Categoría: Opinión

  • ¿Modelo fracasado o plan macabro? – Por Andrés Colina Ávila

    ¿Modelo fracasado o plan macabro? – Por Andrés Colina Ávila

    Las líneas que siguen nacen de la reflexión, pero ávidamente buscan transformarse en acción.

    En muchas ocasiones me he preguntado si lo que vivimos los venezolanos serán las consecuencias de un modelo fracasado o el éxito de un plan macabro. En respuesta, solo hace falta hacer un poco de retrospectiva y visualizar la instauración de diversos controles y mecanismos de opresión a lo largo de estos 17 años de revolución, para entender que, cada acto, cada intervención, cada control del estado en los temas económicos e incluso sociales buscaban hacernos más pobres, más débiles, más dependientes, y por efecto también manipulables.

    El control de cambio, por ejemplo, uno de los primeros controles restrictivos impuestos por la revolución para dominar a los sectores económicos del país, y por efecto también a los venezolanos, dio el poder al gobierno de controlar todo aquello que ingresa o deja de ingresar a nuestro país, a quien le llega y a quien no, definiendo como debe usarse y como no, desde el otorgamiento de materia prima requerida por los industriales para producir, o el papel periódico que necesitan los medios impresos y que usa el régimen como  forma para coartar la libertad de expresión, incluso la literatura a la cual podemos tener acceso, y aunque parezca accidental, también quienes pueden adquirir ciertos alimentos y quién no. Se han hecho innumerables esfuerzos para desarticular la producción nacional, y el poder adquisitivo de los venezolanos, por mencionar solo algunos me refiero a los aumentos de sueldos y controles de precios, exacerbando de esta forma la escasez, la inflación y el desempleo en favor del proyecto totalitario.

    Visto así, debemos entender que los meses que quedan del 2016 son cruciales para la definición del futuro de nuestro país, los venezolanos tenemos que asumir una responsabilidad con nosotros mismos, con nuestros hijos y con el devenir de nuestro país. Lo que hagamos o dejemos de hacer tendrá repercusiones en el corto, mediano y largo plazo. Me refiero a los efectos que pudiera tener la instauración de una dictadura que además de coartar nuestras libertades individuales y económicas, también deteriora nuestras vidas y la de nuestros niños.

    En este sentido, la desobediencia cívica se va convirtiendo en el único camino posible para la superación de esta crisis.  Frente al panorama de la recolección de manifestación de voluntades, voluntades de libertad, de cambio, de desarrollo y de prosperidad. Debemos recolectar al menos el 20% del Padrón Electoral inscrito en el CNE, en condiciones muy adversas. Sin embargo, debemos asumir esto como un reto y como una forma de rebelarnos en contra de este proyecto de hambre y de dominación. Sé que los venezolanos estamos sedientos de cambio, cambio que debe producirse en 2016. Sin duda alguna, la presión que debemos ejercer para que este año tenga lugar un Referendo Revocatorio debe partir de nuestras propias convicciones y de nuestra propia fuerza, imponiendo la voluntad de todo un país y desplazando a la cúpula del régimen.

    De cualquier manera, para que se produzca el cambio político este año es necesario que los venezolanos así lo exijamos, debemos alzar nuestra voz para que nuestro clamor de cambio retumbe en cada rincón de Venezuela, derribando así la mordaza que con miedo y hambre la dictadura nos ha querido imponer.

    @AndresColina

  • Colombia votó: NO a la Impunidad, SI a la Paz – Por María Teresa Belandria

    Colombia votó: NO a la Impunidad, SI a la Paz – Por María Teresa Belandria

    Y llegó el día fijado apresuradamente por el gobierno de Juan Manuel Santos, para que los colombianos decidieran a través de un Plebiscito los Acuerdos de Paz alcanzados con la guerrilla de la FARC-EP. Y los ciudadanos votaron NO.

    El resultado sorprendió a todos, incluyendo a los promotores del NO. La campaña de intimidación y terror había logrado su objetivo. Los colombianos contestaban a las encuestadoras, no sus preferencias reales, sino la opción que no les exponía al desprecio y a la estigmatización. Votar NO se había convertido en un pecado, pues desde el gobierno calificaba a sus defensores y partidarios como guerreristas, anti-patriotas y contrarios a la Paz.

