golpe alimenticio en el estómago, sacrificando y repartiendo migajas entre el resto del grupo familiar sometido al mismo régimen alimenticio.

    Seres humanos, compañeros venezolanos, pueblo que en algún momento creyó en ese sueño chavista que prometió villas y castillos a los pobres con la implementación de un sistema que nos colocaría a todos en condición de igualdad social, el otrora famoso socialismo del siglo XXI, actualmente rechazado y despreciado por más de un 70% de la población e históricamente sin vigencia. Sí han logrado su objetivo: mantener y hacer a los pobres más pobres y desaparecer a la llamada clase baja y media, en lugar de esmerarse y aplicar políticas económicas y sociales encaminadas a que los más pobres y esa clase media que empuja al país suban su nivel de vida. No, la idea es hundirlos cada vez más, solo así se podrán mantener en el poder, teniendo a la gente de rodillas, obligándola a hacer interminables colas en supermercados, farmacias, abastos, panaderías y bodegas, haciéndolas dependientes de un súper poderoso Estado que quiere participar y controlar todo pero que al final nada produce o si lo hace, es en forma deficiente y a pérdida, contando sólo con el salvavidas desinflado que es el ingreso petrolero, que a pesar de estar los precios en baja, sigue siendo el mejor negocio del mundo, ya que mal administrado algo les genera.

    Ver  al presidente, vicepresidente, gobernadores, alcaldes, ministros, militares y altos funcionarios explicando y defendiendo el programa de entrega de bolsas de comida a través de los CLAP, evidencia que en cuanto a producción agropecuaria y economía en general están totalmente perdidos, desencajados, vencidos y sin contar con polvos mágicos que puedan emplear para salir de esta crisis. Esas bolsas son la muestra más clara del desprecio que sienten por su pueblo, obligándolo a anotarse, censarse, comer lo que el régimen quiere, hacer cola a toda hora o esperar en casa la llegada de la bolsa, la cual escasamente alcanza para unos días en un grupo familiar. Esa bolsa es lo más despreciable, humillante y denigrante para un ser humano, más ellos la ofrecen como la panacea, cuando no es más que la muestra del rotundo fracaso de las políticas económicas que han llevado a la quiebra a miles de empresas y que ha alejado y desmotivado a inversionistas y productores.

    Por la terquedad y miopía política, defender lo indefendible y mantener lo insostenible es que el país se encuentra sumido en esta grave crisis. El pueblo habló el 6D y clama por el revocatorio o renuncia del Presidente. Ese clamor es una olla de presión que debe drenarse por vía pacífica y democrática mediante el ejercicio de nuestros derechos constitucionales. No hacerlo, es seguir de espalda al pueblo y exponer al pueblo a situaciones y eventos que nadie desea. Pareciera que es lo que quieren: tumbar la mesa y suspender cualquier tipo de consulta popular. Ojalá y esté equivocado. Amanecerá y veremos.

     

    [email protected]

     

  • Camino a la democracia: desestatización de la industria petrolera – Por Anderson Riverol

    Camino a la democracia: desestatización de la industria petrolera – Por Anderson Riverol

    La relación entre la democracia, la libertad y la industria petrolera siempre fue algo difícil por la tentación de los gobiernos de apoderarse de los cuantiosos recursos que esta actividad económica genera, pero: ¿el hecho de que un país tenga importantes reservas de petróleo significa que está condenado al autoritarismo de un gobierno?

    La mayoría de los países de la OPEP tienen sistemas políticos con poderes ejecutivos dominantes, donde se han dado golpes de Estado recientes o cuentan con poca autonomía institucional. En pocas palabras son países donde sus sistemas de gobierno son monarquías absolutas o democracias en transición donde por lo general la independencia de poderescasi no existe.

    En el caso de Venezuela, donde actualmente hay un debilitamiento en la institucionalidad, podemos recordar que luego de tomar la presidencia de la república el General Juan Vicente Gómez continúo con una política de otorgamiento de concesiones que fueron adjudicadas a sus amigos más cercanos. El 15 de abril de 1914, el primer campo petrolífero venezolano de importancia, Mene Grande, fue descubierto por la empresa Caribbean tras la finalización del pozo Zumaque I.

