Autor: Claudia Macero

  • Diputada opositora venezolana: «La comunidad internacional sabe que es un Gobierno ilegitimo»

    Diputada opositora venezolana: «La comunidad internacional sabe que es un Gobierno ilegitimo»

    La parlamentaria entregó más detalles sobre el actual momento que esta viviendo Venezuela.

    En entrevista con CNN Chile, la Diputada opositora venezolana, María Corina Machado, analizó el actual momento político que atraviesa el país petrolero, en este corto periodo que lleva al mando del país el presidente Nicolás Maduro.

    Con respecto a la actual situación que están viviendo en el país llanero la parlamentaria indicó que «lo que estamos viviendo en Venezuela es  una situación de represión brutal».

    Además hizo alusión a lo ocurrido en las elecciones presidenciales de abril, donde Machado señaló que «el mundo entero se dio cuenta lo que los venezolanos, la fuerza democrática habíamos insistido durante mucho tiempo[…] Las elecciones fueron robadas por el señor Maduro».

    La diputada opositora, en relación al actuar de los gobiernos latinoamericanos con la oposición venezolana señaló sentirse «decepcionada por los Gobiernos, no por los pueblos y definitivamente no por los parlamentos».

    Finalmente María Corína Machado señaló que seguirán con su actual postura, como oposición pese a que la comunidad internacional haya reconocido a Nicolás Maduro como presidente. Además agregó que «la comunidad internacional sabe que es un Gobierno ilegitimo».

