La convicción y el hecho (militares) – Por Luis Barragán

By 11 septiembre, 20172016, Opinión

Recientemente, acudió a la tal asamblea constituyente el alférez mayor de la Academia Militar de Venezuela, Andrés Alejandro Serrano Bonilla que, de acuerdo a la comentarista del video, representó a su sector en un  debate sobre la juventud. La nada improvisada y breve intervención del cadete,  que sepamos, sin precedentes en nuestra historia contemporánea, puede interpretarse como una tardía complementación del discurso que pronunciara el hoy todavía ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino, el 5 de julio de 2014 en la otrora Asamblea Nacional, bajo dominio oficialista.

El cursante que,  suponemos, no deliberó prudentemente en un ambiente que le es ajeno, aunque el espacio histriónico no admite siquiera  la libre polémica de más de 500 agradecidos tales constituyentes,  apeló a la exaltación de Bolívar, Zamora y Páez (SIC), dijo estar dispuesto a entregar su vida frente a las amenazas del imperio y, obviamente, reiteró su devoción hacia la deidad en la que se empeñan con Chávez Frías. Habló en nombre de la FAN y de su universidad, como es de presumir, debidamente autorizado y muy quizá aupado por sus superiores inmediatos, en abierta contradicción con lo pautado en la Constitución de la República.

Ilustrándonos sobre el proceso formativo de la futura oficialidad, la sola contradicción nos alarma, pues, más allá de la muy obvia violación constitucional, reporta dos aspectos relevantes para la conformación del Estado Cuartel en Venezuela, tesis que la creemos atractiva e interesante a objeto de abordar el problema militar. Por una parte, asumiéndose tan arbitrariamente como originaria, la tal constituyente ha relegado al limbo a la propia Constitución de 1999 que tardará en sustituir parcial o totalmente, pues, su finalidad no es la de (re) elaborarla, sino la de reforzar a la dictadura que la nombró: pretendiéndolo, dice contar con un poder de suspensión de toda previsión constitucional que le resulte conveniente, por obra de una  interesada interpretación que únicamente la fuerza impone, tanteando sus incursiones en el medio castrense.

Por otra, el alférez mayor del Ejército, Serrano Bonilla, incurrió en la involuntaria confesión de una profunda convicción inherente a su futuro desempeño profesional, pues, literalmente señaló que “realmente no es normal ver a un soldado” en los espacios de la política, para – inmediatamente –  remitirlo a un hecho (o situación de hecho),  la  llamada unión cívico-militar.  A nuestro juicio, lejos de solventar el asunto, destinada al aplauso programado de la audiencia, la corta intervención del cadete revela una incógnita que los pensa de la institución educativa militar no logran despejar al tratarse de una clara consigna partidista.

De la variedad de los Estados de Excepción que históricamente ha conocido el continente,  destaca el caso venezolano de tensiones que, agazapadas o abiertas, prosperan o prosperarán al compás del recurrente dilema entre la profesionalización y la partidización. A juzgar por el sintético discurso del educando en cuestión,  late tempranamente  la inquietud, entre la convicción y el hecho.

@LuisBarraganJ / Diputado a la Asamblea Nacional

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