    Ante el descubrimiento de esta riqueza, intelectuales y políticos venezolanos comenzaron a aportar desde sus espacios ideas para la inversión de los recursos que producía el petróleo. A pesar de que Arturo Úslar Pietri, por ejemplo, expresó la necesidad de sembrar el petróleo para que su renta se transformara en inversión productiva por parte del sector privado, terminó venciendo la consigna de “No más concesiones”.

    Esta se implementó inicialmente durante el trienio adeco (gobierno del partido Acción Democrática), luego fue descartada por Marcos Pérez Jiménez, y finalmente aplicada porRómulo Betancourt y Juan Pablo Pérez Alfonzo. Todo esto derivó en que la industria petrolera venezolana quedara rezagada en relación con otros miembros de la OPEP, los cuales además de obtener ingresos por barril similares los de Venezuela, aumentaron sus ingresos al incrementar su producción mientras que la producción venezolana languidecía.

    Venezuela, después de haber sido el primer exportador de petróleo del mundo desde 1928 hasta 1970, pasó a segundo plano por decisión propia. Esta política de alejarse de la iniciativa privada fue llevada al extremo con la estatización absoluta en 1975 por parte del gobierno deCarlos Andrés Pérez, volviendo así al estado venezolano en un estado patrimonialista con un contrato fiscal rentista, que no depende de sus ciudadanos para obtener en mayor medida sus ingresos y que reserva para el Estado toda la actividad petrolera.

    Años después, esto permitió que un militar que planteaba la hegemonía política secuestrara la industria petrolera y despidiera por cadena de radio y televisión al personal calificado que aún permanecía en la empresa. Los ingresos petroleros fueron dados a países latinoamericanos para obtener aliados estratégicos o se perdieron gracias a la corrupción imperante que tenía la bandera de la revolución bolivariana.

    Con respecto a la relación democracia-petróleo existen dos posturas: una que cree que el petróleo es el excremento del diablo y otra que considera que el petróleo puede ser un instrumento para el progreso. El sociólogo Larry Diamond de Stanford University sostiene que “El que un país se convierta en productor de petróleo, si es pobre y con instituciones débiles, lo más probable es que la posibilidad de construir una democracia fuerte esté lejos de existir”.  Con respecto a esta afirmación, un requisito para que un país mejore su democracia e instituciones es la claridad de su clase política en cuanto a la importancia de respetar y defiender las iniciativas privadas, tanto nacionales como internacionales. De este modo se puede hacer un balance entre el poder político y económico, entre el estado y el sector privado, balance que, enfocado hacia el crecimiento económico, puede derivar en mejorar la calidad de vida de los venezolanos y consolidar la democracia en dicho país.

    Por otro lado, la socióloga Isabel Pereira de la Universidad Central de Venezuela dice: “El petróleo es maléfico si se convierte en soporte de gobiernos antiliberales, desconocedores de los derechos humanos y la libertad individual. El petróleo no es el excremento del diablo, es un recurso que pueden los seres humanos utilizar como motor para desarrollar nuestras actividades”.

    Considerando lo expuesto por la socióloga Pereira, coincidimos en que la dicotomía entre la democracia y la industria petrolera solo depende de los gobernantes y su pretensión de ser autoritarios, como sucedió en Venezuela, o de ver al petróleo como un sector más que puede apoyar de forma importante a la economía sin volverse esta totalmente dependiente de él. Un ejemplo de esto es el descubrimiento de petróleo en EE.UU. cuando el coronel Edwin Drake en 1859, cuatro años antes de que John D. Rockefeller se incorporara al negocio petrolero, inesperadamente hiciera el descubrimiento que le permitió iniciar la explotación a gran escala. Este fue un episodio histórico que para muchos inició la era del oro negro. Ante este descubrimiento, Mark Twain afirmó que se empezaría a vivir una nueva época dorada, que serviría a la sociedad entera y no para la explotación exclusiva de sus descubridores ni mucho menos el estado.