    Pero analicemos desde esta ribera del Arauca vibrador ¿Qué pasó?

    Los colombianos desean la paz, eso no está en duda. Después de 52 años de violencia a manos de guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes y BACRIM es hora de tener un país donde crecer y desarrollarse sin que te secuestren para que seas guerrillero o porque eres dueño de la tierra, donde transitar por el territorio no signifique perder la vida en un retén, o tener que desplazarte a otro espacio porque la violencia tocó a tu puerta. Colombia, a pesar de ese escenario adverso, ha dado muestras de institucionalidad y democracia que, con el Plebiscito se fortalecen.

    Los colombianos apuestan a la paz y para ello, diversos gobiernos antes que el actual lo intentaron, pero no lo lograron. El gobierno subió la apuesta, tanto que parecía casi imposible que su Paz no sería refrendada.

    Santos cometió varios errores, el primero, dio demasiado a cambio prácticamente de nada. La inmunidad y la impunidad del Secretariado eran intolerables para todos. El segundo, firmar los acuerdos  el 26 de septiembre con una puesta en escena internacional que ponía aún más presión sobre la gente, pero sin que éstos hubieran sido aprobados, por último, desplegó un discurso poco conciliador, más bien amenazante contra la gente que legítimamente quería votar NO. Discurso que hoy lo deja mal parado frente a la renegociación. Santos afirmó en Cali hace pocas semanas, que si ganaba el NO regresaría la guerra, específicamente la guerra urbana, mucho peor que la guerra rural y que además su gobierno tenía pruebas de ello.  Cuando Timochenko declaró pocas horas después del Plebiscito que mantienen la tregua y que no usarán las armas ya que la Paz es irreversible, lo dejaron al descubierto. Las amenazas de Santos lucen aún peor que cuando fueron proferidas. Soberbia en el poder y falta de humildad para oír las críticas.

    Pero los ciudadanos, sometidos a una campaña a todas luces desproporcionada por el SI en silencio, leyeron los acuerdos, las 297 páginas  y tomaron una sabia decisión. Dijeron NO a la participación política del Secretariado en la política, si antes no pasan una temporada tras las rejas, o en un campamento, pero presos. Dijeron NO a la reforma de facto de la Constitución por la vía de la incorporación del bloque de constitucionalidad de los acuerdos. Votaron NO, a la conformación de un tribunal donde los guerrilleros escogieran a los jueces que han de judicializarlos echando por tierra años de preparación y estudios de los magistrados colombianos que hicieron frente al narcotráfico y la violencia. También eligieron NO aceptar la impunidad del Secretariado que con una ventaja desproporcionada usaría dinero de los contribuyentes para mantener su seguridad, sentarse en el Congreso sin haber sido elegidos y con 31 emisoras de radio y TV ideologizadas a su favor, sin que rindan cuentas de los miles de millones de dólares acumulados en sus actividades como el mayor cartel de drogas del mundo. Los ciudadanos dijeron NO a la falta de perdón, al no reconocimiento del reclutamiento de menores, al no aceptar que ejecutaron cientos de miles de ciudadanos en juicios sumarios y que violaron, quemaron, exterminaron y destruyeron la vida de 250.000 colombianos, votaron NO hasta que les digan donde están los desparecidos y donde tienen las caletas con los dólares del secuestro, la extorsión, y la droga.

    Los colombianos, están dispuestos  a perdonar a los miles de jóvenes que fueron reclutados cuando eran niños y que no tuvieron otra opción, pero dijeron NO a la amnistía del Secretariado y de los mandos. Dijeron NO a los acuerdos impuestos por el chantaje de las FARC-EP y los Castro, y SI a un nuevo Acuerdo que privilegie la justicia y la reconciliación.

