Venezuela se ha convertido o
han querido convertirla en un gran «nosotros» cuando la realidad es
que somos cerca de treinta millones de «yo». Puede que suene egoísta,
y se debe a esa enseñanza que nos dan a todos, es producto de aquella frase que
todos hemos escuchado «debes pensar primero en los demás, porque si
piensas en ti, eres egoísta» y realmente, nada más alejado de la verdad.
En nuestro mapa, hemos visto y
escuchado como algún trillado grita a los cuatro vientos que ya no se pertenece
a sí mismo, que es del pueblo, de los millones de venezolanos, también lo
escuchamos decir «Chávez somos todos», intentando así robar la
identidad de cada uno de los ciudadanos, arropándolos bajo un gran
«nosotros» y quien no estuviese dentro de esa locura, era un ergotista
que no pensaba en la patria.
En la novela de Aynd Rand
«Himno», podemos ver un relato corto pero que deja claras muchas
posturas que hace ver las costuras del «nosotros» que quieren
vendernos como bueno y la realidad e importancia del «yo» que tanto
han querido vender como malo. En las primeras páginas de esta obra podemos leer
“Nosotros no somos nada. La humanidad lo
es todo. Nuestros hermanos nos permiten vivir nuestras vidas. Existimos por
ellos, al lado de ellos y para ellos que son el Estado. Amén”, y se asemeja
tanto a algunas frases de las que he escuchado en algún mitin político de
quienes hoy pretenden hundirnos en la miseria del «nosotros».
En la obra de Rand se aprecia
la vida en un Estado en el cual no es permitido ni siquiera pensar de forma
individual, porque eso te hace diferente, y si eres diferente puedes ser mejor,
lo cual está prohibido porque todos deben ser «iguales», tengamos en
cuenta que la igualdad solo es posible ante la ley. Igualdad 7-2521, nombre del
personaje que narra la historia, a medida que avanza se va dando cuenta de lo
miserable que está siendo su vida, y la de sus compañeros, justo como nos hemos
dado cuenta de que estamos sumergidos en un gran colectivismo que acabo con una
República entera.
Es claro que los regímenes
colectivistas intentan siempre acabar con todas las libertades, menospreciar la
individualidad y Venezuela no es la excepción a esta regla, pero tal como
podemos observar en la obra, y como me dijo un profesor una vez «Tu
libertad mental es lo único que jamás podrá quitarte, no importa el esfuerzo
que hagan, tu mente es tuya, y es impenetrable».
Uno de los momentos de la
novela que más me atrajo es el momento en el que por primera vez el personaje
principal por primera vez obtiene algo gracias a su esfuerzo propio y no
otorgado por un estado paternalista, y así lo narra: «Nos detuvimos cuando sentimos hambre. Vimos pájaros sobre las
ramas de los árboles y otros que volaban muy cerca de nosotros. Recogimos una
piedra y lanzamos. El pájaro cayó a nuestros pies. Encendimos un fuego, lo
asamos y nos lo comimos y ninguna comida había tenido mejor sabor para
nosotros. Y pensamos que encontrábamos una gran satisfacción en el alimento
conseguimos con nuestras propias manos. Y deseamos tener hambre de nuevo,
pronto, para poder volver a sentir este nuevo y extraño orgullo al comer.»
Tan simple extracto nos permite divisar la importancia, y la necesidad de
obtener nuestros bienes, comida y cualquier objeto en general tras nuestro
esfuerzo y jamás por una dádiva del estado, bastante alejado de la realidad que
hoy vive Venezuela, donde es el Estado quien reparte a su conveniencia.
Cerca del final de la obra,
nuestro personaje principal, hoy semejante a los venezolanos que se esfuerzan
cada día por romper la opresión parece descubrir la importancia del
«Yo», la necesidad de una identidad propia, de saberse importante no
para un grupo o sociedad, sino para sí mismo, para sus proyectos, metas e
intereses, es cuando parece descubrir tres palabras que decide adoptar como
sagradas “¡Yo lo haré!”
Venezuela vive un momento
crucial y es el momento ideal para que
como venezolanos, cada uno descubra su rol y la importancia que debe tener en
la historia del mapa que lo vio nacer. No podemos ser un gran
«nosotros» que camina hacia el abismo sin detenerse a pensar, debemos
dejar de pensar en «nosotros» y pensar en «yo», solo así
tendremos un país lleno de oportunidades donde cada uno pueda desarrollarse en
la medida de sus posibilidades sin sentir vergüenza por ser mejor que cualquier
otro en el ámbito en el que se desarrolle. Solo la ambición personal y las
ganas de superación levantan grandes proyectos, los grandes países están
construidos sobre la mejora constante de sus ciudadanos, y jamás sobre el
colectivismo que promueve una igualdad imposible.
Los venezolanos debemos ser
los mayores enemigos del gran «nosotros» que nos fue vendido, debemos
recuperar la individualidad y la importancia de cada ciudadano por encima del
colectivismo.