    En conclusión la única forma de que un Estado explotador de petróleo tenga democracia, siendo débiles sus instituciones, es que se desestatice la industria petrolera, se diversifique su economía y se respeten los derechos de propiedad para incentivar la inversión dentro del país que terminará por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y con libertad política se establezcan reglas del juego claro para la consolidación de la democracia y la libertad.

    La solución para Venezuela es desestatizar nuestra industria petrolera para que el estado venezolano deje de ser un estado patrimonialista, con un sector petrolero atrasado y sin la posibilidad de que se realicen las inversiones que solo se pueden hacer desde el sector privado. Al tener un gobierno que no pueda usar nuestra industria como chequera y gastar los recursos en lo que desee, seremos más libres, independientes y nuestra democracia podría ser mucho más fuerte. Con esta reforma, entre muchas otras, Venezuela podría volver a ser ejemplo de desarrollo económico, estabilidad social y república democrática liberal.

    Bibliografía:

    Pereira Pizani, Isabel. La quiebra moral de un país. Caracas, Artesanos Editorial, 2013.

    Rodriguez Sosa, Luis; Rodríguez Pardo, Luis. El petróleo como instrumento de progreso. Caracas, Editorial IESA, 2012.

    Oropeza, Luis José. Venezuela: fábula de una riqueza. Caracas, Artesanos Editorial, 2014.

    Pascal, Salin. Liberalismo. Madrid, Unión Editorial, 2008.

    Oteyza, Carlos. Documental El reventón. Los inicios de la producción petrolera en Venezuela. Caracas, 2008.

     Original en: El Cato.
  • Situación sentimental: ¿Luchamos o perdemos? – Por Dalysé León

    Situación sentimental: ¿Luchamos o perdemos? – Por Dalysé León

    Para algunos, esta quizás sea una corta relación de amor y odio. Para mí, es más que una relación. Una noche me puse a pensar en todo aquello que nos ha pasado y en todo el tiempo que ha transcurrido y entre tantas preguntas, sólo una de ellas logro quitarme por completo el sueño: ¿Y ahora qué vamos hacer con esto?

    Tomo en cuenta todo esto que siento, que sentimos, y me doy cuenta que por culpa de él, muchas personas cercanas se han alejado de nosotras; muchas otras incluso se han quitado la vida porque es mejor morir que seguir con esto, que seguir contigo.

    Un día, leyendo un artículo, algo me llamó la atención: “si el infierno existe, seguro se parece a Venezuela”. En su momento, no entendía tan fuertes palabras, nos comparaban con el infierno, pero ahora entiendo. Sé que en 1999 jamás pasó por tu mente que lo peor estaba por venir, pero Venezuela, si sigues con él, será tu decisión; la verdad no esperes que apoye todo esto.

    Durante esa larga noche se me ocurrió cualquier cantidad de cosas: alejarme de todo y fingir que nada ha pasado, hablarte con la verdad y decirte de frente que esto ya no funciona o sencillamente callar y dejar que las cosas «fluyan». Mientras más pensaba, más peros le encontraba a todas mis opciones.

    Transcurrían las horas y aun sin sueño seguía buscando, ya no solo una respuesta para aquella incógnita, sino una solución para esta situación, que al parecer no existe. ¿Cómo es posible que hayamos permitido pasar tanto tiempo? ¿Cómo es posible que aún haya una parte de ti que se rehúsa a cambiar esto?  Para cada posible respuesta aparecía una pregunta tras otra. Al parecer, me tomaría muchísimo más tiempo de lo que pensaba saber qué era lo que iba hacer por ti, por esto.

    Decidí hablarte, hablarte con la verdad, mostrándote así que de verdad me importas; luego recordé que estás muy ocupada con todo lo que estamos pasando y no me prestarías atención y entonces recordé que las palabras se las lleva el viento y esto que siento quiero que lo recuerdes siempre para que no nos vuelva a suceder algo igual o peor. Fue cuando decidí hacerte esta pequeña carta. Espero te tomes unos minutos de tu tiempo para leerla.

    No puedo pedirte que estés con una persona extraña, es algo absurdo, pero quiero pedirte que al momento que decidas estar con alguien, lo hagas sabiendo que la persona que estará a tu lado es quien sabrá amarte, respetarte y apreciarte por lo que eres.