    Una paz mal hecha era el tenor de lo que infería de los acuerdos. Leyéndolos, recordaba el Tratado de Versalles de 1919, donde las potencias vencedoras no asumieron responsabilidad alguna y cargaron todo el peso de la paz a Alemania. En los Acuerdos de la Habana, el costo lo pagarían los ciudadanos con sus impuestos sin que la FARC-EP se moviera un ápice de su posición de fuerza y mucho menos erogara de sus fondos un peso para aliviar la pena de una guerra absurda.

    Colombia ha dado muestras de madurez política y así lo reconocen los promotores de ambas opciones. Incluso las FARC-EP. Se impone ahora, la renegociación de los Acuerdos y como dicen los colombianos de pie hay que desantificar y desuribizar la discusión. Sin duda ambos usaron la exageración y la intimidación, el primero la vuelta a la guerra, el segundo,  la comparación con la Venezuela desgarrada por la crisis humanitaria.

    La paz no se negocia, se decide. Lo que se negocia es el desarme. Los colombianos decidieron tener paz y esa se alcanzará muy pronto. Por ahora la lección más importante es que los pueblos son capaces de decidir su destino aún en medio de la violencia y la amenaza. Colombia votó: NO a la Impunidad, SI a la Paz. Brindemos por ello y oremos por el fin del conflicto.

    @matebe

     

  • Señoras, hay tiempo – Por Eduardo Díaz

    Señoras, hay tiempo – Por Eduardo Díaz

    ¿Hasta cuándo pensará el régimen que puede continuar estirando la liga sin que se rompa y los lastime a ellos? Usando los largos tentáculos del poder y la capacidad que este tiene para encantar y engañar el ego de muchos que por mera circunstancia, más no por sus méritos y condiciones, llegan a ocupar un alto cargo, manejan a su antojo las instituciones que se deben a todos los ciudadanos y no a unos pocos funcionarios que el pueblo ha designado para que le sirvan. Con todo respeto debo referirme a cuatro señoras, a quienes me niego a llamar rectoras ya que sus actuaciones evidencian que no están ejerciendo las funciones y respetando los principios que la ley les exige cumplir en el ejercicio de sus cargos en el CNE.

    Defender y esgrimir lo indefendible, aun cuando en su yo más interno o en su conciencia cuando reposan sus cabezas en la almohada cada noche, un diablito en el oído les susurre y les alerte sobre la gravedad de las decisiones que han venido tomando en flagrante violación de principios y derechos constitucionales. Imagino que su sueño no será placentero ya que no hay excusas razonables que puedan darle a sus hijos y a todos los venezolanos del porqué de su servil y ciega obediencia y de las gravísimas consecuencias que ello puede traer.

    La señora Lucena, deslució –como siempre- hace varias semanas con una alocución sin sentido, tratando de justificar lapsos y tecnicismos para no llevar a cabo el RR este año y luego, hace unos días ella, junto a las otras damas del CNE, concluyeron totalmente lo contrario al verdadero propósito y espíritu de la norma, contraviniendo y desconociendo la interpretación que del artículo 72 hizo el propio CNE en la última consulta revocatoria. Su brillante y sesgada conclusión es que el 20% de los electores debe contabilizarse por estados, es decir, regionalmente y no nacionalmente, como efectivamente corresponde por tratarse del intento de revocar al Presidente de la República y no a gobernadores o alcaldes, previsto también en el artículo 15 de las Normas para Regular el Procedimiento de Promoción y Solicitud de Referendos Revocatorios.

    Aceptar este exabrupto jurídico sería aceptar, hipotéticamente hablando, que Maduro no sería presidente de aquellos ciudadanos que viven en el o los estados en que no resultó ganador o que simplemente no sería presidente por resultar vencido en uno o más estados. O también sería alegable el hecho de que la solicitud de RR presidencial debió presentarse en cada dirección regional electoral y no directamente ante el CNE en Caracas.