  • En Venezuela está naciendo una rebelión democrática – Fernando Mires

    En Venezuela está naciendo una rebelión democrática – Fernando Mires

    Con la sensibilidad que tienen los grandes escritores, algunas veces los analistas, y casi nunca los políticos, al escribir un artículo bajo el título «La larga muerte del chavismo», detectó Mario Vargas Llosa el momento por el cual atraviesa Venezuela. Como sucede con las bestias, aduce Vargas Llosa, la agonía de un régimen se caracteriza por agresiones furiosas. Son las que  precisamente ha venido mostrando Nicolás Maduro desde que asumió su impugnada presidencia.
    En cualquier país cuando un gobierno es elegido con magra mayoría, éste busca asegurar su estabilidad abriéndose al dialogo. Pero el gobierno de Maduro no es normal. La propia autodefinición del régimen como revolucionario lleva al presidente ungido a concebir la política como una suerte de «estado de excepción en permanencia». Gobernar, en ese marco, es secundario: lo principal es la conquista o por lo menos, la conservación del poder. Pero aún así. Si como demócrata Maduro ha mostrado deficiencias, como revolucionario es simplemente una catástrofe.
    Todos los grandes revolucionarios antes de lanzar una ofensiva, acumulan fuerzas, conquistan a la mayoría, aseguran su legitimidad, y solo después, asaltan el poder. Así ocurrió con Lenin («un paso atrás dos pasos adelante») Mao y el mismo Castro.
    Maduro en cambio, con destacamentos políticos diezmados, sin legitimación y sobre todo, sin ideas, ha lanzado una ofensiva final intentando realizar con la fuerza lo que no pudo alcanzar con votos. Razón de más para pensar que lo que está buscando no es una revolución sino algo distinto. Digámoslo abiertamente: todo parece indicar que Maduro se encamina a crear condiciones para un lento golpe de Estado cuyo objetivo es asegurar su permanencia y la de su grupo en el poder. Esa es la razón por la cual el gobierno de Maduro da muestras de prematura descomposición. Nació descompuesto y por lo mismo utiliza un lenguaje descompuesto.
    No me refiero a la incongruencia sintáxica, ni a la mitomanía necrológica, ni siquiera a la indecencia verbal heredada del presidente que murió. Es que el hombre no habla, simplemente vocifera. Y por si fuera poco, mintiendo y mintiendo da muestras de incontenible pánico. Todos los días alguien lo quiere asesinar, ve complots hasta debajo de su cama y por supuesto, nunca entrega  prueba de nada. ¿Paranoia? ¿O hay detrás un cálculo orientado a destruir la vida política y reemplazarla por una sociedad en estado de sitio?  Hay indicios.
    Diosdado,  «hermano menor» de Maduro, ya intentó al menos destruir a la Asamblea Nacional, es decir, dar un golpe de Estado dentro del Estado.
    Muy cuartelero será Cabello, pero seguramente sabe que impedir hablar a la oposición en un parlamento es lo mismo que impedir a los fieles rezar en una iglesia. Y pese a ser un dechado de la antipolítica, Cabello también debe saber que el parlamento no es el lugar para que los salvajes den curso libre a sus instintos.
    Del mismo modo, muy demagogo será Maduro, pero cuando llama al «parlamento de calle» debe saber que desde los romanos, en toda nación civilizada la calle ha sido el lugar del tránsito, del mercado, de las demostraciones y del paseo, pero no del parlamento que es el lugar donde nacen las leyes. También debe saber, al arrastrar a los militares a las calles bajo pretexto de combatir la delincuencia, que sólo en los países que han sufrido golpes de Estado las calles se llenan de militares asumiendo tareas que deben ser asignadas a la policía.
    La verdad, si uno analiza lo que sucede en la Venezuela de Maduro, lo ocurrido en la Honduras de Zelaya y en el Paraguay de Lugo, fueron tímidos «golpecitos». La gran diferencia es que mientras en estos dos últimos casos el parlamento terminó «golpeando» al gobierno, en el caso  Maduro, el gobierno comenzó «golpeando» al parlamento.
    En el contexto mencionado Vargas Llosa piensa que el chavismo ha llegado a su momento terminal. Cierto o no, hay que coincidir en que el chavismo, como toda unidad orgánica, está sujeto a un proceso de desarrollo que avanza desde su nacimiento a su fin. Ahora, en el curso de ese proceso, el chavismo ha recorrido ya por lo menos tres fases. Así, podemos hablar del chavismo como movimiento social, del chavismo como ejercicio autocrático de gobierno y del chavismo como Estado.
    De acuerdo a la primera fase, Chávez llegó al gobierno como líder de un enorme movimiento social con fuerte presencia de sectores subalternos no representados simbólicamente es las esferas del poder.
    En su segunda fase, convertido el chavismo en gobierno, tuvo lugar vía misiones y concejos comunales una estatización paulatina del movimiento social originario. Preocupación  central de Chávez fue mantener vivo el vínculo entre la instancia movimientista con la estatal. El mismo Chávez actuaba como líder social y como representación del Estado al mismo tiempo. Bajo esas condiciones su figura adquirió una autonomía casi absoluta.
    Mas todavía. Si Chávez frente a la nación actuaba como autócrata, al interior del chavismo fue un dictador. La palabra de Chávez, por más disparatada que hubiera sido era, quizás todavía es, para el PSUV, la Ley. Chávez estaba según sus seguidores no en contra sino por sobre la Ley.
    En una tercera fase, y en el marco determinado por la anomalía política descrita, los seguidores inmediatos del líder lograron constituir una cúpula desde la cual tejieron una larga relación de poderes verticalizados, todos convergentes con la cima estatal donde actuaba el caudillo. Nació así una suerte de «nomenklatura» a la venezolana, oligarquía estatal que se prolongó hasta en los rincones más lejanos del territorio.
    El poder del chavismo llegó así a ser social, económico, político y militar. Social, porque mantenía atadas al Estado las organizaciones sociales creadas por el propio régimen. Económico, porque mediante el control de la renta petrolera el gobierno se convirtió en el capitalista más poderoso de la nación. Política, porque en su forma de Estado, el chavismo secuestró  a todos los poderes públicos. Y militar, porque Chávez mediante prebendas y  presiones, logró convertir a las fuerzas armadas en una instancia pretoriana ligada a su persona y no a la Constitución. Y bien, todo ese orden, como si fuera un sistema solar, giraba en torno a un sol. El sol era Chávez.
    Después de la muerte de Chávez, para proseguir con el símil, los diversos planetas continuaron existiendo, pero sin eje de rotación.
    Esa es la razón por la cual Maduro al no ser un líder social tiene serios problemas para ejercer como autócrata político, o si se quiere, es un autócrata sin fuerza social. De ahí su descontrol, su desesperación, su aparente locura.
    Ya en las elecciones del 14.04 quedó demostrado que el capital político acumulado por Chávez al ser monopólico no era traspasable.
    Después de pocos días de gobierno, Maduro no se encuentra ni se encontrará en condiciones de recuperar el poder social perdido. Como autócrata nunca será un mediador entre movimiento social y Estado como fue Chávez. Por consiguiente, no es errado suponer que el carácter represivo del chavismo crecerá en la misma proporción en que decrece su carácter movimientista. De este modo -es lo que captó la fina intuición de Vargas Llosa- el destino de Maduro está sellado. No pasará a la historia ni como revolucionario ni como líder. Todo lo contrario, a Maduro le está reservado el rol de sepulturero del chavismo. Si será, además, el primer dictador post-chavista, nadie lo puede saber, ni siquiera el mismo.
    No obstante, y a pesar de todo, una buena noticia ha llegado a Venezuela. La muerte del chavismo no arrastrará consigo a la nación, ni tampoco surgirá un estado de descomposición social y política (lo que los expertos llaman «anomia») Pues, paralelamente al descenso del chavismo, asciende en Venezuela una alternativa que trasciende a la oposición y a su propio líder, Capriles. Me refiero a la emergencia de una rebelión política, constitucionalista, pacífica, social  y nacional a la vez.
    La rebelión democrática de Venezuela comenzó a tomar forma durante el proceso electoral que culminó con la precaria y dudosa victoria de Maduro. Porque justo en los momentos que siguieron a los masivos funerales, cuando nadie daba un centavo por la oposición, cuando  todas las encuestas daban por ganador absoluto al «hijo de su padre», Capriles, en uno de esos momentos épicos de sintonía y conexión que milagrean a través de la historia, se convirtió no sólo en candidato sino en impulsor de un tsunami democrático y popular.
    Junto con el muy cuestionado triunfo del candidato chavista, ha nacido un movimiento social en su magnitud muy similar al que llevó a Chávez al poder. Ese movimiento, electoral en sus orígenes, ha pasado a transformarse después de la negativa del CNE a destapar el fraude y de las agresiones cometidas por el gobierno en contra de opositores, en una ola de indignación que recorre a la nación entera. Todos los signos lo indican: ha nacido en Venezuela una rebelión democrática.
    Sin embargo, a diferencia de las grandes rebeliones históricas que ponen en juego el orden institucional de una nación, la que ha nacido en Venezuela plantea la defensa de las instituciones públicas avasalladas desde el Estado. Es por eso que el que dirige Capriles es un movimiento, antes que nada, constitucionalista.
    La disidencia y la oposición venezolana no exige, como el chavismo, un nuevo orden mundial. Exige sí que se respete el orden político nacional. Ese es el motivo por el cual la MUD y Capriles, a despecho de unos pocos  exaltados, han exigido a los suyos el más irrestricto respeto a las vías constitucionales y legales.
    ¿Cuál es el sentido de que Capriles recurra al CNE y después al Tribunal Superior de Justicia si todo el mundo sabe que ambas son instituciones controladas por el chavismo? Esa, esa es precisamente la razón. Al exigir Capriles al CNE que realice auditorías correctas, la oposición no desconoce, por el contrario, reconoce a la institución. El CNE en cambio, al seguir orden de gobierno y negar las auditorías, se desconoce a sí mismo como instancia constitucional. Lo mismo puede ocurrir al TSJ a cuyos magistrados Capriles les tiende la mano, brindándoles incluso la oportunidad para que de una vez por todas se reivindiquen frente a la nación. Los jueces podrán aceptar esa mano o no. Pero si no lo hacen, Capriles tendrá a su lado no sólo la legitimidad, sino, además, la legalidad. Y a una rebelión mayoritaria, legítima y legal a la vez, nunca la ha parado nadie.
    Precisamente el carácter constitucionalista de la rebelión democrática indica por qué Capriles y la MUD han renunciado enfáticamente al ejercicio de la violencia.
    Ellos saben que en un clima de violencia, un gobierno como el de Maduro, apoyado en la legitimidad de las armas pero no en las armas de la legitimidad, sólo puede obtener ventajas. Quizás eso explica la incontenible violencia verbal y fáctica que caracteriza a Maduro y a Cabello. Por lo demás, todo el país lo sabe: no es la oposición la que anda golpeando en las puertas de los cuarteles, sino el mismo gobierno.
    La rebelión democrática venezolana, al haber elegido la vía de la no violencia, no es un caso aislado. Por el contrario, se inscribe en una tradición de rebeliones triunfantes realizadas por medios pacíficos desde fines del siglo XX hasta nuestros días.
    Las rebeliones que pusieron fin al comunismo soviético en la URSS y Europa del Este, con la excepción de Rumania, tuvieron todas un carácter pacífico. Las rebeliones antidictatoriales que tuvieron lugar en Argentina, en Chile y en el Uruguay, fueron, como hoy ocurre con la venezolana, pacíficas y constitucionalistas. Incluso las dos rebeliones más exitosas de la «primavera árabe», la tunecina y la egipcia, fueron gestadas en el marco de una oposición predominantemente pacífica. Gadafi en Libia convirtió, en cambio, la rebelión pacífica en guerra civil; y la perdió. Assad hizo lo mismo en Siria y también, tarde o temprano, la perderá.
    La violencia es el recurso de los que no tienen o han perdido el poder político. Quien tiene el poder escribió Hannah Arendt, no precisa de la violencia. El poder político a la vez, contiene otros tres poderes. El de la mayoría, el de la legitimidad y el de la legalidad. Esos tres poderes ya se encuentran en las manos de la oposición venezolana. Chávez, preciso es decirlo, no dejó ningún testamento.
    Adelaida, la hija del Che, no sé si tiene otro mérito, declaró que el venezolano es un pueblo ignorante, aún no preparado cultural y políticamente para asumir el inmenso legado de Chávez. Al leer tamaño disparate no pude sino recordar al gran Bertold Brecht.
    Cuando la dictadura comunista de la RDA, después de los luctuosos sucesos que dejó detrás de sí la rebelión popular del 17 de junio de 1953, distribuyó volantes en los que se decía que el gobierno había perdido la confianza en el pueblo, Brecht entonces escribió “¿no sería en ese caso más conveniente que el gobierno disolviera al pueblo y eligiera a otro?».
    Raúl, Nicolás y Diosdado van a tener también que buscarse otro pueblo. El venezolano les salió muy bravo, demasiado arrecho.

