La actualidad venezolana, en cuanto a la dinámica político-social concierne, exige la necesidad de detenerse a examinar para en fin establecer el modelo de proyecto político idóneo que, en definitiva, permita que el país ingrese al siglo XXI.
Para esto, se propone un modelo político basado en fundamentos reconocidos por el liberalismo implementado de manera favorable conforme a la experiencia de países democráticos en nuestro hemisferio (hoy llamados países desarrollados).
Entre los aspectos fundamentales que rigen a dichos países se encuentran: reconocimiento al libre ejercicio individual de cada ciudadano en el marco del aprovechamiento favorable de sus capacidades como mérito; de su esfuerzo, ejercicio de la propiedad privada obtenida legítimamente; ejercicio de los derechos fundamentales de vida, libertad y pleno desarrollo y desempeño; el establecimiento del ejercicio poder Ejecutivo del Estado limitado, no hegemónico, que ejerce la administración de los asuntos públicos bajo la supervisión y control de dichos asuntos, por un Parlamento idóneo y a la orden de la ciudadanía; cumplimiento por parte del Estado de la tutela de garantías individuales y ciudadanas prevista en la constitución y las leyes; separación de poderes; entre otros aspectos.
Ahora bien, cónsono con lo anterior, se requiere la debida formación de la ciudadanía en los aspectos antes mencionados y el acuerdo político para realizarlo en un pacto que no permita la instauración de figuras dictatoriales ni grupos de mafias que se apropien de los bienes públicos.
Esto último exige un compromiso para la formación de la ciudadanía que en definitiva termina asimilando que la atención y cuidado de los asuntos públicos es tarea de todos.