    Por otra parte, tratan por todos los medios de hacer negatorio el RR, jugando con plazos, términos, lapsos, máquinas insuficientes y ubicadas a conveniencia oficialista, tiempo limitado, exponiendo y conduciendo así al país a situaciones y eventos gravísimos ante la evidente violación de los derechos de más del 80% de ciudadanos dispuestos a revocar al Presidente. El artículo 30 de las normas citadas prevé que el RR se llevará a cabo dentro de los 90 días continuos siguientes a su convocatoria. El tiempo da. Si las 4 señoras cumplen con su trabajo, como debe ser, el RR puede realizarse antes del 10-01-2017. Aún tienen tiempo para reencontrarse con la Constitución y el pueblo venezolano, aunque ya la historia las reseñará como la directiva más nefasta con que haya contado el CNE.

  • Incluso, expatriados en su propia patria – Por Luis Barragán

    Incluso, expatriados en su propia patria – Por Luis Barragán

    Caso inédito en toda nuestra historia republicano, el régimen prácticamente ha expulsado a miles de venezolanos que, naturalmente,  buscan la supervivencia que poca o ninguna garantía encuentra en suelo venezolano. Faltando poco, en lugar de asumir tamaña responsabilidad, el gobierno los cubre de muy injustos denuestos y maldiciones.

    Años atrás, suscribimos una sentida nota sobre la novedad de la emigración, la cual tuvimos ocasión de renovar con motivo del reciente debate sobre la difícil situación de los venezolanos en el exterior. Jóvenes y ancianos, suman demasiadas dificultades porque no gozan de las  pensiones, ni de los recursos para el desempeño académico, mediando el CENCOEX que fue objeto de un riguroso examen por las diputadas Sonia Medina y Maribel Guédez, autoras de un sesudo informe que aprobó la plenaria de la Asamblea Nacional, incluso, despuntando una novedad de delitos que desafían al más concienzudo penalista del patio.

    El informe parlamentario busca solventar situaciones muy concretas, importándonos a todos la suerte del compatriota que también se encuentra dentro fuera del territorio físico venezolano, aunque siempre nos comprenderemos en un mismo, generoso  y amplio hábitat espiritual. Empero, la discusión asamblearia actualizó nuestra preocupación por las pretensiones del gobierno que desea, acá, descongestionar lo más pronto posible el descontento, la protesta, el firme testimonio de inconformidad, fragmentándolo, diluyéndolo, disolviéndolo por las mismas necesidades que apremian y dicen imponer su más rigurosa lógica.

    El régimen venezolano, emulando al par caribeño, a lo sumo desea que haya miles de venezolanos en el extranjero que envíen sus remesas a familiares y relacionados, subastando las angustias y el desconcierto. Le importa poco si regresan o no, saboteando aquellas condiciones necesarias y óptimas para propiciar el regreso, como la adopción de un distinto modelo y estrategia de desarrollo, a favor de ese otro e inmoral rentismo.

    Faltando poco, en el mismo suelo venezolano, hay connacionales a los que no cedula siquiera, desconociéndole sus más elementales derechos civiles, a pesar de los anuncios demagógicos que jamás Maduro Moros honra. Alrededor de 70 mil esequibanos – expatriados en su propia patria – urgen del básico documento de identificación, perfilándose así un drama que no cuenta con los grandes titulares de prensa.

    @LuisBarraganJ

  • Obedecer a nuestra conciencia- Por Pedro Urruchurtu

    Obedecer a nuestra conciencia- Por Pedro Urruchurtu

    No deja de sorprender la manera en que ajenos y propios tienden a descalificar a la desobediencia cívica con un “¿con qué se come eso?”. Ciertamente en nuestra Constitución existe el artículo 350, el cual está allí por razones aún confusas, que derivan de su propia ambigüedad y poca precisión a la hora de ser propuesto; pero creer que la desobediencia gira en torno a nuestra Constitución y no a una conducta de la sociedad oprimida aún consciente de ello y dispuesta a responder, es una forma muy vacía de oponerse a algo.

    Si algo aún sigue intacto en parte de la mentalidad de la sociedad venezolana es la figura del Estado paternal. Esa misma figura, alimentada por muchos que creen necesario mantenerla y que ha encontrado su soporte en el populismo y otros grandes vicios históricos, es la que de una forma u otra se convierte en un chantaje que apunta a la pasividad y obediencia del que da todo a los demás. Sí, se inculcó una especie de ritual y honor a ese “Estado papá” al que, como todo padre, nadie puede rebelarse o siquiera alzar la voz porque castiga. Así es como nuestros males se han podido mantener perennes en el discurso y acción política de muchos, derivando en clientelismo y pérdida de autonomía individual y conciencia sobre la acción de los gobiernos.

