(Caracas 16.03.26) Hay puertas que se abren con un sonido seco y metálico, pero cuyo eco se escucha mucho más allá de los muros de una cárcel. En Venezuela, ese sonido ha significado en los últimos meses el regreso de decenas de hombres y mujeres a la luz, después de haber pasado meses o años secuestrados por pedir libertad.
Al salir, muchos cargan poco equipaje: algunas cartas, recuerdos difíciles de borrar y el abrazo de familias que resistieron la espera. Pero también traen algo más difícil de medir: la convicción intacta de que la libertad de un país no se construye desde el silencio.
Entre quienes han recuperado la libertad hay dirigentes de Vente Venezuela, jóvenes activistas, madres, trabajadores y estudiantes. Sus historias son distintas, pero al escucharlos aparece un hilo común: ninguno habla solo de su propia liberación. Hablan de un país que todavía espera la suya.
Porque salir de prisión no siempre significa que todo terminó. Muchos siguen bajo procesos judiciales o medidas restrictivas, mientras cientos de personas permanecen aún secuestradas por parte del régimen. Aun así, coinciden en algo que se repite casi como una promesa: vale la pena seguir luchando.
Luchar, dicen, no desde el odio ni la revancha, sino desde la idea sencilla y poderosa de que una transición real solo puede construirse con los ciudadanos. Con sus voces, sus heridas y su esperanza. Y, eso sí, con justicia.
Este reportaje reúne algunas de esas voces. Historias de cárcel y de resistencia, de miedo y de dignidad. Historias de personas que, incluso después de haber conocido la oscuridad, siguen apostando por la posibilidad de un país libre.
Gabriel González: “Cuando secuestran a un dirigente, también secuestran a su familia”

Gabriel González es miembro del equipo de prensa de Vente Venezuela. Estuvo más de un año secuestrado por el régimen de Nicolás Maduro. Para él, cuando se secuestra a un dirigente también se secuestra a su familia.
Por eso, al hablar de sus familiares, solo expresa una palabra: perdón. Señaló que saber que la familia también está siendo víctima de la violación de derechos es una de las cosas más difíciles de la situación.
“Perdón porque sabemos el daño o el dolor que causamos a todos los seres queridos por ese proceso. Y sí, ellos sabían claramente de nuestro compromiso y nuestra lucha por el país y tenían conciencia plena de que nuestra lucha era hasta el final y que eso no era un eslogan, que era nuestra nuestra decisión de vida. Pero ellos también se llevaron una parte muy grande del dolor y del sufrimiento que implica tener a un familiar secuestrado”, dijo.
En ese sentido, para González lo que vivió el entorno de María Corina Machado fue una arremetida brutal en todo el territorio nacional. El objetivo, afirmó, era quebrar y desmoralizar a todo aquel que forme parte de su equipo.
Sin embargo, resaltó que no lo lograron:
“Yo cada vez que veo a alguien de todas estas personas que han estado secuestradas durante meses e incluso años y cada vez que uno de ellos sale de las mazmorras del régimen, sale con más fuerza y sale con un mensaje de lucha. Con un mensaje de fuerza y los vemos a las pocas horas y a los pocos días nuevamente retomando su labor en cada estado, en cada parroquia”.
Por ello, aseguró que el mundo democrático debe mirar la fortaleza de los venezolanos. Además, expresó que los excarcelados entienden que salen con un compromiso mayor para conquistar la libertad y la democracia.
“La tarea no está concluida. Aún nos queda trabajo. Nosotros iniciamos esta lucha con un objetivo único que era la liberación del país.Ni más ni menos. Y ese ha sido nuestro nuestro faro durante tantos años: lograr la la liberación del país y construir nosotros mismos esa Venezuela liberal democrática. Y ese trabajo, obviamente, todavía no ha concluido”, resaltó González.
Sobre el proceso de transición lo tiene claro: deben liberar plenamente a todos los presos políticos y permitir el regreso de todos los exiliados para que se pueda hablar de un avance hacia la democracia.
“No podemos pensar que una transición va a ser exitosa simplemente con los mismos actores que siguen el poder y que han sido los que han generado esta crisis y lo que han violado los derechos humanos durante estos más de 25 años”.
A pesar de lo que vivió, el periodista sigue comprometido con avanzar en la lucha por la democracia. Para él, “Venezuela siempre vale la pena”. Reconoce que, a pesar de que hay una ventana para la libertad, no se puede normalizar la situación del país. Por eso, envía un mensaje en el que destaca que el liderazgo, encabezado por María Corina Machado, se mantiene del lado de los venezolanos.
