Del combate cultural – Por Luis Barragán

(Caracas. 23/09/2019) Materia frecuentemente subestimada aunque políticamente temida, el IV Seminario Nacional de Políticas y Gestión Cultural, realizado en la propia UCV, colmada de peligros, colocó un triple acento a la prolongada coyuntura actual. En medio del lento derrumbe de la dictadura no será posible salir de su órbita, por destronada que esté de Miraflores, mientras que sobrevivan los valores, las creencias y las demás condiciones que la hicieron posible sólo ubicándonos nominalmente en otro siglo.

Luego, excepto la tiranía, nadie puede sentirse amenazado por la sola exigencia que se hace de repensar al país, a menos que lo desee como un hecho milagroso, absolutamente gratuito, preferiblemente enlatado al vacío, sin requerir de un mínimo testimonio de fe que lo haga posible. En zafarrancho de combate cívico, quienes hacen e impulsan la cultura en Venezuela, piden igualmente las más arriesgadas trincheras, lejos de las fáciles concesiones que piden y logran otros sectores que tienen por hábito el desprecio hacia la reflexión.

Además, serán descomunales las exigencias de una transición democrática en el ámbito cultural y, yendo más allá de las tradicionales apetencias burocráticas, la definitiva industrialización naranja tendrá por soporte y aval a un sector de la vida nacional que ha logrado sobrevivir al régimen, por lo menos, un poco más intacto en sus potencialidades que los propios partidos y gremios sociales. Valga el ejemplo de la maestría en Políticas y Gestión Cultural de la citada universidad, promotora del seminario en cuestión, con una excelente capacidad de convocatoria, dirigida por Carlos Guzmán y un equipo que amerita de equivalentes en el mundo propiamente político.

Recordamos, conocimos a la comunidad cultural venezolana y también sus contrastantes matices, cuando lidiamos con el otrora Proyecto de Ley Orgánica de Cultura, entre 2011 y 2013, confrontando prácticamente en solitario a la dictadura en la Comisión y en las sesiones correspondientes de la Asamblea Nacional. Afortunadamente, en Noticiero Digital, quedó registrado el testimonio de mucho del esfuerzo realizado por entonces.

El ministro usurpador de Cultura, como no pocos de sus numerosos predecesores, ha contado con la ventaja del desdén generalizado – añadido el propio – sobre la materia y aún no debe haber recibido noticias del extraordinario ejercicio de reflexión efectuado en la temida y, a la vez, despreciada sede universitaria. E, incluso, del mi(ni)sterio mismo poco se sabe, excepto la triunfal gira proselitista de Villegas realizada hace poco por México y de la lidia con los viceministros que no quieren rendirle cuentas, buscando una sustitución a la que se ha negado Maduro Moros, pues, palanqueados, no desea herir susceptibilidades familiares.

@LuisBarraganJ