    Pero eso también provocó una ciudadanía pasiva, arrinconada a la mera agenda electoral, en la que la genuina expresión de todos exclusivamente es un voto –y eso no está mal–, pero nada más. Esa reducción de nuestros deberes ciudadanos –insisto, compensada con un populismo que lo único que nos enseñó fue a extender la mano para recibir– nos ha llevado a creer que hacer algo más que votar es un desafío a la autoridad y una especie de rebeldía que, además de condenada, debe ser castigada.

    De manera que hicieron de las personas solamente votos e hicieron de los derechos concesiones de buena conducta y no un ejercicio de coraje y conquista. Esa manera de correr la arruga y sumergirnos en la falsa idea de la prosperidad otorgada y no de la libertad consagrada por nosotros mismos –que es la que nos abre las puertas a todo lo demás– nos hizo aprender de la peor manera que confiarse de lo conquistado en el pasado no es garantía de su perdurabilidad si no se lucha todos los días.

    Y digo que aprendimos porque ya la gente hoy no aguanta más. El hambre, la miseria y el dolor de sufrir la peor crisis de todas, resumida en muerte, abandono y tristeza, ha hecho que la gente entienda la urgencia de cambiar las cosas cuanto antes. La gente está pidiendo más, quiere hacer más y quiere salir de este abismo en el que nos hunden día a día. Lo que es inaceptable es quienes conducen la alternativa democrática del país no lo entiendan –evadiéndolo o poniéndole otros nombres– y se desconecten de lo que ya es un clamor nacional.

    Desobedecer no es delinquir; tampoco es violencia o caos. Desobedecer es desafiar a quienes se creen dueños del poder absoluto, aún sostenidos por la nada, y hacerles entender que somos nosotros, presionándoles, quienes queremos que se vayan y que estamos dispuestos a lograrlo. Las mujeres de Ureña son un ejemplo de desobediencia, al traspasar las barreras militares para buscar comida para sus hijos. También es desobediencia que una comunidad como la de Villa Rosa haga correr y huir a un tirano con un utensilio que, en lugar de tener comida, lo que tiene es hambre y desesperación: una olla. De igual forma desobedecen los manifestantes que traspasan cordones de seguridad para seguir avanzando porque es su derecho protestar pacíficamente. Y así, hay muchas maneras de desafiar al poder, sin violencia pero con contundencia. Sin pasividad, pero con efectividad.

    Por ejemplo, si las trabas para hacer el Revocatorio con el Consejo Nacional Electoral (CNE) son cada vez más absurdas, demostrémosles que nosotros podemos organizarlo sin ellos. Estar en la calle, hacer presión y acompañar las demandas ciudadanas con una conducción coherente, sensata y valiente, pero sobre todo que hable con la verdad, es lo único que podrá hacer sentir al régimen que tienen que irse en 2016. Hay muchas formas de proceder, con contundencia, sin ser pasivos ni violentos, pero siempre firmes en nuestros valores y convicciones.

    Hacer lo correcto siempre será lo que dictamine nuestro proceder y en este caso no es precisamente ayudar a quienes destruyeron nuestro país para que salgan airosos. Como ya lo he dicho, la convicción moral es el único terreno en el que quienes gobiernan a Venezuela no pueden competir porque sencillamente todas sus acciones carecen de ello. Es momento de entender el momento que vivimos, de acompañar lo que la gente pide y quiere; es momento de alzar la voz y hacer lo que hay que hacer: obedecer a nuestra conciencia.

    @Urruchurtu

  • Desobediencia Civil como expresión ciudadana – Por Vanessa Porras



    Desobediencia Civil como expresión ciudadana – Por Vanessa Porras



    Cuando me preguntan qué es desobediencia civil, suelo referirme a aquella a la que se refería el escritor y filósofo estadounidense Henry David Thoreau: la resistencia pacífica a las exigencias y mandatos del poder establecido. Según Thoreau, la autoridad del gobierno puede llegar a convertirse en una autoridad impura cuando no cuenta con la aprobación de sus gobernados.