     

  • Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco

    Tiempo de palabra – Por Carlos Blanco

    (In) Cierto viraje
    Papel toilet y harina precocida son nuestras primeras necesidades.

    La crisis nacional es fundamentalmente una crisis de gobernabilidad. Maduro no puede con la múcura que ya está en el suelo, vuelta guiso. Nadie podía imaginar que un régimen se tambalearía por la carencia de papel toilet, pero ocurre en la Capitanía General de Venezuela y Emparan está a un tris de surmenage.

    Desatender la provisión de productos básicos es inflamable. Se necesitan 50 años de opresión para acostumbrarse a no comer arepas; no usar jabón, pasta dental, y papel toilet. Estas circunstancias no solo tienen impacto electoral, como se observó en el deterioro de la votación chavista del 14A, apenas compensada con el descarado fraude, sino que promueven la combustión interna de una sociedad cansada. Sin predecir caracazos que por su propia naturaleza son impredecibles, la situación actual tiene el tufillo aciago de finales de los 80 cuando la inflación y las escaseces trituraban la fe y la esperanza en el sistema político.

    LOS DESAFÍOS DE MADURO.

    Nicolás tiene varios desafíos simultáneos. Uno muy grave es el que deriva de su ilegitimidad. Se ha instalado la percepción nacional e internacional que ganó «with a little (and illegal) help from (his) friends», ayuda tortuosa, abusiva y fraudulenta. El segundo desafío es que su afirmación como Presidente depende paradójicamente de que logre romper con la herencia de Chávez ahora transformada en pesada lápida: ser Chávez, «hijo» de Chávez o su muchacho de mandado no es buena carta de presentación; entre otras razones porque el Comandante dejó un desastre brutal e inmanejable. El tercer desafío es el que deriva de la guerra que con patrióticas bayonetas desarrolla la sargentería bolivariana; Maduro y Diosdado, Ramírez y Jaua, son antagonistas; se hablan entre sí, pero sus huestes se pelean sin cuartel. El cuarto es que siempre acomodarse a obedecer impide aprender a mandar.