Fe, confianza y fortaleza. Esas son las palabras con las que González describe lo que ha vivido en los últimos meses.
“Fue un gran entrenamiento de vida donde sin duda esa fortaleza individual se acrecentó, pero también al salir creo que es cuando te das cuenta realmente de todo el aguante que tuviste y de todas las fortalezas que tuviste. También de cómo eso te recarga y te llena de energías dándote da más fuerza para seguir”.
María Oropeza: “La transición hacia la libertad y la democracia solo es posible con la liberación de todos los presos políticos”

La dirigente de Vente Venezuela en el estado Portuguesa, María Oropeza, también reflexiona sobre lo que significó para ella vivir el cautiverio y cómo esa experiencia transformó su visión política. Asegura que uno de los principales aprendizajes fue mirar con menos prejuicios la realidad que se vive dentro de las cárceles venezolanas con respecto a los presos políticos.
Según explicó, durante su secuestro pudo conocer historias de personas que, pese a no identificarse como opositores, también permanecían privadas de libertad sin garantías judiciales.
“Principalmente aprendí a ser menos prejuiciosa, y debo reconocerlo. Estar en ese lugar, conocer el monstruo por dentro, me dio la oportunidad de conocer testimonios y casos de hombres y mujeres que no necesariamente pertenecían a la oposición”.
“Eran presos políticos que estaban allí, a quienes se les violan sus derechos y el debido proceso. Lamentablemente son parte de esos presos políticos invisibles, porque nadie los menciona y no están en las estadísticas de ninguna ONG. Pero al final son familias, son vidas paralizadas, con tres, cuatro y hasta diez años presos injustamente”, agregó.
Oropeza asegura que ese contacto directo con otras historias reforzó su convicción de que la lucha por la libertad en Venezuela debe incluir a todos los ciudadanos, independientemente de su posición política.
“Creo que la lucha que estamos dando se alimenta mucho más porque la justicia que siempre hemos pedido para todos los venezolanos también los incluye a ellos. Ahora tenemos conocimiento de causa para levantar esa voz y esa bandera”.
En ese contexto, sostiene que el país se encamina hacia un proceso de cambio político, pero advierte que éste sólo podrá comenzar cuando existan condiciones reales de libertad.
“Pienso que estamos encaminados hacia una transición que es indetenible. Venezuela va a iniciar una transición”.
Sin embargo, subraya que ese proceso debe incluir la liberación de todos los detenidos por razones políticas y el regreso de quienes se encuentran fuera del país. “Pero esa transición sólo podría iniciar cuando se liberen todos los presos políticos sin distinción, civiles y militares, y cuando todos los exiliados tengan la oportunidad de volver a Venezuela, incluyendo a nuestra líder María Corina Machado y al presidente electo Edmundo González Urrutia”.
Durante la entrevista también recordó el impacto personal que tuvo su detención, especialmente tras la muerte de su abuela mientras permanecía secuestrada: “Fue un momento muy difícil. Mi abuela murió el 22 de diciembre a las 12:05 de la madrugada y yo me enteré a las 3:30 de la tarde porque otra compañera recibió una llamada y pidió una llamada urgente para mí”.
A pesar del dolor, asegura que el apoyo de su familia y de otras familias de presos políticos fue fundamental para resistir.
“Siempre he pensado que el encarcelamiento injusto también busca quebrar a las familias y dividirlas. Pero cuando estás en la cárcel ves que la familia se multiplica, porque las familias de otros presos se convierten en tu familia”.
En cuanto al futuro del país, Oropeza considera que cualquier proceso de reconciliación debe estar acompañado por la justicia. “El perdón tiene que venir acompañado de justicia. Es difícil perdonar si esas personas pueden volver a cometer el mismo delito”.
Al describir todo lo vivido durante este proceso, la dirigente lo resume en tres palabras: “Resistencia, fe y libertad”.
Albany Colmenares: “No hay democracia posible con impunidad”

En un país marcado por años de represión, silencios forzados y familias separadas por la persecución política, la voz de Albany Colmenares emerge con la fuerza de quien ha vivido en carne propia esa realidad. Desde su experiencia personal y su compromiso político, la dirigente de Vente Venezuela en el estado Carabobo reflexiona sobre el significado de la libertad, la justicia y los retos de una eventual transición democrática.
Colmenares sostuvo que cualquier proceso de cambio político en el país debe ir mucho más allá de una alternancia en el poder dentro del propio chavismo. “Sin lugar a dudas, la transición no puede ser solo un cambio de nombres o de rostros, tiene que ser un cambio de sistema”, afirmó.