    Para decirlo más claro: el nivel de legitimidad de un gobierno dependería de la aprobación de aquellos a quienes pretende gobernar. Desobedecer a un gobierno que no aprobamos es un derecho ciudadano. Eso es la desobediencia civil.

    En Venezuela, no podemos sino ser desobedientes ante un gobierno que viola sistemáticamente los derechos humanos de sus gobernados y que pone en práctica políticas avaladas por casi todos los poderes públicos para limitar la libertad de los ciudadanos. Cuando somos gobernados por un régimen que no puede ya sino calificarse como dictatorial, resulta entonces un derecho legítimo que los gobernados desobedezcan.

    Pero, ¿funciona la desobediencia civil ante un Estado todopoderoso? ¿Puede ejercerse la desobediencia civil pacíficamente? A pesar de lo que muchos creen, la desobediencia civil es un modo antebellum de protesta. Es decir, no violento. A Ghandi le funcionó y ante el imperio más poderoso que ha conocido la historia moderna, el imperio británico. La marcha de la sal en 1930 sirvió a Gandhi para poner en práctica la protesta no violenta.

    Luego Martin Luther King haría suya la práctica de Gandhi en la lucha por los derechos civiles para la población afroamericana de los EEUU. King lideraría un boicot contra los autobuses en la ciudad de Montgomery y Rosa Parks, una sencilla mujer negra de Alabama, se negó a ceder su puesto a una persona blanca en un autobús. Sin violencia, fijó una posición de absoluta desobediencia civil ante unas leyes injustas. Acciones sencillas. Contundentes, pero sencillas.

    ¿Cómo entonces podemos poner en práctica esa desobediencia civil de manera eficaz y categórica como medio de acción política? La clave está en la organización y en la claridad de los objetivos. No se trata de provocar enfrentamientos violentos, porque la violencia no es el camino. Se trata de entender que estamos ante un régimen dictatorial que no saldrá sin una fuerte presión ciudadana.

    Todos los ciudadanos deseamos una salida democrática, por vías constitucionales. El gobierno hará todo lo posible para que esto no sea viable. Solo nuestra madurez, nuestra conciencia política y nuestra confianza en el poder de la ciudadanía, podrá brindarnos esa solidez, claridad, preparación interna y serenidad necesarias para ser civiles desobedientes ante la injusticia, el atropello y la arbitrariedad.

    @Van_Caroline 

  • Desobedecer lo ilegítimo – Por Williams Caballero López

    Desobedecer lo ilegítimo – Por Williams Caballero López

    Es justo desobedecer a lo ilegítimo, es lógico no seguir haciéndole la comparsa a un sistema írrito y viciado.

    María Corina Machado, gracias a su proverbial lucidez política, lo viene diciendo desde hace años. El Gobierno nacional es un régimen totalitario que ha devenido en la más cruel de las dictaduras de nuestra historia.

    María Corina, haciendo uso de esa claridad conceptual y del entendimiento de nuestra realidad política, ha llamado a la rebelión ciudadana y a la desobediencia civil.

    Y no vengan a decirme que la rebelión ciudadana o la desobediencia civil son llamados a la violencia, porque ustedes, que llaman al burlo golpe de Estado del 4 de Febrero de 1992 con la terminología descarada de “rebelión popular”, no tiene moral al respecto.

    Primero, la desobediencia es un tipo de movimiento civilista, pacífico, legítimo y en el caso de Venezuela constitucional, que ha sido empleado en otras naciones con éxitos increíbles.

    Ghandi fue un paladín de la “no violencia” y de la desobediencia ciudadana a tal nivel que hizo, primero temblar y después caer al mismísimo imperio británico, igualmente en Sudáfrica la lucha emprendida por Nelson Mandela tuvo una fase de resistencia civil, que fue al último término la mejor vía para eliminar la segregación racial en la nación africana.