    De esos desafíos se derivan los objetivos actuales de Maduro: ganar legitimidad de hecho por la vía de lograr entendimientos progresivos dentro y fuera del país; cambiar las políticas esenciales de Chávez en materias sensibles: orientación económica, seguridad y clima político; y finalmente, con «nuevos mejores amigos» imponerse sobre sus competidores dentro de la revolución. Esto es lo que procura y la pregunta es si tiene fuerzas propias para lograrlo, si basta lo que le sugiere José Vicente Rangel o si podrá más el guante retador que diariamente lanza Diosdado Cabello como premeditada provocación.

    LO QUE HACE NM HOY. Las opciones de Maduro mientras esté en la Presidencia, son reducidas pero existen. Lo primero que ha hecho a paso de vencedores es tomar el control de las palancas económicas; amigos cercanos, colaboradores suyos y de familiares, han pasado a ocupar posiciones en estos a veces agrestes pero productivos territorios. En tal aspecto se puede hablar con cierta propiedad del «madurismo» como sustituto del chavismo. Pero no basta estar en la olla, sobre todo si está raspada. Se hace indispensable intentar una alianza con el sector productivo nacional sobreviviente, de lo cual Polar es empresa emblemática.

    La alianza que propone el Gobierno a los empresarios es muy clara: trabajen, produzcan, yo les digo cómo y a dónde dirigen la producción, y no se metan en «política». Hay cuatro respuestas posibles del empresariado. La primera, como la de Marcel Granier y pocos más: no me la calo y hago lo que la gente libre hace con lo que tiene y lo que dirige. La segunda, la representan otros y el más reciente es Guillermo Zuloaga con Globovisión: he dado una lucha pero si yo sigo, la empresa quiebra o se cierra, y los trabajadores sufren. La tercera, la que aparentemente escogió Lorenzo Mendoza: yo hago lo que sé hacer, no me molesten en mi actividad y yo no me meto en política porque no es mi oficio. La cuarta, la de los boliburgueses y bolichicos (Juan Carlos Zapata dixit) que se zambullen en sus piscinas de oro y hacen política de la rica, de la que tiene a los chavistas como «compañeros de ruta», como «tontos útiles» en una compleja situación en la que no se sabe por dónde andan los verdaderos tontos.

    Una alianza como esta es promovida por Nicolás y los sectores que controla. No es de extrañar que los cubanos, pragmáticos como son en mantener el flujo de viandas y abalorios desde la Provincia de Caracas, acompañen un aflojamiento con los empresarios -en determinadas condiciones- e intenten apretar más duro en contra de la dirección política opositora o intenten dividirla, al negociar con unos y arremeter contra los que se resistan a cesar la denuncia de ilegitimidad del Gobierno.

    Las condiciones políticas a los empresarios se colocan con métodos nada sutiles: «tú estás financiando a Capriles»; algún empresario acusado responde: «no; no es cierto» y le riposta el comisario político: «el Sebin te tiene grabado». Esto último puede ser cierto o falso, pero funciona. El resultado es que se le plantea al movimiento empresarial que se le devuelven ciertos derechos económicos a cambio de renunciar a sus derechos políticos. ¿Será este el costo para mantener empresas y empleos en funciones? ¿Hay alternativas? No es fácil decidirlo porque hay distintas racionalidades para abordar este tema, pero este es el tema. Sobrevivir al costo de contribuir a ahogar las fuerzas democráticas es lo que quiere el Gobierno, aunque siempre hay respuestas creativas e inteligentes a estas ratoneras que suelen montar las autocracias.

    LA OPOSICIÓNÉsta es una nueva situación para la oposición a la cual se le va a plantear, por los caminos verdes, negociar con el Gobierno. Esto implicaría serios dilemas, el primero: si se negocia con un gobierno ilegítimo pero en funciones y en control de los escombros del Estado.

    Hasta camaradas como Raúl Castro saben que la oposición venezolana salió políticamente victoriosa del 14A. Las fuerzas democráticas mostraron temple y enfrentaron el fraude; ganaron respetabilidad nacional e internacional, y dejaron al Gobierno como pajarito en grama. La respuesta inicial y brutal de Maduro y Cabello fue la represión abierta, lo que conducía al régimen a un rápido barranco; entonces los cubanos decidieron un viraje, cuya noticia no ha llegado a Diosdado. El mensaje es: ceder en todo menos en lo que ponga en juego el control de las palancas fundamentales del poder.

    Cualquier conversación debería pasar por una agenda; algunos puntos esenciales deberían ser la libertad de los presos políticos, el retorno de los exiliados, un nuevo CNE y la realización de presidenciales limpias. Si fuese posible abrir la discusión sería excelente, aunque me temo que Maduro lo que busca es ganar tiempo porque está mal, y los salvavidas del Titanic no son suficientes.

    Twitter @carlosblancog

  • La muerte de un dictador – Por Miguel Velarde

    La muerte de un dictador – Por Miguel Velarde

    El jueves pasado el exdictador argentino Jorge Rafael Videla no cenó porque se sentía mal. Unas horas después, en la madrugada del viernes, se levantó y se dirigió al baño de una de las celdas del pabellón de la cárcel federal de Marcos Paz, donde cumplía su condena. Fue ahí donde se desplomó y cayó muerto, como un preso más y sin ningún beneficio militar.

    Videla pagaba varias condenas, entre ellas una por el robo de más de 400 bebés que nacieron durante su dictadura y que fueron entregados a militares o personas vinculadas al régimen. El exdictador, junto a la cúpula militar que lo había acompañado entre 1976 y 1981 en la más sangrienta dictadura argentina, también fue responsable de la desaparición de más de 30.000 personas. Muchas de ellas, luego de haber sido torturadas, fueron arrojadas vivas en los llamados “vuelos de la muerte” al Río de la Plata o al mar Argentino. Muchos otros fueron fusilados y miles más tuvieron que exiliarse o fueron secuestrados.