    Te pido que estés con una persona que valore a Dios, la familia y a los amigos, pues en la vida necesitarás de todos ellos. Y si es un ladrón, procura que sólo te robe sonrisas.

    Elige una persona que no se aproveche de ti, ni siquiera en tus momentos de vulnerabilidad, una persona que verdaderamente te respete.

    No te quedes con esa persona que hace alarde de lo que tiene, sino con aquella que sepa apreciar y valorar todo aquello que ha vivido, las personas con las que ha compartido y las experiencias que en la vida ha acumulado.

    Quédate con aquella persona que te lleve la contraria y tenga un punto de vista distinto al tuyo pues, aún en la más grande adversidad, sabrás que podrás contar con la persona que tienes a tu lado.

    Al final, si aún no logras entender, eres tan digna de este amor tan tuyo, tan mío. Yo escogí luchar a tu lado y quedarme contigo.

    ¿Y tú, Venezuela? ¿Luchamos o perdemos?

    @Dalyr18

  • El rumbo lo cambiamos nosotros – Por Pedro Urruchurtu

    El rumbo lo cambiamos nosotros – Por Pedro Urruchurtu

    Las expectativas que ha generado el 1 de septiembre son muchas (quizá demasiadas). Es lógico; la manera en la que se le ha informado el país sobre lo que augura ser una movilización nacional de importante asistencia no puede generar menos atención. Pero una vez más corresponde decir algo: no seamos ingenuos.

    El 1 de septiembre no puede ser lo mismo que han sido otras fechas de movilización. No puede ser lo mismo no sólo por las expectativas que están creciendo cada día más, sino también porque la confianza, la reputación y la sensatez de la Unidad opositora estarán  plenamente en juego.

    Esa fecha no puede ser para exigirle a quienes quieren perpetuarse en el poder que accedan a perderlo; debe ser para hacerles entender que somos nosotros quienes haremos que se vayan, cuando nosotros lo digamos.

    Esa fecha tampoco puede ser para esperar que el Consejo Nacional Electoral (CNE) nos diga cuándo será la recolección de las firmas para activar el Referéndum Revocatorio, sino para presionar y hacerles entender que tienen que darnos la fecha lo antes posible, con nuestra presión, y no que será cuando ellos digan y cuando ya el Revocatorio sea inútil para los venezolanos y sólo útil para el PSUV.

    Mucho menos el 1 de septiembre puede ser un acto aislado, lleno de retórica y discursos en tarimas, música y aplausos. No puede verse como un acto de campaña o una fiesta democrática; debe ser un acto de rebeldía, una lección ciudadana de que no estamos dispuestos a soportar una burla más por parte de quienes han destruido a Venezuela

    Lo que sí debe ser el 1 de septiembre es el inicio de una etapa de presión y articulación ciudadana, organizada para lograr lo único que podemos aceptar como venezolanos y que es la única que puede salvarnos: lograr un cambio de gobierno este mismo año.

    Está claro que el Referéndum Revocatorio y sus fechas, más que un asunto de calendario, son un asunto de voluntad política de quienes están aferrados al poder. Por lo tanto, la estrategia opositora no debe ser exigir sobre lo primero, sino influir y cambiar lo segundo.

    Por lo tanto, más que convertirse en la fecha en la que la Unidad se moviliza por una fecha, el 1 de septiembre debe ser la fecha en la que los ciudadanos hagamos entender a toda la dirigencia opositora y al chavismo, que somos nosotros los que conduciremos el cambio y que sí, políticamente demandamos conducción, pero hacia un cambio y un transición, no hacia la estabilidad o hacia una transacción.

    Ese día debe ser para sincerar una fecha tope en la que sepamos que habrá Revocatorio este año, y si no lo hay este año, pues redefinir la estrategia de lucha posterior a esa fecha, por ejemplo. Si es por una fecha, podemos convertir en fracaso una movilización que no ha nacido; si es por una causa, la podemos mantener viva y por más que un día.

    En definitiva, el 1 de septiembre debe ser para hacer entender que el rumbo lo cambiamos nosotros.

    @Urruchurtu