A su juicio, la reconstrucción democrática exige justicia y memoria histórica. Tras su experiencia, aseguró que el proceso debe ser incluyente, pero también firme frente a las violaciones cometidas.
“Tiene que ser un proceso incluyente, sí, pero tiene que ser justo. No hay democracia posible con impunidad”, expresó.
Para la dirigente, la reconciliación nacional pasa por asumir la verdad sobre lo ocurrido en el país. “Para sanar, el país necesita mirar de frente su propia historia y asumirla con verdad, con memoria y con justicia”, señaló, al destacar como prioridades la justicia restaurativa y el desmantelamiento de las estructuras de persecución política.
En ese sentido, denunció la existencia de un entramado institucional que, aseguró, fue diseñado para castigar la disidencia. “No es solo un grupo o una persona, es un sistema completo diseñado para que el ciudadano tenga miedo de pensar distinto y de exigir sus derechos”.
Colmenares advirtió que cualquier intento de transición será insuficiente mientras estas condiciones persistan. “Mientras existan presos políticos, miedo o censura, cualquier parapeto de transición es solo una fachada”.
En su opinión, “sin libertad plena y sin el regreso de la institucionalidad, la transición es solamente una consigna política de quienes representan la continuidad del régimen de miseria”.
La dirigente también destacó el despertar de la ciudadanía venezolana, que —aseguró— se ha consolidado durante años y tomó un nuevo impulso tras las primarias opositoras de 2023.
“La libertad no es un punto de llegada, es un camino que se construye todos los días”, afirmó. “Venezuela ha despertado una conciencia ciudadana que no tiene marcha atrás”.
Colmenares resaltó el papel de las familias de los detenidos, de las organizaciones de derechos humanos, de los medios de comunicación y de la diáspora venezolana en la denuncia de abusos y en la defensa de la libertad.
“La sociedad civil ha decidido organizarse, denunciar y resistir, dentro y fuera del país”.
Durante la entrevista también se refirió al impacto personal y familiar de su secuestro. A su familia, dijo, le debe gran parte de la fortaleza que la sostuvo en los momentos más difíciles.
“Lamento las ausencias forzadas, los silencios, los días y las noches sin respuesta. Pero cada sacrificio tuvo un sentido”.
Según explicó, el dolor vivido terminó convirtiéndose en conciencia y compromiso. “Nuestro dolor se convirtió en parte de la lucha de un país distinto donde nadie tenga que pasar por lo mismo”.
También destacó especialmente el papel de su madre durante ese proceso: “No me canso de reconocerla, de admirarla y de decirle lo orgullosa que me siento de su entereza”.
“Cuando a mí me callaban, ella levantó la voz no solo por mí, sino por todos los que estaban injustamente encarcelados”.
A quienes continúan privados de libertad por razones políticas, Colmenares envió un mensaje de solidaridad. “No están solos. Ustedes son la reserva moral de este país, el testimonio vivo de dignidad, y la dignidad no se encierra”.
“Mantengan la fe, porque muy pronto se van a abrir esos cerrojos y su valentía va a ser ejemplo para todos”, agregó.
Dignora Hernández: “La transición debe significar dejar atrás un sistema tiránico”
Las reflexiones de Dignora Hernández se suman a las de Albany Colmenares en un mismo testimonio sobre el significado de la libertad, la justicia y los desafíos de una transición democrática en Venezuela.
Tras haber vivido el cautiverio por razones políticas, Hernández reflexiona sobre los retos de una eventual transición política, el significado de la libertad y la experiencia personal de resistir dentro de prisión.
Para Hernández, el concepto de transición no puede interpretarse de manera superficial.
“Una transición, como su nombre lo indica, implica pasar de un estado a otro. En el caso venezolano, implica dejar atrás un sistema tiránico dictatorial y pasar de una vez por todas a un sistema de amplísimas libertades como es la democracia”.
Considera que para que ese proceso sea real y sostenible deben cumplirse condiciones claras. “Es indispensable que se considere la voluntad política de cambio de aquellos que dejan el poder, pues nos tienen acostumbrados a dilatar, a ganar tiempo y a mentir”.
Desde su experiencia personal —que prefiere describir como la de una sobreviviente y no como la de una víctima— insiste en tres pilares fundamentales para cualquier proceso de cambio: “la justicia, la verdad y la voluntad de cambio”.
A su juicio, si estos elementos no están presentes, la transición corre el riesgo de convertirse en una estrategia para prolongar el poder.