    En 1985, después de un juicio impulsado por el entonces presidente Raúl Alfonsín, Videla y sus compañeros de tiranía fueron condenados a cadena perpetua. Sin embargo, en 1990 y con la llegada del peronista Carlos Menem a la presidencia de Argentina –quien había permanecido años preso durante la dictadura- se indultó a Videla, a los otros militares condenados y también a los jefes guerrilleros de los años 70. Unos pocos años después, debido a que este tipo de crímenes no prescriben por considerarse de lesa humanidad, el juez español Baltazar Garzón reanudó las investigaciones contra Videla  en España. En 2003, al llegar Néstor Kirchner al poder, se impulsó la declaración de inconstitucionalidad de los indultos de Menem y fue así como, en 2010, el exdictador regresó nuevamente a prisión, esta vez hasta el día de su muerte.

    Videla nunca se arrepintió de nada. Dos días antes de morir, tomó la palabra en otro juicio que se le seguía por el “Plan Cóndor” y se declaró como un “preso político” reivindicando todo lo que hizo.

    Muchos aún recuerdan el momento en el que, luego de la final del Mundial de Fútbol organizado en Argentina en 1978, donde el país anfitrión se consagró campeón, un todopoderoso Videla le entregaba la copa al capitán de la selección local. Ese día, la sensación de que Videla sería eterno y nunca pagaría por los crímenes que estaba cometiendo arropaba a la Argentina y al mundo. Esa imagen seguramente dista mucho de la que presenciaron quienes encontraron el cuerpo sin vida del exdictador tendido en el piso de un baño de prisión.

    Así fue la muerte de un dictador. Así es como muere la mayoría de ellos. (Guayoyoenletras.com)

  • «Quisieron callarnos en la Asamblea Nacional  de Venezuela y ahora hablamos en los parlamentos de América Latina»

    «Quisieron callarnos en la Asamblea Nacional de Venezuela y ahora hablamos en los parlamentos de América Latina»

    Lima- Hoy diputados de la Unidad Democrática expresaron ante el Congreso de Perú que “en Venezuela continúa el Golpe al Parlamento”.

    En Lima, la representación venezolana integrada por los diputados Eduardo Gómez Sigala, María Corina Machado y Williams Dávila; el Alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, el ex embajador ante la ONU, Diego Arria y el Secretario General de AD, Henry Ramos Allup  fueron recibidos por las autoridades del Congreso de Perú donde participaron en el Foro Solidaridad  Interparlamentaria: Respeto a la Democracia en los Parlamentos.

    Durante este foro organizado por  el  segundo Vice-presidente del Congreso; Juan Carlos Egure y la Vice-presidente de la Comisión de Política Exterior, Lourdes Alcorta, la diputada María Corina Machado exhorto a los parlamentarios y al pueblo de Perú a apoyar con firmeza la lucha por recuperar la democracia “en estas horas oscuras y cruciales para la democracia en Venezuela tenemos la obligación de reunirnos con todos los sectores demócratas de la región para que alcen su voz por las instituciones y libertad de nuestro país. A los pueblos de América Latina  les decimos :luchamos por la independencia hace 200 años y hoy lo hacemos unidos por la democracia y la libertad” .

    En su discurso Machado pidió a los países signatarios de la Carta Democrática Interamericana que actúen de inmediato ante las agresiones y el golpe a la Constitución; también exigió a los presidentes de Unasur que celebren una nueva reunión de emergencia para analizar la crisis política que afecta a Venezuela .

    La alcadesa de Lima, Susana Villarán, recibió a la representación venezolana. Antonio Ledezma, Alcalde Metropolitano de Caracas explico que el régimen de Nicolás Maduro amenaza constantemente la descentralización  y a todo aquel que piense diferente.

    A esta hora parlamentarios y políticos venezolanos asisten a la reunión de Amigos de Venezuela celebrada en la Plaza Bolívar de Lima.

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  • (Video) Maduro Ilegítimo – Fraude en Venezuela Elecciones Presidenciales 2013

    (Video) Maduro Ilegítimo – Fraude en Venezuela Elecciones Presidenciales 2013

    La historia del bravo pueblo de Venezuela el 14 Abril 2013. ¡Que el mundo la conozca!

     


    Acompáñanos en esta lucha ¡VENTE!

     

  • Machado: Elección en Venezuela fue la más corrupta de nuestra historia

    Machado: Elección en Venezuela fue la más corrupta de nuestra historia

    En RPP Noticias, la diputada venezolana de oposición María Corina Machado denunció la ´compra de complicidades´. Criticó que gobiernos democráticos convaliden al régimen chavista.

    La diputada venezolana de oposición María Corina Machado auguró que «se vienen horas duras» para su país, por lo cual convocó la ayuda de los países latinoamericanos, a fin de poner fin al régimen chavista, ahora liderado por el presidente Nicolás Maduro.

    En RPP Noticias, Machado criticó que en los últimos 14 años de la dictadura en Venezuela, «los gobiernos y jefes de Estado de América Latina no han dado la espalda» y denunció la «compra de complicidades».

    «Es muy doloroso ver cómo en los últimos 14 años, los gobiernos de América Latina nos han dado la espalda, los jefes de Estado se han lavado las manos y nos han dado la espalda, no así los pueblos. Se han comprado conciencias, se ha hecho que países se hagan dependientes de aportes «gratuitos» a cambio de complicidad o apoyo político», sostuvo.