    Existen muchos casos más, pero lo más importante es que en venezolano la Desobediencia civil está estipulada por el basamento constitución, y es que los artículos 333 y 350 de la Carta Magna lo plantean abierta y sistemáticamente.

    Es en este punto donde la vocera nacional de Vente Venezuela ha tenido el tino histórico. Ella vehementemente ha denunciado que el régimen que azota a la nación no posee tintas, ni mucho menos características democráticas y, por el contrario, su faz es plenamente autoritaria y antidemocrática, y frente a esto nosotros tenemos que rebelarnos.

    La desobediencia civil, que puede representarse en pequeños gestos de dignidad ciudadana puede verse como iniciada en el mismo momento que la Unidad Democrática desestimó los reglamentos injustos del Consejo Nacional Electoral (CNE) y aseveró que iba a recolectar el 20% de las firmas por el revocatorio a escala nacional y no con la cortapisa regional.

    Vemos, día con día, como millones de venezolanos constantemente se muestran más enfurecidos con un régimen que no sólo no ha hecho nada para detener la crisis económica, sino que la ha agravado con un saldo moral, política, económico y sobre todo social de pronóstico insospechado.

    La cantidad de venezolanos fallecidos por la carencia de insumos médicos y de tratamientos, el número de bebés, niños y adolescentes desnutridos es cada vez más alarmante, la cifra de la inflación y las consecuencias de esto en la vida de la población es indescriptible.

    Ante esta situación grave, el hecho que el ciudadano se levante y se declare en desacato frente a un sistema injusto es la más clara expresión de justicia y de dignidad.

    ¿Quedarnos de brazos cruzados? Esto sí que no puede ser la vía, ¿seguir haciéndole el juego al régimen? Menos, porque esto sería como traicionar a los venezolanos y traicionarnos a nosotros mismos como individuos, despojarnos de nuestra moral y de nuestros principios, y eso es una imposibilidad.

    @wcaballerolopez

  • Hay 100 razones y 30 millones de motivos – Por Dalysé León

    Hay 100 razones y 30 millones de motivos – Por Dalysé León

    Hoy, los venezolanos utilizamos como una pequeña excusa el aniversario número 2 y el programa número 100 de María Corina Machado para felicitar a nuestra Dama de hierro.

    Más allá de un programa de radio o un aniversario, reconocemos el coraje, la gallardía, la firmeza y la valentía que tiene María Corina para representar a los venezolanos y además enfrentarse a un régimen criminal y dictatorial. Por ello, los venezolanos aprovechamos esta oportunidad para darte las gracias y felicitarte por tan grande esfuerzo.

    Vamos a luchar por todos aquellos venezolanos que día tras día mueren de hambre y mengua, por todos aquellos niños que pierden días de clases por hambre, por todos aquellos neonatos que no han podido conocer la gran belleza de nuestro hermoso país, por todas aquellas madres que día tras día deben escoger entre quedarse con sus hijos o hacer una cola para comer, por todos los adultos mayores que hoy piden a gritos la muerte porque lamentablemente no encuentran sus medicamentos.

    Hoy, hay dos realidades: la nuestra, la de los venezolanos, y la del régimen, que al parecer es una fantasía. Sin embargo, el régimen está muy equivocado si cree que los venezolanos vamos a vivir de su fantasía, nosotros sabemos qué es lo que queremos y sabemos que lo vamos a lograr: un país libre y lleno de prosperidad, eso es hoy lo que aclamamos los venezolanos. Hoy sin miedo decimos: “¡ya basta! Maduro y su régimen se tienen que ir.

    Reiteramos: nuestra lucha es por todos aquellos estudiantes injustamente detenidos por pensar distinto, por todos aquellos presos políticos, por todos aquellos hogares que fueron abandonados por culpa de un régimen que reprime y persigue; por todos aquellos recién nacidos que hoy están adentro de una caja de cartón, en vez de estar en una incubadora; por todos los venezolanos que tuvieron que abandonar su país porque este régimen nos arrebató el futuro.

    Los venezolanos decidimos rebelarnos y nos decidimos por un cambio político real.

