Somos un importante laboratorio para  las novedades del totalitarismo universalmente relanzado. La pandemia ha redondeado la faena por estas latitudes.

Realzamos las virtudes de  la realidad virtual, frente a los vicios de una realidad real que deseamos evadir. Ahora callan los promotores universitarios de la virtualidad ante las ruindades tecnológicas que la hacen una experiencia agotadora y frustrante.  

El poder obliga a su ejercicio presencial. Son inevitables los mínimos encuentros personales para todas previsiones y decisiones del caso.

El Estado de Sitio únicamente los reserva para las camarillas del poder.  Maduro reúne a los suyos en Miraflores y también en la ilegítima sucursal parlamentaria que creó (https://www.noticierodigital.com/2020/05/an-de-parra-instala-comision-que-investigara-vinculos-de-guaido-con-la-operacion-gedeon/).

Los demás quedan relegados al ciberespacio. Pero quitarles el salvoconducto, significa quitárselo a los propios que esperan las líneas digitales de un poder que ante todo,  es pastoral.