    Machado, quien sufrió agresiones y tuvo que ser internada, tras un enfrentamiento en la Asamblea Nacional venezolana, deploró que algunos países se digan democráticos pero convaliden «un régimen tan peligroso y complejo en sus vinculaciones e intenciones, como el chavista».

    «Se vienen horas muy duras, los necesitamos, necesitamos el apoyo de los latinoamericanos», enfatizó. (RPP)

    Haz click AQUÍ para escuchar la entrevista completa

  • Pdvsa: “Logros” 2012 – Por Eddie A. Ramírez S.

    Pdvsa: “Logros” 2012 – Por Eddie A. Ramírez S.

    El año pasado  Nicaragua no  envió  pantalones a cambio de petróleo. Este es un “logro significativo”, ya que en el  2011Pdvsa aceptó 19.397 pantalones por una cantidad indeterminada de petróleo. Sin embargo, para no perjudicar a Ortega, Pdvsa aceptó aumentos en varios rubros. Así, recibimos  187.014 toneladas   azúcar,  90.090  de café,   14.480  de caraotas, 39.400  de carne y 103.495  de arroz en concha. Por su parte, Guyana nos envió 212.284 toneladas de arroz. En el pasado Venezuela llegó a exportar los rubros que hoy nos cambian por petróleo a un precio que no indica el Informe de Pdvsa ¿Qué pensarán nuestros productores?
    En el 2012  Pdvsa contrató 10.189 nuevos trabajadores, para un total en Venezuela de 122.068. Si asumimos como real la producción de petróleo de 3.034.000 barriles por día, tenemos que cada trabajador produjo 24,8 barriles por día. En caso de aceptar las cifras que reporta la OPEP, esa producción es de apenas 19 barriles por  trabajador por día. Como referencia, en el 2001 en la Pdvsa meritocrática cada trabajador producía   47,1 barriles por día. En el 2011 Pdvsa reconoció que desconocía el grado de instrucción del 25% de su nómina, pero en el 2012 prefirió omitir esa información. En cuanto a  fatalidades reportó 24 fallecidos, citando apenas dos en Amuay, olvidando  los 40 ciudadanos que murieron en el accidente de setiembre y del cual todavía no ha informado los resultados de la investigación.
    En el 2011 Pdvsa suministró a los países que integran   Petrocaribe, el Convenio Integral de Cooperación y el Acuerdo de Cooperación Energética de Caracas un total de 243.500 de barriles por día, mientras que esta cifra descendió a 236.900 barriles por día en el 2012. ¿Falta de capacidad de exportación  o  caída del consumo en esos países?
    El Informe no menciona  la importación de gasolina terminada, que en el 2012 montó a 12.472.000 barriles, según la Oficina de Administración de la Energía de los Estados Unidos. En cuanto a refinación, Pdvsa vendió su participación en  refinerías en Alemania, prefiriendo establecerse en Cuba, Jamaica y República Dominicana. Las tres prometidas para Venezuela hace una década todavía están en pañales y la de Brasil no ha podido materializarse por falta de aporte.
    Otros aspectos del Informe tales como las actividades de exploración, la producción de gas, la deuda, cuentas por pagar y por cobrar han sido analizados por distinguidos periodistas y expertos petroleros. Los resultados están acordes con lo señalado por Rafael Ramírez de que “la política petrolera es nacional, popular y revolucionaria y de  que en Pdvsa solo tienen cabida los rojos-rojitos”. A pesar de este triste panorama, Rafael Ramírez insiste  en  que Pdvsa contribuye a “convertir a Venezuela en un país potencia” ¡Qué ridículo!
    Como en botica: Nuestro reconocimiento a María Fernanda Flores y a Lysber Ramos Sol, ejemplos de mujeres íntegras y capaces que realizaron excelente trabajo en Globovisión. El régimen acabó con Agroisleña y ahora no hay productos químicos. Libertad para Tim Tracy, Antonio Rivero y Víctor Manuel García ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!
    Eddie A. Ramírez S.
  • “El Gobierno actúa como el delincuente que se siente descubierto”

    “El Gobierno actúa como el delincuente que se siente descubierto”

    De María Corina Machado (Caracas, 1967) destacan el coraje para enfrentar al poder bolivariano y una inusual vocación de servidor público. La parlamentaria independiente, divorciada y con tres hijos, ha roto con el destino de dama de sociedad que la vida le tenía reservada para convertirse en una aguerrida dirigente obsesionada con derrotar al chavismo.

    En esa transformación no pocas veces se ha jugado su integridad física. En 2011, cuando aspiraba a hacerse con la candidatura presidencial de la oposición, fue a recorrer las calles de Turmero, una población del Estado de Aragua, en el centro de Venezuela. Allí la esperaban grupos violentos del chavismo que consideraban una afrenta su presencia. Machado ordenó entonces a su equipo y a su escolta que la dejaran conversar con los jefes de la turba que la hostigaba. Fue la primera vez que estuvo a punto de ser agredida. Cayó al piso en medio del revuelo que se formó. Un escolta recibió el golpe de un casco de motorizado que iba dirigido a ella. En otra ocasión pistoleros a sueldo del Gobierno la expulsaron a tiros del barrio 23 de Enero, un enclave del chavismo radical a menos de dos kilómetros del Palacio de Miraflores.

    Pero el viernes 30 de abril no tuvo la misma suerte. Una diputada del Partido Socialista Unido de Venezuela, Nancy Ascencio, le partió el rostro durante una tangana entre diputados del Gobierno y de la oposición. El lunes le retiraron el yeso que usó durante dos semanas para corregir una cuádruple fractura de los huesos de la nariz y la desviación del tabique nasal.