“Si eso no se da, esa transición sencillamente quedará estancada y el régimen quedará anclado al poder hablando de una falsa transición mientras se recomponen y se reagrupan”.
También advierte sobre los riesgos de mantener estructuras del sistema anterior durante ese proceso. “Mientras existan elementos de ese régimen tiránico en la fase de transición, hay que estar alerta”.
Durante la entrevista también compartió reflexiones sobre su tiempo en cautiverio. “Esperar es lo más difícil, pero no esperar por la libertad física, esperar por la libertad de Venezuela”.
“No se trata de la libertad de un hombre o de una mujer, se trata de la libertad de un país. Aún seguimos esperando”.
Para resistir durante ese período, asegura que se sostuvo en varios pilares personales. “Dios, familia, amigos, patria y libertad”.
Uno de los momentos más emotivos de su testimonio está dedicado a su madre. “El preso siempre siente el temor de que sus afectos más grandes no estén allí para cuando salga”.
“Madre, gracias por esperarme, pero además gracias por esperarme con tanta valentía”.
A los venezolanos que continúan detenidos por razones políticas les envió un mensaje de solidaridad y compromiso. “Nuestra lucha no va a terminar hasta que todos salgan en libertad”.
“La libertad va a llegar cuando no se persiga a ningún venezolano por sus creencias y cuando todos los que están injustamente detenidos sean liberados”.
“Mientras exista un solo venezolano que reclame y pida a gritos libertad, nunca nada volverá a ser normal en Venezuela”.
Al describir su experiencia, la dirigente la resume en tres palabras: “Abismo, lucha y resurrección”.
“La resurrección es como la historia del ave Fénix resurgiendo de sus cenizas y nosotros con ella”.
Y concluye con una convicción firme: “Nunca pierdan la esperanza porque Venezuela va a ser libre, y va a ser libre porque sus ciudadanos así lo hemos decidido”.
Juan Freites: “El objetivo claro es el desmontaje final del régimen”

Las voces de Albany, Gabriel, María y Dignora no son las únicas que coinciden en la necesidad de una transformación profunda para Venezuela. A ese diagnóstico se suma el testimonio de Juan Freites, dirigente de Vente Venezuela en el estado Vargas, quien también vivió la experiencia del cautiverio tras ser secuestrado en enero de 2024 por organismos de seguridad del Estado.
Desde esa experiencia, Freites reflexiona sobre cómo debería desarrollarse un eventual proceso de transición política en el país.
“Yo creo que el proceso debe ser claro, con un objetivo claro y unos tiempos bien definidos. El objetivo claro es el desmontaje final del régimen”.
Sostiene que el inicio formal de esa transición debe responder a la voluntad expresada por los ciudadanos. “Los tiempos tienen que ser los tiempos de la gente”.
Freites se muestra convencido de que el país avanza hacia un cambio político irreversible.
“Yo sí creo que el país está encaminado hacia la libertad de forma inexorable. No veo posibilidad alguna de que nosotros no podamos alcanzar la libertad”.
Sin embargo, advierte que ese proceso no es compatible con la permanencia de figuras vinculadas al sistema actual en el poder. Durante la entrevista también recordó su experiencia personal durante el tiempo que permaneció secuestrado.
“Lo más difícil durante mi tiempo de secuestro fue no tener la certidumbre de cuándo iba a salir ni si en algún momento podía tener el derecho a defenderme de manera justa y transparente”.
“Eso se sumaba al dolor que significa ver a tu familia sufriendo con ansiedad”.
Para resistir durante ese período, asegura que se apoyó en varios pilares personales: “La fe en Dios, la confianza en el liderazgo y el amor de mi familia, mis amigos y mis equipos”.
Al referirse a su familia, resume su mensaje en dos palabras: “Gracias y disculpa”.
A quienes permanecen detenidos por razones políticas les envía un mensaje de esperanza y compromiso. “Tengan paciencia, esperen un poquito más, que todos van a salir, que a todos los vamos a sacar”.
Freites también se dirigió a los venezolanos que observan el panorama político con preocupación.
“No hay ninguna normalización posible mientras se mantenga el régimen residual en el poder”.
Aun así, expresa confianza en el desenlace del proceso político. “Vamos hacia la democracia. Full democracia. Esto no tiene un punto de retorno”.
Al mirar hacia atrás, el dirigente resume todo lo vivido en tres palabras: “gratitud, sorpresa y futuro”.
Y concluye con una reflexión sobre el sentido del sacrificio personal en la lucha política: “Por Venezuela siempre todo va a valer la pena”.