    Esta lucha es por todos aquellos militares que están cuidando una cola o reprimiendo a los ciudadanos, en vez de estar resguardando la seguridad de la nación; por todos aquellos estudiantes y jóvenes que han perdido su vida por salir a manifestar, por todas aquellas madres que tuvieron que ver a su hijo partir de esta vida por “órdenes de arriba”, por todas aquellas familias divididas por la política, por aquellos venezolanos que en este momento están revisando la basura en busca de algo que comer.

    ¡Venezuela se rebela, Venezuela se libera!

    Hoy hay 100 razones para luchar por Venezuela, hoy hay 30 millones de venezolanos motivados a hacerlo.

    @Dalyr18

  • ¿Y ahora qué? – Por Miguel Velarde

    ¿Y ahora qué? – Por Miguel Velarde

    Una vez más, los venezolanos tienen más preguntas que certezas. El Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció las peores condiciones posibles para la próxima fase de recolección del 20% de firmas para activar el referendo revocatorio.

    No solamente se dispondrá de solo 5.392 máquinas cuando se habían solicitado más de 19 mil, se contará solo con 1.356 centros electorales de los más de cinco mil que se había pedido, se tendrá un horario reducido de solo 7 horas cada uno de los tres días de recolección, sino que, en clara violación a la Constitución, se deberá alcanzar el 20% en cada estado y no a nivel nacional. Algo que va contra toda lógica cuando el proceso es para revocar a una autoridad que fue electa en todo el país.

    Sin embargo, como tantas otras veces, el ente electoral jugó a favor del gobierno y puso a la oposición en un gran dilema: ¿se debe aceptar unas condiciones que, además de injustas, crea el ambiente para que ni siquiera se logre activar el revocatorio?

    En medio de este debate, estamos perdiendo el foco sobre lo verdaderamente importante que va más allá de las reglas: el CNE también anunció que de acuerdo a sus fechas, el referendo se realizaría “a mediados del primer trimestre del próximo año”. Eso quiere decir que, como varias veces lo hemos repetido, si el referendo es en 2017, es un fraude, porque incluso en caso de ganar la oposición, quien elige al próximo presidente es Nicolás Maduro, ya que se quedaría a terminar el mandato quién en ese momento esté ejerciendo como vicepresidente.

    No queda duda de que no solo la oposición, sino también la gran mayoría de la población, está en una encrucijada. Nuestra situación es incluso peor hoy debido a que, por inexplicables razones, la MUD decidió apostar todo al revocatorio, cuando a principios de año se había comprometido a trabajar en las cuatro vías constitucionales para lograr el cambio político: la renuncia, el referendo revocatorio, la enmienda y la Constituyente.

    Además, la reacción de la dirigencia opositora fue extremadamente lenta, declarándose en “sesión permanente” e informando que recién se anunciarán las acciones concretas a seguir esta semana, varios días después del anuncio del CNE y en una coyuntura en la que si algo nos es escaso, es el tiempo. Incluso da la sensación de que la MUD no estaba preparada para un escenario como éste. ¿Esperaban acaso algo diferente de este CNE?

    El camino que queda por delante es incierto, pero seguramente tendrá obstáculos peores de los que ya hemos enfrentado. La lucha opositora debe darse en varios niveles: en el internacional, manteniendo la presión para que el mecanismo de la aplicación de la Carta Democrática se acelere; en lo institucional, exigiendo a la Asamblea Nacional que sea mucho más firme en su confrontación con el régimen; y en lo ciudadano, organizando y activando a los millones de venezolanos que no solamente quieren un cambio, sino que lo necesitan desesperadamente.

    Entre los muchos errores que la MUD ha cometido, uno ha sido el peor: dejar que cuatro partidos secuestren la toma de decisiones de esa organización intentando imponerlas sobre los demás actores políticos. Una crisis como la actual debería ser suficiente incentivo como para ampliar la Unidad y que un frente inclusivo de liderazgos diversos sea el que guíe a millones de venezolanos que en esta hora todavía se preguntan:

    ¿Y ahora qué?

    @MiguelVelarde