    Desde entonces no se ha vuelto a convocar otra sesión plenaria. El Parlamento venezolano sólo se reúne una vez por semana, los martes, de acuerdo a su reglamento. Tal vez el repudio del país y de la comunidad internacional le ha hecho replantear al chavismo la conveniencia de mostrar tan agresiva cara. Aún persisten las dudas: ¿Qué va a pasar cuando el antichavismo regrese a la escena del crimen? ¿Les permitirán hablar de nuevo? ¿Tendrán los micrófonos instalados en sus escaños? ¿Volverán a presidir las comisiones que encabezaban? “Es muy difícil predecir qué va a pasar”, afirma Machado.

    Pregunta: ¿Han llegado a algún acuerdo con el oficialismo para normalizar el funcionamiento del Parlamento? ¿Van a recuperar el derecho de palabra que les quitó el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello?

    Respuesta: No hemos negociado nada. Mis colegas han planteado seis condiciones para que retorne la normalidad: que el derecho de palabra no se condicione, que haya un equilibrio en los temas planteados en el debate y que no sólo se hable de lo que el oficialismo decida, que se garantice nuestra integridad física, que se nos restituya en la presidencia de las comisiones que teníamos, que se permita el ingreso al hemiciclo de los periodistas de todos los medios del país y que se investigue la agresión de la que fuimos objeto y se castigue a los culpables.

    P. El Parlamento no ha convocado aún a plenaria. ¿Por qué?

    R. Hay toda clase de interpretaciones acerca de lo que ocurre en el interior del gobierno. Incluso todavía se especula el motivo de la agresión que sufrimos: ¿La ordenaron los cubanos, el verdadero poder en Venezuela? ¿Fue una iniciativa de Cabello? ¿Con qué fin? No se han convocado más sesiones porque saben que la Asamblea Nacional ya no será igual. El mundo estará vigilante porque ya sabe de lo que ellos son capaces de hacer o han confirmado lo que ya sospechaban. Esa desesperación obedece al resultado de las elecciones del 14 de abril. Este régimen, que se ha sostenido sobre la legitimidad de los procesos electorales, de la noche a la mañana se ha encontrado sin esa legitimidad. Neodictaduras como la venezolana necesitan legitimidad de origen para luego cometer abusos en su desempeño no democrático. Esa farsa se desmontó el 14 de abril. El Gobierno hoy actúa como el delincuente que se siente descubierto y busca con su actitud pendenciera aterrorizar a los demás. Lejos de que esa situación nos desmoralice, ha fortalecido nuestro espíritu de lucha. Por eso están persiguiendo a todos los empleados públicos, interviniendo en sus redes sociales o quitándoles sus teléfonos buscando algún indicio que explique el resultado de las elecciones, o de alguna foto de Henrique Capriles.

    P. ¿Qué Parlamento esperan encontrar?

    R. Nadie puede garantizar qué va a ocurrir. Por lo pronto, lo ocurrido el pasado 30 de abril es una de las derrotas más costosas que ha tenido el régimen. Como venezolana me siento conmovida por las innumerables manifestaciones de afecto recibidas de todas partes del mundo.

    P. ¿Qué pasará cuando vuelva a ver las caras de sus agresores?

    R. Ha sido una experiencia de muchas fases. Poco después de la agresión, cuando ofrecimos la rueda de prensa, yo no sentía ningún dolor. Tal vez era la adrenalina. Cuando pasaron las horas me di cuenta de que era una lesión seria. Me preocupaba llegar a mi casa y verle la cara a mi hija. Ella rompió a llorar al verme. Se abrazaba a si misma porque no podía abrazarme. Viéndola así pensaba cómo harían las personas que nos golpearon para mirar la cara a sus familias. Porque hay que repetir que lo de ese día fue una agresión premeditada, que tenía la intención de destruirnos moralmente. No lo lograron. Yo siento que lo que ocurrió cohesionó a la bancada de la oposición, ha hecho que nos relacionemos de otra forma con los electores. Ni el Parlamento venezolano ni nosotros seremos los mismos después del 30 de abril. Cuando vuelva a ver a quienes nos agredieron el reto será no convertir lo que pasó en algo personal. Yo siento que soy otra persona. Me siento serena y tranquila. (El País)

  • Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco

    Tiempo de Palabra – Por Carlos Blanco

    La reconciliación es un proceso largo, duro y complejo. Suráfrica y Chile lo muestran

    Ese pájaro no vuela 
    El camarada Nicolás no logra ser Presidente. Enciende los motores, carretea, toma velocidad, parece que va a despegar, da unos brinquitos y ya cerca del final de la pista, se desploma como una patilla. No se trata de capacidades intelectuales o habilidades políticas sino, como dicen los colombianos, porque le toca. Al camarada le toca hacer ese papelón porque expresa un liderazgo postizo que no cuaja. Madurar con carburo o envuelto en papel periódico es posible, pero siempre sabe a truco.

    Nicolás ha hecho de todo para tratar de que la banda presidencial no se le caiga y para que los soldados de la Casa Militar no lo dejen abandonado al no saber quién es. Inclusive cuando Diosdado o Rafael Ramírez lo llaman «Presidente», lo hacen con una risita -jijijí- que revela la imposibilidad de tomarlo en serio. En el instante que alguien gana unas elecciones, se le nota. Cuando las pierde, también. No hay modo de disimular.

    La oposición venezolana y un tajo importante del chavismo que votó por Maduro saben que Capriles ganó. La cifra es de alrededor de 700 mil votos. Pero, sea la que sea, la victoria democrática es una certeza notoria y comunicacional, que sería notariada si las doñas del CNE abrieran las cajas.

    La oposición decidió no reconocer a Maduro como Presidente. Algún aburrido, de esos que vegetan dentro de taguaras opositoras, dice que eso es imposible, porque no reconocerlo sería algo así como declarar la lucha armada e irse a una guerrilla en El Ávila. No es cierto. Declarar la ilegitimidad de Maduro es denunciar la ilegitimidad de su victoria y de cómo el recurso a la represión policial, militar y judicial, constituye el instrumento para su perpetuación. Imagine por un segundo que un día las tropas de choque de la Guardia Nacional y de la Policía digan: «no reprimimos más a los que protestan en la calle» ; no tardarían seis horas las ciudades y pueblos del país en estar colmados de ciudadanos en protesta pacífica aunque enérgica en contra del chanchullo del cual han sido víctimas. Las cajas se abrirían solas y los votos saldrían como pajaritos blancos, en fila para ser contados.

    Nicolás manda como mandan los dictadores, con elecciones amañadas, con unos jerarcas que explican cómo lo hizo dentro de las «reglas», con alguna solidaridad internacional que depende de arreglos políticos o económicos, y con la fuerza que proporcionan ciertos mandos militares bajo las órdenes de los Castro. Alguien debería explicarle a Nicolás que a los dictadores les prodigan panegíricos, canciones y argumentos que no cambian la realidad, baste recordar aquella canción que se oía en los años 50 en las rocolas de los bares venezolanos hasta el 23 de enero de 1958: «Coronel Marcos Pérez Jiménez/Presidente constitucional/elegido por el pueblo/con orgullo nacional».

    DIÁLOGO, MONÓLOGO Y EPÍLOGO. La única posibilidad que tiene el régimen chavista de sobrevivir históricamente es mediante un entendimiento nacional que obligaría a la «mitad minoritaria» alzada con el Gobierno a reconocer la «mitad mayoritaria» víctima del fraude electoral. Esto significa que las dos partes reconocerían la necesidad de un acuerdo y se establecería una agenda precisa; aunque las deliberaciones fuesen privadas existiría conocimiento público de quiénes y cuándo participarían, y cada parte estaría representada por ciudadanos autorizados, unos por el Gobierno y otros por la oposición. Estos elementos serían indispensables para un diálogo; sin éstos no habría más que una operación de relaciones públicas que los gobiernos ahogados emplean para ganar tiempo y darle tenteallá a sus adversarios.

    Hace poco se reunieron los parlamentarios del Gobierno y los de la oposición para «regularizar la guerra». Eso fue un diálogo sobre un tema específico, con personas autorizadas, con la agenda clara -evitar una nueva golpiza roja- y con resultados conocidos. El Gobierno obtuvo algo: quitarse de encima la acusación de que habían suprimido el Parlamento; y la oposición obtuvo algo: por ahora no más palizas fascistas y mantuvo su posición de «no reconocer» a Maduro. Nadie ganó todo; nadie perdió todo. Eso es diálogo, aunque en ese caso haya sido circunstancial.

    Se sabe que hay personas de la oposición o que pasan por tales que hablan con gente del Gobierno, principalmente con José Vicente Rangel, algún militar multiasoleado y Diosdado Cabello. Quien esto escribe no tiene objeción alguna a quien quiera hablar con quien quiera lo haga. Lo que no puede ocurrir es que tales cordiales happenings pasen por ser un diálogo entre Gobierno y oposición. Entre otras cosas porque el pueblo opositor no lo reconocería como tal. Que eso sirva para encaminar un futuro diálogo abierto, es posible; pero hoy eso no es diálogo.

    LA RECONCILIACIÓN. La reconciliación vendrá en algún momento en Venezuela, pero no depende de almas buenas y caritativas y menos de quienes juegan a ser ángeles guardianes que toman cómoda distancia y se instalan en su Suiza imaginaria en contra «de los radicales de lado y lado»; menos aún en el momento en que la polarización muestra que todos somos radicales y algunos de los más radicales son los moderados de hace poco.

    La reconciliación es un proceso que es duro, largo y complejo. Suráfrica, Chile, Argentina, entre muchos otros países muestran los pasos y tiempos que toma. Requiere despejar los hechos que han conducido a los enfrentamientos y normalmente se encarga esa tarea a personalidades reconocidas en comisiones «de la verdad». Pero lo más importante es que son las víctimas y sus dolientes los que pueden hablar en nombre de los que han sufrido. No puede venir un tercero a actuar en forma independiente, por más buena fe que tenga, en nombre de los sufrientes. Además hay un proceso de reparaciones políticas: así ellos, los escarnecidos que han sobrevivido, existen, son, tienen derechos. Hay reparaciones simbólicas: los gobiernos, los déspotas o sus herederos piden perdón a sus víctimas. Hay reparaciones judiciales: los represores emblemáticos son juzgados. Hay reparaciones pecuniarias: se resarce con ciertas cantidades de dinero a los reprimidos o a sus familiares, como por ejemplo debería ser el caso con la Gente del Petróleo y otros despedidos de sus empleos.

    La reconciliación debe venir de ese hipotético diálogo en el cual la libertad de los presos políticos, el retorno de los exiliados, un nuevo CNE y la realización de elecciones presidenciales limpias serían puntos primordiales.

    El autor de estas notas debe confesar que considera ésta como la salida más honorable pero hoy poco probable. Maduro escogió el camino de la represión; la violencia de su discurso ampara la violencia fascista de sus parlamentarios, guardias, policías y motorizados. ¿Podrá su Cristo Redentor iluminarlo? Si no, ¿podrá Sai Baba? Si no, ¿el pajarito parlanchín?

    www.tiempodepalabra.com

    Twitter @carlosblancog